Columna CULTURA SALUDABLE
Por: Israel Leandro López Sánchez | Fernanda Muñoz López | David Jhazhiel Sánchez Ortiz*
¿Por qué actualmente las enfermedades cardiovasculares van en aumento? Durante mucho tiempo, hablar de enfermedades cardiovasculares parecía ser sinónimo de hablar de personas mayores. Sin embargo, esta idea puede resultar engañosa. Los factores que favorecen la aparición de hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2, dislipidemia y aterosclerosis pueden comenzar a acumularse desde etapas mucho más tempranas de la vida. Las enfermedades cardiovasculares (ECV) continúan siendo la principal causa de muerte a nivel mundial, tanto en hombres como en mujeres. “Para evitar padecer enfermedades en este órgano y posibles fallecimientos por ese motivo, no debemos esperar a tener algún síntoma de enfermedad cardiovascular, sino detectar los factores de riesgo y comenzar a controlarlos, prevenirlos o evitarlos”, afirma Rodolfo Herrera Franco.

El académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM comenta que, así como hay instancias de prevención de cáncer de mama o cervicouterino, también debe haber programas y centros para atender las causas que pueden enfermar al corazón, además de contar con médicos de primer contacto capacitados para aplicar la medicina preventiva.
¿Por qué debemos cuidar nuestro corazón?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2022 ocasionaron alrededor de 19.8 millones de muertes, equivalentes aproximadamente al 32% de todas las defunciones globales. Además, 85% de estas muertes se debieron principalmente a infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. Por ello, hablar de salud cardiovascular en jóvenes no significa esperar a que aparezca una enfermedad, sino reconocer que la prevención puede comenzar mucho antes del primer síntoma. El riesgo cardiovascular comienza antes de lo que pensamos. La enfermedad cardiovascular es el resultado de una combinación de factores genéticos, metabólicos, ambientales y conductuales. Algunos no pueden modificarse, como la edad, ciertos antecedentes familiares y determinadas condiciones genéticas. Otros, sin embargo, sí pueden prevenirse o modificarse. Entre los principales factores de riesgo se encuentran el consumo de tabaco, la alimentación poco saludable, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol.

Estos comportamientos pueden favorecer alteraciones metabólicas como hipertensión, hiperglucemia, obesidad y aumento de lípidos sanguíneos. El problema es que muchos de estos cambios pueden desarrollarse silenciosamente. Una persona joven puede sentirse completamente sana y, al mismo tiempo, presentar presión arterial elevada, colesterol alterado o resistencia a la insulina sin saberlo. Sedentarismo y alimentación: una combinación peligrosa La vida moderna ha favorecido hábitos que pueden incrementar el riesgo cardiovascular. Las largas horas frente a pantallas, el poco tiempo destinado a realizar actividad física y el consumo frecuente de alimentos con exceso de sodio, azúcares y grasas pueden contribuir al desarrollo de sobrepeso y obesidad. La inactividad física no solamente se relaciona con el aumento de peso.

También puede contribuir a alteraciones de la presión arterial, glucosa y perfil lipídico, factores que participan en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Por otro lado, una alimentación equilibrada puede convertirse en una herramienta de prevención. Aumentar el consumo de frutas y verduras, reducir el exceso de sal y mantener una alimentación adecuada son medidas asociadas con menor riesgo cardiovascular. El tabaco y el vapeo: un riesgo que no debe normalizarse.
¿La genética influye?
La enfermedad cardiovascular es el resultado de la interacción de factores genéticos, metabólicos, ambientales y conductuales. Algunos, como la edad, determinados antecedentes familiares y ciertas condiciones genéticas, no pueden modificarse; sin embargo, otros sí pueden prevenirse o controlarse.

Estos factores pueden favorecer el desarrollo de hipertensión arterial, hiperglucemia, obesidad y alteraciones del perfil lipídico. Un aspecto importante es que muchas de estas modificaciones pueden permanecer asintomáticas durante años. Por ello, una persona joven puede sentirse sana y presentar cifras elevadas de presión arterial, alteraciones del colesterol o resistencia a la insulina sin saberlo.
Tabaco y productos de nicotina
El tabaquismo continúa siendo uno de los principales factores de riesgo cardiovascular modificables. El consumo de tabaco afecta los vasos sanguíneos y favorece procesos relacionados con la aterosclerosis, aumentando el riesgo de eventos cardiovasculares.

