Columna SEMBRANDO CIENCIA
Por: Juan Martín Talavera González*
Los virus son mucho más que enfermedades

Cuando pensamos en los virus, generalmente los relacionamos con enfermedades e infecciones. Sin embargo, su historia es mucho más amplia. Estas entidades microscópicas también participan en el funcionamiento de los ecosistemas y han influido en la evolución de los seres vivos durante millones de años. Algunos incluso han dejado huellas en el material genético de los organismos que infectaron en el pasado.

Pero ¿cómo es posible que algo capaz de causar una enfermedad termine formando parte de nuestra propia historia evolutiva?

Los virus también ayudan a regular la naturaleza

Entre los virus más abundantes se encuentran los bacteriófagos, que infectan bacterias. Aunque su nombre pueda resultar complicado, su función es fácil de comprender: son virus que utilizan a las bacterias para reproducirse. Cuando un bacteriófago infecta una bacteria, puede multiplicarse en su interior y, en determinadas circunstancias, provocar su destrucción. De esta manera, los bacteriófagos contribuyen a regular las poblaciones bacterianas y participan en procesos fundamentales de los ecosistemas. La eliminación de microorganismos también influye en la circulación de nutrientes y en los ciclos naturales de la materia, como el del carbono. Por ello, los virus forman parte de las complejas relaciones que mantienen el funcionamiento de los ambientes terrestres y acuáticos. Esto nos permite comprender que los virus no deben estudiarse únicamente por las enfermedades que producen. También es necesario conocer su papel en la naturaleza y en las relaciones entre los seres vivos.

Cuando un virus deja una huella en el ADN
Para comprender la siguiente parte de esta historia, debemos recordar que el ADN contiene información genética que se transmite de una generación a otra. Algunos virus, conocidos como retrovirus, poseen una característica particular: pueden convertir su información genética en ADN e integrarla en el material genético de la célula que infectan. Si esta integración ocurre en una célula que participa en la reproducción y el cambio genético llega a transmitirse a la descendencia, las secuencias virales pueden heredarse durante generaciones. Con el paso de millones de años, algunas de ellas pierden su capacidad de producir virus, mientras que otras pueden conservar o adquirir funciones biológicas. Este proceso se conoce como endogenización viral. Gracias a él, fragmentos de antiguos virus pueden permanecer en el genoma de una especie mucho después de que desaparezca el virus original.

¿Tenemos rastros de antiguos virus?

Sí. El genoma humano contiene numerosas secuencias relacionadas con retrovirus que infectaron a nuestros antepasados. El artículo de Alarcón y Ojeda Flores destaca la importancia de estos elementos genéticos y su participación en la evolución de los mamíferos. Según los autores, una parte considerable de nuestro material genético tiene relación con antiguos elementos retrovirales. Sin embargo, esto no significa que más del 40% de nuestro ADN corresponda exclusivamente a virus completos capaces de infectarnos. Se trata de secuencias genéticas heredadas que, en muchos casos, han perdido la capacidad de formar nuevas partículas virales. Algunas de estas secuencias se han conservado porque pueden intervenir en funciones del organismo. Es decir, una parte de la historia de los virus quedó escrita en nuestro propio material genético.

Una sorpresa relacionada con el embarazo

Uno de los ejemplos más interesantes de esta relación evolutiva se encuentra en la placenta, una estructura fundamental durante el embarazo. La placenta permite el intercambio de nutrientes, gases y otras sustancias entre la madre y el feto. Para formar parte de ella, determinadas células deben fusionarse y constituir una estructura especializada. Los autores describen la participación de proteínas relacionadas con antiguos retrovirus en este proceso. Algunas de estas proteínas, conocidas como sincitinas, intervienen en la fusión de células que contribuyen a formar la placenta. Lo sorprendente es que estas proteínas tienen un origen evolutivo relacionado con mecanismos que los retrovirus utilizaban para fusionarse con las células de sus hospederos. A lo largo de la evolución, determinadas secuencias virales fueron incorporadas al genoma de nuestros antepasados y posteriormente aprovechadas para cumplir funciones importantes en el organismo. Esto no significa que los virus sean responsables por sí solos de la existencia de la placenta. Significa que ciertos elementos de origen viral fueron aprovechados durante la evolución y contribuyeron a desarrollar funciones biológicas fundamentales en los mamíferos.

¿Enemigos o participantes de la evolución?
La relación entre los virus y los seres vivos no puede explicarse únicamente como una lucha entre enemigos. Algunos virus causan enfermedades graves, mientras que otros tienen efectos ecológicos importantes. Además, a lo largo de millones de años, ciertas secuencias de origen viral han quedado incorporadas en los genomas de diferentes especies y algunas participan actualmente en funciones biológicas. Estos hallazgos muestran que la evolución puede aprovechar materiales genéticos que originalmente tuvieron otras funciones. La historia de los virus también es una historia de cambios, adaptación y relaciones entre organismos. Estudiarlos permite comprender mejor cómo han evolucionado los seres vivos y cómo se han formado algunas de las características que hoy consideramos propias de nuestra especie.

Pequeños gigantes con una historia extraordinaria

Los virus son microscópicos, pero su influencia alcanza mucho más allá de las infecciones. Participan en el equilibrio de los ecosistemas, afectan a las poblaciones de microorganismos y han dejado huellas en el material genético de numerosos seres vivos. La presencia de secuencias de origen retroviral en nuestro ADN demuestra que la historia evolutiva no siempre sigue caminos sencillos. En determinadas circunstancias, elementos que alguna vez pertenecieron a virus terminaron formando parte de procesos esenciales para sus antiguos hospederos. Estudiar los virus no significa solamente investigar las enfermedades que provocan. También significa descubrir cómo las relaciones entre los seres vivos han contribuido a construir la historia de la vida, incluida la nuestra.

Referencia

Alarcón, D. S., & Ojeda Flores, R. (2018). Virus: Pequeños gigantes que dominan el planeta. Ciencia, 69(2), 64–69.

*CONTACTO IG: https://www.instagram.com/sembrando_ciencia_/

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