Columna SENTIR TIENE SENTIDO
Por Susana Martínez Herrera*
Está iniciando un nuevo ciclo escolar y con ello se han replanteado nuevas metas. Con tales metas se han anticipado muchas acciones como búsqueda de escuela,  compra de todo lo necesario (útiles, mochila, lonchera, uniformes, zapatos) y, en algunos casos, gran esmero en la decoración de las libretas que se usarán a lo largo del año escolar.

Estos preparativos son muy positivos (además de necesarios) y también lo es el establecimiento de metas que conduzcan a la mejora personal. Sin embargo, en numerosos casos,  persiste la aplicación del enfoque incorrecto para ello: visualizar a la escuela como una obligación o como una unidad de medida.

Veamos los grandes errores que cometemos los padres al momento de insertar a nuestros hijos en el ámbito educativo.
  1. Incluirlos en la escuela a edad muy temprana; hay padres y madres que se empeñan en hacer todo lo posible por ingresar a sus hijos antes de la edad requerida y que dejan de lado el proceso natural de desarrollo de los niños. Un autor de sumo renombre (Jean Piaget) nos explica que el ser humano sigue una secuencia específica en el desarrollo cognitivo (aquello relacionado al hecho de conocer), por tanto, hay que tener presente tal secuencia en nuestros hijos.
  2. Ignorar o minimizar los avances que van teniendo los hijos; sobre todo en la etapa de preescolar, cuando llegan a mostrar sus creaciones y lo que escuchan es una “calificación” o “ignorar” las mismas (“te saliste de la línea”, “está manchado”,ahh sí déjalo en la mesa”, “¿y qué más hiciste”, “me lo enseñas al rato estoy ocupado”). Si no muestras interés en lo que va creando tu hijo en su primera etapa escolar, éste irá perdiendo su interés paulatinamente.
  3. Expresarles “tu única OBLIGACIÓN es ir a la escuela”; todo lo que escuchamos se almacena en nuestra memoria y se asocia a un significado personal, si tus hijos escuchan con frecuencia esa frase asumirán que así es y esto no implica para nada algo positivo porque simbólicamente OBLIGACIÓN nos traduce el mensaje de “TENGO QUE HACERLO” y paralelamente perdemos el gusto por realizarlo. Lo adecuado es expresar que la escuela es un ámbito de oportunidades, oportunidad de aprender aquello que nos irá convirtiendo en adultos autosuficientes y con la capacidad de relacionarnos con nuestros semejantes.
  4. Premiar” las “buenas calificaciones”; aunque el enfoque conductista en psicología propone reforzar aquellas conductas que deseamos (sacar un 10 por ejemplo) es conveniente tener presente que se corre el riesgo de que los hijos utilicen las calificaciones como un medio para conseguir “premios” y dejen de lado la agradable experiencia del aprendizaje. Si trasladamos esto a la vida adulta, quizá serán adultos que realizarán su trabajo por “el sueldo” y tal vez jamás logren disfrutar aquello que hacen todos los días en lo laboral.
  5. Castigar” las “malas calificaciones”; la evaluación es un proceso complejo y en ocasiones no refleja el verdadero aprendizaje de los hijos, además de ello son múltiples los factores que intervienen en el proceso de aprendizaje. Por tal motivo, es de suma importancia que como padres y madres se tenga la paciencia y constancia para identificar aquellas áreas donde los hijos requieren apoyo para aprender y para conocer cómo fue el proceso de evaluación y no quedarse tan sólo con el número.
  6. Imponer actividades académicas extras a las que ha dejado el profesor de grado; algunos padres y madres (con el afán de que sus hijos aprendan) “saturan” de actividades a sus hijos y con ello se disminuye el tiempo destinado al descanso y al esparcimiento. El aprendizaje no requiere de “exceso de contenidos” o “mecanización de actividades”, en cambio, se centra en la curiosidad, en la experimentación y sobre todo en el disfrute del hecho mismo de aprender.
  7. No involucrarse con el proceso de aprendizaje de los hijos; es muy importante y trascendente que como padres y madres exista una cercanía permanente con los hijos, y esto incluye lo relacionado a la escuela. Propiciar charlas sobre lo que han aprendido, valorar lo que expresan los hijos, solicitar su ayuda (de acuerdo a la edad de cada uno) para solucionar problemas prácticos a partir de lo que ellos ya saben. Por ejemplo, ¿qué presentación de mermelada nos conviene más comprar? Y que ellos puedan descubrir y experimentar las bondades del aprendizaje.
  8. Criticar” las actividades que establece el profesor de grado; la labor de los padres y madres es, prioritariamente, auxiliar a los hijos para que puedan descubrir la utilidad e importancia de cada una de las actividades que solemos realizar a favor de nuestra persona. Por ejemplo, el aseo personal, la alimentación, el descanso, la interacción con quienes nos rodean y, por supuesto, las labores escolares. Cualquier actividad, por muy simple o descabellada que pudiese parecer, puede generar aprendizaje, así que es útil desarrollar la creatividad para ayudar a los hijos a “descubrir” lo valioso de cada actividad que se realiza.
En suma, habrá que tener la apertura para aprender a visualizar la escuela como una oportunidad y no como una obligación, al tiempo que se colabora con los hijos para que puedan vivir sus años escolares con el deseo y la satisfacción de aprender. Es decir, el aprendizaje no debe ser cuestión de premios y castigos, sino una experiencia guiada por el instinto natural del ser humano para descubrir y comprender todo aquello que se encuentra en su entorno así como el descubrimiento y comprensión de sí mismo.

*CONTACTO FB: https://www.facebook.com/susy.martinezherrera

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