Columna DESDE LA BANQUETA
Por Gabriel Escalante Fat*

«Una vez que aprendes a leer,

serás libre para siempre»

Frederick Douglass

            Mi hermano Fernando, el primogénito, fue un genio multidisciplinario con un IQ impresionante que sobresalió en todas las actividades en las que incursionó durante los breves 28 años que duró su existencia.

            Mis padres, erróneamente pensaron que si el primogénito había salido con esas características, el menor (o sea yo), hecho tras 15 años de experiencia, quizá podría ser también un niño prodigio, y a comprobar su teoría se dedicaron la primera etapa de mi vida, al grado de que a los cuatro años de edad yo ya sabía leer, escribir y hacer algunas operaciones aritméticas básicas, conocimientos que me hicieron omitir el jardín de niños y el primer grado de primaria, con las naturales consecuencias —tal vez ninguna positiva— de esas prisas.

           En fin, que mi orgullosa madre me exhibía aquí y allá como monito de feria. A donde íbamos llevaba yo un libro o un cuaderno y a la primera oportunidad mostraba mis asombrosas habilidades en la lectoescritura.
              Con frecuencia viajábamos a la Ciudad de México y solíamos hospedarnos en el departamento que mis tías tenían en un viejo edificio de la calle Topacio, en La Merced, frente al cual vivía una señora griega, —Sofía Cafusi Karagiannopoulos— extrovertida y simpática como pocas, contadora de historias y anécdotas tan disparatadas como divertidas e interesantes. Mujer de fisonomía grande, voz fuerte y ronca, producto de las docenas de cigarrillos que consumía diariamente, difícilmente se dejaba vencer en algún terreno. Empeñosa y trabajadora, ella sola sacaba adelante a su familia, compuesta por su marido, que “andaba de viaje en Europa”, como ella le llamaba a la reclusión que éste sufría en Lecumberri y de su hijo Basilito, quien a pesar de ser sólo unos meses mayor que yo, me doblaba en estatura, perímetro y bonhomía. El gigantón rubio era un niño solitario que al parecer disfrutaba de mis breves estadías en su ciudad, durante las que compartíamos juegos y alguna que otra salida al cine o al circo, mi espectáculo favorito por décadas.

             Basilito —en realidad Basilio del Moral Cafusi— me superaba en todo: era, como el lema de los juegos olímpicos de sus ancestros: citius, altius, fortius, comparado con el escuálido y pequeño Gabriel de aquellos años. ¡Ah, excepto por un detalle!: mis habilidades en lectura, escritura y aritmética, que seguramente le venían guangas a mi enorme amigo.

             Una tarde mi madre y yo entramos al departamento de doña Sofía y encontramos a Basilito sentado a la mesa, con un lápiz en la mano, haciendo trazos en un cuaderno. Orgullosa, la griega no esperó un minuto para decirnos: “Basilito ya sabe escribir”. Mi mamá, que era adorable pero también bastante canija, le echó un vistazo al cuaderno del niño y preguntó, no sin cierto sarcasmo: “¿Y qué dice allí, Basilito?”. Mi amigo tomó el cuaderno y moviendo la cara de un lado a otro, dijo: “Bss, bsss, bss, bss…” Sin perder la figura, doña Sofi intervino: “Bueno, es que Basilito sabe escribir, pero no leer”. Ese momento quedó imborrable en el anecdotario familiar*1.
Bolsa de Estocolmo (Börshuset) en Suecia
            ¿Por qué saco a la luz esta anécdota de hace sesenta años? Porque ante el reciente anuncio del Premio Nobel de Literatura, que se entregará en Estocolmo el próximo 10 de diciembre, me saltaron dos cosas: La primera, mi completa ignorancia acerca de la vida y la obra de la escritora premiada, la canadiense Anne Carson. La segunda y no menos importante, mi desazón al enterarme de que, una vez más, al expresidente López Obrador le fue negada la posibilidad de obtener el galardón creado por el magnate sueco inventor de la dinamita. Ya “habíamos” perdido el Nobel de la Paz en 2022, cuando la chairiza estaba convencida de que AMLO —con su ingenuo Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar*2 presentado en la ONU a fines de 2021, digno de una aspirante a Miss Universo— era un fuerte candidato al sexto Nobel. Tan engallado estaba el tabasqueño que se permitió criticar la candidatura del presidente ucraniano Volodimir Zelenzki, diciendo: “¿Cómo uno de los actores en la guerra va a recibir el Nobel de la Paz?”, además de calificar a Ucrania y a los países de la Unión Europea, que lo postularon, como parte del “conservadurismo mundial”.
Medalla de Alfred Nobel (1833-1896)
             ¡Cómo no va a merecer el Nobel de Literatura el “Mesías de Macuspana”! El tipo ha publicado bajo su nombre la friolera de 21 libros, que asegura haber escrito él mismo, aunque cambie de estilo de uno a otro y a pesar de que muchas veces no recuerda algunos conceptos que en ellos aparecen. Un botón de muestra: En su libro “Fobaproa, expediente abierto”, AMLO afirma “El Fobaproa fue el saqueo más grande de la historia desde que México es independiente”. En la página 33 del libro acusa a Alfonso Romo de corrupción y de ser beneficiario directo de ese rescate. A pesar de eso, Romo fue coordinador en la campaña presidencial de 2018 y, posteriormente, Jefe de la Oficina de la Presidencia y virtual Jefe de Gabinete durante los dos primeros años del sexenio de López.

