Columna: PULSO SOCIAL
Por Arturo Allende González*
Hace unos días acudí a la Cineteca Nacional a la exhibición del excelente documental Obispo Rojo, un filme dirigido por Francesco Taboada Tabone, que expone la estatura continental de Don Sergio Méndez Arceo, quien fuera durante 30 años obispo de Cuernavaca, Morelos y que como acertadamente se muestra en la película, fue un obispo mexicano que desafió a las dictaduras latinoamericanas en la década de los setenta del siglo pasado, luchó por ayudar a los más necesitados y medió entre las guerrillas y el Estado mexicano.

El obispo Méndez Arceo “enfrentó a las estructuras tradicionales de la Iglesia Católica y llegó a desafiar a las dictaduras latinoamericanas para perseguir lo que concebía como una revolución espiritual, alineada con valores humanistas y contraria a la sociedad de consumo”. “Un personaje tan luminoso para los movimientos latinoamericanos de izquierda como incómodo para el poder político y económico de la región”, un fehaciente opositor al imperialismo norteamericano.
El documental en comento me hizo recordar de manera obligada, el breve encuentro que personalmente tuve con este insigne personaje, acontecimiento que a la distancia representa para mí, una de las satisfacciones como dirigente estudiantil universitario.
En 1975 siendo presidente de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Preparatoria Regional de Capulhuac -hoy Josué Mirlo-, tuve el privilegio de conocer personalmente a Don Sergio Méndez Arceo, en ese momento obispo de Cuernavaca.

Como Sociedad de Alumnos organizamos un ciclo de conferencias para la comunidad estudiantil preparatoriana, el programa original consideró invitar como conferencistas al licenciado Gustavo G. Velázquez, abogado, periodista, editor y escritor de ensayo, cuento y poesía, así como destacado académico e investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México; al licenciado Juan Maccise Maccise, exlíder estudiantil y joven político, de quien se destacaban como atributos, dar cauce desde su posición a muchas de las inquietudes juveniles a través de una participación digna, entusiasta y responsable del momento que se vivía después de los sucesos de 1968 y 1971. En ese momento (1975), el licenciado Maccise era Diputado Local por el Distrito de Lerma y como tercer invitado, al obispo Sergio Méndez Arceo.
Por cercanía contactamos y obtuvimos en primer término la aceptación para participar en el evento académico de los licenciados Velázquez y Maccise, con dicho avance en la confirmación de los ponentes, algunos miembros de la Sociedad de Alumnos de la prepa, acompañados del director de la escuela, licenciado Fernando Camacho Torres, nos dirigimos a la Ciudad de Cuernavaca a invitar a Mons. Méndez Arceo.
Un sábado por la mañana llegamos al obispado y sin más protocolo que el tocar la puerta y presentarnos como estudiantes de la Escuela Preparatoria Regional de Capulhuac, Estado de México y de exponer el motivo de nuestra visita, fuimos anunciados con el obispo, quien dio instrucciones de hacernos pasar y conducirnos a su despacho, un espacio relativamente pequeño y acentuadamente austero en términos de mobiliario y decoración.
A los pocos minutos apareció Don Sergio, con una personalidad que imponía, no sólo por su altura y complexión física, alrededor de 1.80 cm. de estatura, de tes blanca y acentuada calvicie, sino por la sencillez de su vestuario, ya que esperábamos ver a un jerarca religioso ataviado de la vestimenta de obispo y en cambio nos recibió un monseñor vestido de civil, amable y carismático desde el caluroso salido de mano que brindo a cada uno de los integrantes del grupo.
Después del caluroso saludo, nos presentamos y le expresamos el motivo de nuestra visita, al tiempo que le entregamos el oficio con el que formalizábamos la invitación para que participara como conferencista, leyó detenidamente el escrito y preguntó dónde se ubicaba Capulhuac, contestamos que colindaba con los municipios de Ocoyoacac y Santiago Tianguistenco, preguntó a qué diócesis pertenecía la parroquia, le dijimos a la de Toluca; a la del obispo Arturo Velez Martínez, “el hombre de Atlacomulco apuntó” enfáticamente, casi a coro le contestamos que sí.
En seguida hubo un comentario que nos llamó mucho la atención, con evidente seguridad señaló, en Capulhuac se venera a San Bartolomé Apóstol, verdad, sí señor, es el santo patrón del pueblo, contestamos.
A continuación, vinieron de su parte algunas preguntas relacionadas con la Escuela Preparatoria Regional de Capulhuac: cuándo se había fundado, cuál era la población estudiantil con la que contaba, si el bachillerato que impartía era de dos o de tres años, cuántos grupos por grado tenía, cómo se vinculaba su funcionamiento con la universidad del estado, entre las que recuerdo. Fue ahí donde el Lic. Camacho Torres, director de la prepa, participó entusiastamente, no sólo contestando cada una de las preguntas del prelado, sino ampliando información de contexto, así como sobre los retos que en ese momento enfrentaba una institución a escasos cinco años de haber sido fundada.
Posteriormente el obispo preguntó sobre la organización del ciclo de conferencias: quienes eran los conferencistas invitados, si ya había confirmación de la participación de alguno de ellos, en dónde se llevaría a cabo el evento y muy probablemente algunos otros aspectos logísticos que escapan a mi memoria.
El punto que más le interesó conocer -por la forma en que formuló la pregunta-, fue el por qué nos interesó como tema de su conferencia la “Teología de la Liberación”.
Correspondió al compañero David Reyes Torres dar respuesta a la pregunta, no sólo porque él había propuesto el tema, así como invitar a Mons. Méndez Arceo para su disertación, sino porque, de los integrantes del grupo, era el menos neófito en la materia, en virtud de que antes de ingresar a la preparatoria, había sido seminarista en San Cayetano y en el Seminario Diocesano de León, Guanajuato.
Lamentablemente su apretada agenda de compromisos y el no haber acudido con mayor margen de tiempo a invitarlo, impidió que Don Sergio Méndez Arceo asistiera como ponente a nuestro ciclo de conferencias.

Al momento de despedirnos nos exhortó amablemente a conocer algunos espacios del obispado: la Capilla Abierta, los Claustros y desde luego, la Catedral. Con mucho gusto y gran interés conocimos y disfrutamos la arquitectura de la Capilla Abierta, los corredores arqueados, así como la austera Catedral, limpia de decorados, altares alternos, retablos, pinturas e imágenes, sólo destacando en su interior, el Crucifijo volado, prendido de la bóveda del templo.
En el transcurso de las tres horas que dura el documental Obispo Rojo, vinieron a mi memoria algunos detalles y expresiones verbales de mi breve y privilegiado encuentro con Don Sergio Méndez Arceo, el obispo cuyo ministerio pastoral estuvo alineado en favor de los pobres y los necesitados.

CONTACTO FB: https://web.facebook.com/arturo.allendegonzalez




