° La Conferencia del Episcopado Mexicano reconoce que los fuegos artificiales forman parte de las fiestas patronales y llama a reforzar las medidas de seguridad; en Atlacomulco se aproxima la festividad del Señor del Huerto, donde extraoficialmente se prevé nuevamente el uso de pirotecnia.
Redacción d’interés
ATLACOMULCO, MÉX.— A menos de una semana de la tragedia ocurrida en Santa María Canchesdá, Temascalcingo, donde la explosión de material pirotécnico dejó un saldo de 10 personas fallecidas y decenas de lesionados, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) fijó postura sobre el uso de pirotecnia en las celebraciones religiosas.
En un comunicado fechado el 7 de septiembre de 2026, bajo el título “Ante la tragedia ocurrida en Temascalcingo”, la CEM expresó su solidaridad con las familias de las víctimas y con quienes resultaron heridos.

Pero es en el apartado “Vivir nuestras fiestas con alegría y prudencia” donde el documento adquiere especial relevancia.
La CEM señala que “las fiestas patronales son una expresión muy querida de nuestra fe y de nuestras tradiciones” y reconoce que “la pirotecnia y los fuegos artificiales forman parte, en muchos lugares, de estas celebraciones”.
Es decir, frente a una tragedia ocasionada precisamente por material pirotécnico durante una festividad religiosa, la postura de la Iglesia católica no es solicitar la suspensión de esta práctica, sino pedir que se realice bajo mayores condiciones de seguridad.

El Episcopado Mexicano sostiene que la tragedia debe recordar a las comunidades que las fiestas deben vivirse con alegría, pero también con responsabilidad y prudencia, colocando “la vida y la integridad de las personas” por encima de cualquier tradición o celebración.
¿PIROTECNIA SÍ, PERO CON SEGURIDAD?
El llamado de la CEM es particularmente claro al dirigirse a las comunidades, parroquias, familias y organizadores de fiestas patronales.
Les pide extremar las medidas de prevención y seguridad en el almacenamiento, traslado, preparación y uso de la pirotecnia, además de cumplir rigurosamente con las disposiciones de las autoridades correspondientes.

Aquí aparece una pregunta inevitable:
¿La tragedia de Santa María Canchesdá será suficiente para replantear el uso de pirotecnia en las fiestas patronales de la región, o simplemente servirá para reforzar los protocolos de seguridad?
La pregunta cobra especial relevancia en Atlacomulco, donde se aproxima una de las celebraciones religiosas más importantes del municipio: la festividad en honor al Señor del Huerto.

De manera extraoficial, ha trascendido que durante los festejos previstos para los días 18, 19 y 20 de septiembre también se contempla el uso de pirotecnia.
Y aquí es donde el comunicado de la CEM adquiere especial importancia para los atlacomulquenses.
Porque si la pirotecnia habrá de continuar formando parte de las celebraciones religiosas, después de lo ocurrido en Canchesdá la discusión ya no puede limitarse a si “habrá o no habrá cohetes”.

La verdadera discusión tendría que centrarse en dónde se almacenarán, quién estará autorizado para manipularlos, qué medidas de protección existirán, qué distancia habrá entre la población y los artefactos, qué autoridades supervisarán el operativo y qué protocolos se aplicarán ante una eventual emergencia.
LA VIDA POR ENCIMA DE LA TRADICIÓN
La propia CEM lo establece en su comunicado: las fiestas patronales pueden ser espacios de encuentro, fraternidad, fe y esperanza, pero la vida y la integridad de las personas deben estar por encima de cualquier tradición.
Y después de Santa María Canchesdá, esa frase adquiere un significado distinto.

No se trata de cuestionar la fe de las comunidades ni el derecho a preservar sus tradiciones.
Se trata de preguntarnos si una costumbre debe mantenerse exactamente como se ha hecho durante años, aun cuando existen riesgos conocidos, o si las tragedias deben servir para modificar aquello que pueda representar un peligro para la población.
En Atlacomulco, a pocos días de una nueva celebración religiosa multitudinaria, sería pertinente que las autoridades municipales y religiosas informaran públicamente si habrá pirotecnia, bajo qué condiciones se utilizará, quién supervisará su manejo y qué medidas concretas se implementarán para garantizar la seguridad de los asistentes.

Porque después de Canchesdá, la prudencia ya no debería ser solamente un llamado. Debería convertirse en una obligación.
Y porque una celebración religiosa debe terminar con la comunidad regresando a casa.
No con familias buscando a sus seres queridos entre los escombros.
*Fotografías ilustrativas Archivo Revista d'interés: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.699663796727700&type=3




