° Una tradición que durante generaciones ha reunido fe, música, danzas, procesiones, feria y pirotecnia. Así transcurre la celebración del Santo Patrono de Atlacomulco, de acuerdo con la memoria histórica del Profr. Antonio Corral Castañeda.
Redacción d’interés
Hay meses que pasan en el calendario y hay otros que, para un pueblo, tienen un significado distinto.
En Atlacomulco, septiembre es uno de ellos.
Es el mes de las fiestas patrias, pero también el mes del Señor del Huerto, una celebración que, generación tras generación, se ha convertido en una de las expresiones religiosas, culturales y sociales más importantes del municipio.
El Profr. Antonio Corral Castañeda, en su obra Santuario del Señor del Huerto 1810-2010. Bicentenario de su Construcción, describe esta festividad como una tradición en la que se entrelazan las costumbres, la religiosidad, la feria y la fe del pueblo de Atlacomulco.

UNA FIESTA QUE CAMBIÓ DE FECHA

La historia de esta celebración no siempre estuvo ligada al mes de septiembre.
Hasta 1852, la fiesta titular de Atlacomulco se realizaba en diciembre, mientras que la del Señor del Huerto tenía lugar en septiembre. Fue posteriormente cuando esta última adquirió mayor relevancia y terminó convirtiéndose en la fiesta titular del municipio.
La celebración también ha cambiado de escenario. Durante muchos años, la imagen permaneció vinculada a la Parroquia de Santa María de Guadalupe. En 1999 fue trasladada por primera vez a la Catedral y, desde 2004, la celebración principal se realiza definitivamente en este recinto, al tener el Santuario del Señor del Huerto el grado de Diócesis.
Pero la fiesta no comienza cuando llega el tercer domingo de septiembre.
Mucho antes, la ciudad comienza a prepararse.

CUANDO LA FIESTA COMIENZA A CAMINAR

La fecha del día titular no es estrictamente fija. Generalmente corresponde al tercer domingo de septiembre y puede variar entre los días 15 y 20, de acuerdo con la programación que se establece previamente.
La preparación comienza con mucha anticipación. El libro señala que incluso desde meses antes los integrantes de la Mayordomía de la Sagrada Coronita del Señor del Huerto salen a realizar recorridos por barrios y comunidades para solicitar la cooperación de comerciantes y habitantes, con el propósito de sufragar los gastos de la festividad.
Después llegan las entradas solemnes de flores al Santuario y comienza la novena.
Desde los cuatro puntos cardinales de Atlacomulco van llegando las imágenes de las comunidades, cada una acompañada por sus propios grupos, sus danzantes, sus músicos, sus mayordomos y fiscales.
La ciudad comienza entonces a reconocer los primeros signos de que septiembre no será un mes cualquiera.

LA IMAGEN SALE DEL SANTUARIO

Nueve días antes del tercer domingo de septiembre ocurre uno de los momentos más significativos.
La imagen del Señor del Huerto abandona temporalmente su Santuario para ser trasladada a la Catedral.
No lo hace sola.
La acompañan las imágenes de las comunidades, la Coronita y los grupos de danzantes: Pastoras, Moros y Matachines. La procesión avanza entre repiques de campanas, música de tamboras, bandas de viento, mariachis, chirimías y violines.
Es una multitud que camina detrás de una imagen, pero también detrás de una tradición.
Y entre los elementos de aquella procesión aparece uno particularmente entrañable: los faroles que acompañan al Señor del Huerto durante el recorrido.
La tradición, explica Corral Castañeda, nació de una aportación realizada hace muchos años por la señora Luz Ruiz, quien decidió colocar farolas para iluminar el camino y, al mismo tiempo, alumbrar la imagen. La costumbre fue continuada posteriormente por Esthela Ruiz y su hija Esthela Reyna Ruiz.

LA NOCHE SE ILUMINA

Y entonces llega el sábado por la noche.
Después de la misa solemne de las vísperas, el atrio parroquial se transforma.
Comienza la quema de fuegos artificiales: castillos, bombas, cohetes, cohetones multicolores, toritos, coronas y girándulas.
El cielo oscuro de Atlacomulco se convierte durante unos momentos en un espectáculo de luz, color y estruendo.
Es parte de la fiesta.
Es también una de las expresiones que, durante generaciones, han acompañado las celebraciones religiosas de las comunidades.

