Del Editor
° Cuando el rechazo a los parquímetros pesa más que la seguridad, un accidente puede convertirse en motivo de celebración.

Hay accidentes que, además de los daños materiales que dejan a su paso, terminan exhibiendo algo más preocupante: la manera en que una parte de la sociedad interpreta los hechos y decide qué merece celebrarse.
La madrugada del sábado 24 de octubre, entre las cuatro y las cuatro y media de la mañana, un automóvil Volkswagen Jetta impactó contra varios parquímetros instalados sobre la calle Hidalgo, en el centro de Atlacomulco. De acuerdo con el reporte de los servicios de emergencia, los ocupantes del vehículo —un hombre y una mujer jóvenes— presuntamente se encontraban bajo los efectos del alcohol. El automóvil, que circulaba en sentido contrario, detuvo su marcha tras chocar contra una camioneta estacionada.

Fue necesaria la intervención de los servicios de emergencia, elementos policiales y una grúa para retirar el vehículo.

Hasta ahí, los hechos.

Lo que vino después, en las redes sociales de d’interés, merece una reflexión aparte.
Entre los comentarios publicados hubo quienes calificaron a los ocupantes como «héroes sin capa»; otros ofrecieron invitaciones a beber, pidieron que derribaran más parquímetros e incluso propusieron repetir la acción hasta acabar con todos. El tono, en muchos casos, fue de celebración y burla.

No hace falta escandalizarnos ni adoptar una postura moralista para reconocer que algo no está bien en esta reacción.

¿De verdad podemos llamar héroe a quien, en una situación de riesgo, pudo haber provocado una tragedia?

El problema no es que existan ciudadanos inconformes con los parquímetros. Ese rechazo es evidente y forma parte de una discusión pública que merece escucharse. La instalación, el funcionamiento, los costos y la utilidad de estos dispositivos pueden y deben ser cuestionados por las vías correspondientes. También es válido exigir transparencia sobre su operación y conocer los beneficios que representan para la movilidad urbana.
Pero una cosa es cuestionar una política pública y otra muy distinta es aplaudir un accidente porque los objetos dañados son precisamente aquellos que generan inconformidad.
En este caso, no hablamos de una acción deliberada para protestar contra el sistema de estacionamiento, sino de un percance vial en el que, según los reportes disponibles, confluyeron la circulación en sentido contrario y un posible estado de ebriedad. No hay elementos para asegurar que los ocupantes pretendieran derribar los parquímetros; lo que sí puede observarse es que una parte de los usuarios de redes sociales convirtió el resultado del choque en una especie de victoria contra ellos.

Y ahí está el verdadero motivo de preocupación.

Los parquímetros son objetos; una vida humana no tiene reemplazo. El vehículo pudo haber impactado contra otro automóvil en movimiento, atropellado a un peatón o alcanzado a alguien que caminara por esa calle. Que el choque haya ocurrido durante la madrugada y que, hasta donde se informó, no se reportaran consecuencias humanas graves no convierte lo sucedido en una hazaña. Significa, simplemente, que el desenlace pudo haber sido mucho peor.
Tampoco podemos ignorar el costo económico. Los daños al vehículo, a la camioneta y a los dispositivos de estacionamiento tendrán que evaluarse, y las responsabilidades correspondientes deberán determinarse por las autoridades competentes. Los desperfectos en bienes públicos o privados no desaparecen porque resulten objeto de burlas en internet.

Llama la atención que, frente a decenas de comentarios celebratorios, fueran menos las voces que señalaron el riesgo de conducir en condiciones inconvenientes o la posibilidad de que el episodio terminara con personas lesionadas o fallecidas.

No se trata de descalificar a toda una generación ni de convertir a dos jóvenes en el centro de un linchamiento digital. Se trata de recordar que conducir bajo los efectos del alcohol pone en riesgo no solamente a quien lleva el volante, sino también a sus acompañantes y a cualquier persona que tenga la mala fortuna de cruzarse en su camino.

Y si algo debemos exigir como sociedad es que la diversión, la inconformidad o la simpatía por una causa no nos hagan perder de vista esa realidad.
En Atlacomulco hay una discusión pendiente sobre los parquímetros. Debe darse con argumentos, información y resultados verificables. Si el sistema no funciona como debería, que se revise; si existen inconformidades legítimas, que se atiendan; y si hay dudas sobre su operación, que se aclaren.

Pero celebrar un accidente no resuelve ninguna de esas cuestiones.

Tal vez el comentario más revelador no sea el que llama «héroes» a los ocupantes del vehículo, sino la facilidad con la que una parte de la conversación pública parece olvidar que detrás de un volante hay una responsabilidad que no admite bromas.

Porque cuando el rechazo a un parquímetro nos lleva a festejar una conducta que pudo terminar en tragedia, el problema ya no está solamente en la calle: también está en la manera en que estamos entendiendo la responsabilidad, el respeto por los demás y el valor de la vida.

No hacen falta héroes sin capa. Hace falta que todos lleguemos a casa.

*CONTACTO FB: https://www.facebook.com/revistadinteres/

Tendencias