En población joven, los cigarrillos electrónicos y otros productos con nicotina representan un desafío adicional para la prevención. Sus sabores, diseños y formas de consumo pueden favorecer una percepción de menor riesgo; sin embargo, una presentación diferente no significa que un producto con nicotina sea inocuo. Por ello, la prevención debe incluir también las nuevas formas de consumo y evitar su normalización desde edades tempranas.
Hipertensión y alteraciones metabólicas
La hipertensión arterial puede desarrollarse sin producir síntomas evidentes. Factores como el sobrepeso, la obesidad, la inactividad física, el consumo elevado de sal, el alcohol y determinados factores genéticos pueden incrementar su riesgo.
La medición periódica de la presión arterial permite identificar posibles alteraciones de manera oportuna. Sin embargo, una cifra elevada obtenida en una sola ocasión no establece por sí misma el diagnóstico de hipertensión; la medición debe realizarse correctamente y sus resultados deben interpretarse de acuerdo con el contexto clínico del paciente.
De manera similar, las alteraciones del colesterol pueden permanecer asintomáticas. Los antecedentes personales y familiares pueden orientar al profesional de la salud sobre la necesidad de realizar una evaluación. Esto adquiere especial importancia en personas con predisposición hereditaria a presentar alteraciones importantes del colesterol desde edades tempranas.
Los factores sociales también influyen
El estrés forma parte de la vida cotidiana, pero cuando se mantiene durante periodos prolongados puede relacionarse con conductas que aumentan el riesgo cardiovascular, como dormir poco, disminuir la actividad física, fumar o mantener una alimentación inadecuada. La prevención cardiovascular no depende exclusivamente de las decisiones individuales. Las condiciones económicas, los horarios laborales, la disponibilidad de alimentos saludables, el lugar donde vive una persona, el acceso a espacios seguros para realizar actividad física y la disponibilidad de atención médica pueden influir directamente en la posibilidad de mantener un estilo de vida saludable.

Por esta razón, la prevención también constituye un problema de salud pública. La creación de entornos que faciliten la actividad física, el acceso a alimentos saludables, la reducción de la exposición al tabaco y el fortalecimiento de la atención médica preventiva complementan las acciones individuales.
Prevención
La prevención debe comenzar antes de que aparezca el primer evento cardiovascular.
° El descanso también forma parte del cuidado integral.
° Realizar actividad física y mantener horarios regulares de alimentación.
° Una consulta médica en una persona joven representa una oportunidad para identificar antecedentes familiares
° Medir la presión arterial
° Valorar el estado nutricional,
° Reducir el consumo de tabaco o nicotina y determinar si existen factores metabólicos que requieran seguimiento.
La prevención debe individualizarse de acuerdo con la edad, los antecedentes familiares, las condiciones médicas y los factores de riesgo de cada persona. Detectar un factor de riesgo no significa que necesariamente se desarrollará una enfermedad, sino que existe una oportunidad para intervenir antes de que produzca complicaciones.
Conclusión

Sentirse bien no siempre significa estar libre de factores de riesgo cardiovascular. Algunas alteraciones pueden permanecer silenciosas durante años, por lo que la prevención no debe reservarse para quienes ya tienen una enfermedad diagnosticada. La actividad física regular contribuye al mantenimiento de la salud metabólica y cardiovascular, incluso cuando no existen cambios importantes en el peso corporal. Caminar, correr, andar en bicicleta, nadar, practicar algún deporte o realizar ejercicios de fuerza son alternativas que pueden ayudar a disminuir el tiempo de inactividad.
Por otra parte, una alimentación equilibrada debe considerarse como un patrón que pueda mantenerse a largo plazo. Aumentar el consumo de frutas y verduras, moderar la ingesta de sal y limitar alimentos con exceso de azúcares y grasas son medidas que contribuyen a una estrategia preventiva. Lo importante no es una comida aislada, sino los hábitos que se mantienen durante meses y años.
No existe un estilo de vida que garantice que una persona nunca desarrollará una enfermedad cardiovascular, ya que también intervienen factores que no pueden modificarse. Sin embargo, reconocer los factores sobre los que sí es posible actuar permite comenzar la prevención desde etapas tempranas.
Ser joven no significa que sea demasiado pronto para cuidar el corazón.

REFERENCIAS
° Mensah, G. A., Fuster, V., Murray, C. J. L., & Roth, G. A. (2023). Global burden of cardiovascular diseases and risks, 1990–2022. Journal of the American College of Cardiology, 82(25), 2350–2473. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2023.11.007
° Roth, G. A., Mensah, G. A., Johnson, C. O., Addolorato, G., Ammirati, E., Baddour, L. M., Barengo, N. C., Beaton, A. Z., Benjamin, E. J., Benziger, C. P., Bonny, A., Brauer, M., Brodmann, M., Cahill, T. J., Carapetis, J., Catapano, A. L., Chugh, S. S., Cooper, L. T., Coresh, J., … Fuster, V. (2020). Global burden of cardiovascular diseases and risk factors, 1990–2019: Update from the GBD 2019 study. Journal of the American College of Cardiology, 76(25), 2982–3021. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2020.11.010
° World Health Organization. (2021). Cardiovascular diseases (CVDs). World Health Organization.
° World Health Organization. (2024). WHO clinical treatment guideline for tobacco cessation in adults. World Health Organization. https://www.who.int/publications/b/74755
*SITIOS WEB Y CONTACTO
*Israel Leandro López Sánchez. Estudiante de Medicina 7mo semestre UAG https://www.instagram.com/medicina_leandro/
*Fernanda Muñoz López. Estudiante de Medicina 5to semestre UAEM https://www.facebook.com/share/1DFjRr3ZAt/?mibextid=wwXIfr
*David Jhaziel Sánchez Ortiz. Estudiante de Medicina, 7.° semestre UAG. https://www.instagram.com/medicina_de_dios?stkn=MTVoeDVrNjR5Zzg0Mw==