             ¡Cómo no darle el millón de Euros a AMLO (tan austero él), cuando está reescribiendo la historia de México a su gusto y conveniencia! En su penúltimo libro, “Grandeza”, López Obrador desprecia a cronistas que estuvieron presentes en la Conquista y el Virreinato, ignora a minuciosos arqueólogos e historiadores, destroza a quienes contradigan su visión de “españoles perversos contra indígenas inocentes”. Una historia en negro y blanco de villanos victimarios contra héroes victimados que ni Disney se atrevería a llevar a la pantalla.

             ¡Cómo negarle al Peje el privilegio de recibir de manos del rey Carl XVI Gustaf la ansiada medalla con la efigie de Alfred Nobel! ¡Desprecio al mismísimo Andrés Manuel que, si elaboramos un poco, representa un desprecio a nuestro país por parte de ese reino neoconservador que es Suecia! ¡Un atentado a nuestra soberanía! Por cierto, me pregunto por qué AMLO publica en Editorial Planeta, empresa 100% española, propiedad de una familia de la alta burguesía conservadora de aquel país, y no a una editorial mexicana como ERA (a punto de desaparecer por problemas económicos) o la paraestatal Fondo de Cultura Económica, dirigido por el finísimo Paco Ignacio Taibo II.
Presentación del libro «Pueblo» de AMLO
             Se me ocurre que quizá la Academia Sueca revisó algunos de los libros firmados por AMLO, particularmente el último —“Pueblo”, inoportunamente lanzado a través de un largo video justo el día en que la presidenta Sheinbaum cumplió dos años en la Silla del Águila y se dio cuenta de que, además de sus patrañas históricas, el libro estaba atestado de errores e inconsistencias, de párrafos copiados a otros autores, sin citarlos; de largos textos escritos por otros, citados pero modificados y, sobre todo, contando la historia de manera tendenciosa, cambiando objetividad por filias y fobias.
Comunicador y analista Raúl Trejo Delabre
                En un interesante artículo publicado la semana pasada en la Revista Nexos, el comunicador y analista Raúl Trejo Delarbre dice de “Pueblo”: “lo que (AMLO) saca a la luz no es simplemente una interpretación discutible de la historia patria, sino una muestra alarmante de descuido, desdén académico y descarada apropiación de textos ajenos”. Aquí el link al artículo de Delarbre: https://trejodelarbre.nexos.com.mx/amlo-el-pueblo-ausente-y-la-historia-prestada/

                Pese a todas las evidencias adversas acerca de la genialidad literaria de López Obrador, yo me atrevo a afirmar, categóricamente, que escribir sin saber leer es un mérito enorme, como muy probablemente lo confirmaría la señora Sofía Cafusi, madre de mi amiguito de la infancia Basilio del Moral.

                *1 Hace unos 30 que no veo a mi amigo Basilio. Pero sé que es un destacado ingeniero petrolero, titulado en el año 2006, que trabaja para el Instituto Mexicano del Petróleo. ¡No sólo aprendió a leer, sino que decidió dedicarse a una profesión bastante compleja!

                *2 El Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar tenía como objetivo garantizar el derecho a una vida digna para 750 millones de personas en el mundo, creando un fondo global de un billón de dólares anuales, financiado por el 4% de las fortunas de las mil personas más ricas del planeta, el 4% anual de los ingresos de las mil corporaciones privadas más grandes del mundo y el 0.2% del PIB de cada uno de los países integrantes del G20.

                Los recursos se entregarían de manera directa a los beneficiarios, sin intermediarios, previo censo hecho por el Banco Mundial. Nunca aclaró si el dinero lo repartirían “Servidores del Planeta” ataviados con chalecos color guinda. Tampoco dijo que, con sus cifras, alcanzaría más o menos para darle unos 133 dólares anuales (2,400 pesos) a cada beneficiario, una decimosexta parte de la “Pensión del Bienestar” para adultos mayores en México.

EL INE HACE AGUA

                El objetivo de la Cuatroté, en el sentido de destruir las instituciones confiables que tanto trabajo costó crear en las últimas tres décadas va viento en popa.

                El INE, otrora ejemplo mundial en materia electoral, está en su más profunda crisis desde su creación como IFE en octubre de 1990.

                Nunca uno de sus siete dirigentes anteriores, desde Emilio Chuayffet y Arturo Núñez —cuando aún dependía de SEGOB—, hasta Lorenzo Córdova —primer consejero presidente del INE— (pasando por Woldenberg, Ugalde, Márquez, y Valdez) estuvo envuelto en el mínimo escándalo de corrupción.
                 Con la renuncia, esta semana, de su consejera presidente, Guadalupe Taddei, sumergida hasta el cuello en actos de nepotismo, conflicto de intereses y corrupción, se pone un clavo más al ataúd de la que fue una dependencia imparcial y confiable, que garantizaba que los mexicanos pudiéramos elegir libremente a nuestros gobernantes.

                El régimen no sólo ha tocado al INE, lo ha manoseado, magreado, vulnerado y violado sin el mínimo pudor. Hoy, en lugar de buscar una solución, la presidenta Sheinbaum está buscando a los culpables de haber nombrado a Taddei. Ya señaló a Lorenzo Córdova, ¿cuánto le faltará para mencionar a Calderón?

Guadalajara, Jalisco, octubre 28, 2026.

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