EL TERCER DOMINGO: EL DÍA GRANDE

Y finalmente llega el esperado tercer domingo de septiembre.
El día mayor.
Desde las cinco de la mañana comienzan las mañanitas, generalmente acompañadas por una banda de música. Después vienen las misas, una tras otra, prácticamente durante todo el día.
El atrio se llena de fieles y visitantes.
Llegan habitantes de Atlacomulco, pero también peregrinos procedentes de comunidades y municipios cercanos y de otros estados de la República.
La fiesta crece.
Las danzas ocupan su espacio y los sonidos se mezclan: chirimías, tambores, violines, mariachis, guitarras, mandolinas, banjos y cascabeles.
Las Pastoras ejecutan sus cantos y danzas; los Moros y Santiagueros hacen sonar sus machetes; los danzantes llegan con sus atuendos tradicionales.
Y cada grupo trae consigo una historia.
Corral Castañeda recuerda la presencia de Los Concheros, Apaches, La Malinche, Arcos, Monarcas y Vaqueros, entre otras danzas que forman parte de esta celebración.

UNA FIESTA QUE TRASPASA ATLACOMULCO

El Señor del Huerto no sólo convoca a los atlacomulquenses.
Durante la festividad llegan visitantes de otros estados, incluso en caravanas que recorren largas distancias para participar en la celebración.
El libro menciona peregrinaciones procedentes de Michoacán, Guanajuato, Hidalgo, Ciudad de México y San Luis Potosí, además de poblaciones cercanas del Estado de México.
También recuerda que comunidades vecinas como Acambay, Temascalcingo, San Bartolo Morelos, Ixtlahuaca, Villa del Carbón y El Oro acudían tradicionalmente a la fiesta.
Por eso, durante esos días, Atlacomulco parece recibir a un pueblo mucho más grande que el que habita cotidianamente sus calles.

LA PROCESIÓN

Pasado el mediodía, después de la misa solemne, llega otro de los momentos centrales.
La imagen del Señor del Huerto sale nuevamente a las calles.
La acompañan las imágenes de los pueblos, rancherías y barrios; los danzantes, las mayordomías y los músicos.
Las calles se convierten en escenario de una impresionante manifestación de fe popular.
Y entre música, flores, campanas, danzas y cohetes, la imagen recorre las principales calles de Atlacomulco antes de regresar nuevamente a la Catedral.
Es entonces cuando aparece un detalle que puede pasar inadvertido entre la multitud: los faroles que acompañan a la imagen durante todo el trayecto, iluminando su camino y manteniendo viva una tradición familiar que se remonta décadas atrás.

LA FIESTA TODAVÍA NO TERMINA

Para quien pudiera pensar que con el tercer domingo termina todo, la tradición guarda todavía varios días de celebración.
El festejo continúa con el octavario, que prolonga la actividad durante ocho días más.
Y finalmente llega el último día.
La imagen del Señor del Huerto vuelve a salir de la Catedral rumbo al Santuario, acompañada nuevamente por las imágenes de los pueblos, las danzas, los mariachis y los integrantes de las mayordomías.
Es la llamada tornafiesta.
Una nueva peregrinación, pero esta vez de regreso a casa.
La celebración concluye con la quema de fuegos artificiales y, posteriormente, la Sagrada Imagen vuelve a colocarse en su altar habitual.
Entonces sí.
La fiesta termina.
La ciudad recupera poco a poco su ritmo cotidiano.
Pero la tradición no desaparece.
Porque, como escribe el propio Corral Castañeda, comienza nuevamente la cuenta regresiva para la siguiente función del Señor del Huerto.

UNA TRADICIÓN QUE SIGUE VIVA

Quizá esa sea la verdadera dimensión de esta fiesta.
No se trata únicamente de una celebración religiosa.
Es también música, danza, gastronomía, feria, artesanías, comercio, convivencia y memoria.
Es la expresión de una comunidad que durante generaciones ha transmitido sus costumbres y rituales y que, cada septiembre, vuelve a encontrarse alrededor de una imagen que forma parte de la identidad de Atlacomulco.
El Señor del Huerto no sólo tiene una fiesta.
Tiene una historia que camina por las calles.
Y cada año, cuando septiembre llega, Atlacomulco vuelve a caminar con ella.
*Fuente de la información e imágenes ilustrativas Libro EL SANTUARIO DEL SEÑOR DEL HUERTO 1810-2010 BICENTENARIO DE SU CONSTRUCCIÓN del Profr. Antonio Corral Castañeda.
*Fotografía de portada/ilustrativas Archivo Revista d’interés
*Nota relacionada: https://revistadinteres.com.mx/2026/09/04/el-arte-y-la-memoria-que-resguarda-el-santuario-del-senor-del-huerto/

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