De la Redacción*
En una entrevista realizada por d’interés al entonces presidente electo de Atlacomulco, Nicolás Martínez Romero, el 5 de diciembre de 2024, fueron abordados diversos temas de interés para el municipio. Entre ellos hubo uno que, por su importancia y por la dimensión que ya tenía entonces, decidimos poner nuevamente sobre la mesa: la movilidad en el centro de la ciudad.

En aquella conversación, Martínez Romero reconoció que la problemática era ya insostenible y aseguró que el tema tendría una atención prioritaria. Incluso señaló que al frente de las áreas de Movilidad, Gobernación, Tránsito y Parquímetros estarían personas preparadas, profesionales y honestas.
Pues bien: a 20 meses del inicio de la administración, a nueve meses de la próxima elección y a 16 meses de que concluya el actual gobierno municipal, el problema de la movilidad en Atlacomulco sigue sin resolverse.
Y no se trata solamente de una percepción

Hay evidencia fotográfica de diversas situaciones que diariamente se presentan en el primer cuadro de la ciudad: objetos colocados para apartar espacios frente a establecimientos; automovilistas que retiran las placas de sus vehículos para evitar el pago del parquímetro; automóviles estacionados en doble fila; vehículos circulando en sentido contrario; y unidades del servicio público que realizan bases en lugares donde no tienen autorización para hacerlo o que ocupan más cajones de los que oficialmente tienen permitidos.

Son imágenes que documentan situaciones concretas y que, más allá de cualquier interpretación política, plantean una pregunta inevitable: ¿quién está haciendo cumplir los reglamentos?
Porque una cosa es que existan disposiciones municipales y otra muy distinta que estas se hagan respetar

El problema no parece estar en la ausencia de normas. Atlacomulco cuenta con reglamentos para regular el tránsito, el estacionamiento, los parquímetros y la prestación del servicio público. El problema está en la aplicación de esas disposiciones y en la capacidad de las áreas responsables para hacerlas cumplir.
Y aquí aparece una segunda pregunta, quizá todavía más incómoda:
¿A título de qué cobran puntualmente sus quincenas quienes tienen bajo su responsabilidad estas áreas si los problemas que deberían atender permanecen prácticamente intactos?

En la iniciativa privada, cuando una persona es contratada para obtener determinados resultados y no los consigue, existe una consecuencia bastante clara: puede perder su empleo.
En el servicio público no tendría por qué ser diferente en cuanto a la exigencia de resultados.
Si después de 20 meses de administración persisten problemas tan elementales como vehículos estacionados en doble fila, invasión de espacios públicos, circulación en sentido contrario, incumplimiento de las disposiciones relacionadas con los parquímetros y bases irregulares de transporte público, entonces resulta legítimo preguntar qué evaluación se ha hecho del desempeño de quienes tienen la responsabilidad de corregirlos.
No estamos hablando de exigir que una administración resuelva todos los problemas de un municipio de la noche a la mañana. Estamos hablando de algo mucho más básico: hacer cumplir las reglas existentes.

Porque si existen cajones regulados por parquímetros, deben respetarse. Si está prohibido estacionarse en doble fila, debe sancionarse. Si circular en sentido contrario constituye una infracción, debe actuarse. Si determinadas bases con sus cajones están autorizadas para el transporte público, deben respetarse. Y si un establecimiento no puede apartar la vía pública con objetos, esa práctica tampoco debería normalizarse.
Lo que tampoco debería normalizarse es que la ciudadanía termine acostumbrándose al incumplimiento.
La pregunta está sobre la mesa
Señor presidente municipal Nicolás Martínez Romero: usted mismo reconoció hace casi dos años que el problema de movilidad era insostenible y anunció que pondría al frente de estas áreas a personas preparadas, profesionales y honestas.
Hoy, los hechos obligan a preguntar: ¿los resultados corresponden a aquella promesa?

Si en su agenda existe la posibilidad de buscar nuevamente el respaldo ciudadano para continuar al frente del municipio, quizá este sea un buen momento para revisar a fondo el funcionamiento de las áreas responsables de la movilidad.
Porque la ciudadanía puede ser paciente. Puede esperar resultados. Puede entender que gobernar implica enfrentar problemas complejos.
Pero también observa.
Y las fotografías están ahí.
La movilidad no se resuelve con discursos, sino haciendo cumplir la ley.

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