Columna CULTURA SALUDABLE
Por Israel Leandro López Sánchez* / Maricarmen Marín Beltrán**
Cuando se habla del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), con frecuencia se piensa en un niño inquieto, que no puede permanecer sentado o que constantemente parece no prestar atención. Sin embargo, el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo mucho más complejo.

Manifestaciones en la vida cotidiana

Las características del TDAH pueden observarse tanto en casa como en la escuela. En el hogar, algunos niños tienen dificultades para iniciar o terminar actividades, necesitan recordatorios constantes, pierden objetos, olvidan instrucciones o cambian rápidamente de una actividad a otra. También pueden presentar impulsividad, interrumpir conversaciones, tener dificultad para esperar turnos o actuar sin pensar en las consecuencias. En el aula, pueden distraerse, cometer errores por descuido, olvidar tareas, perder instrucciones o presentar inquietud. Su rendimiento académico puede ser variable, ya que en ocasiones demuestran lo que saben y en otras tienen dificultades para completar actividades debido a problemas de atención, organización o autorregulación.

¿Qué es el TDAH?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad e impulsividad que interfiere con el funcionamiento cotidiano. De acuerdo con el DSM-5-TR, se reconocen tres presentaciones: predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva-impulsiva y combinada.
Esto significa que no todos los niños con TDAH presentan las mismas características. Algunos pueden ser muy inquietos e impulsivos, mientras que otros pueden pasar desapercibidos debido a que sus principales dificultades se relacionan con la atención, la organización y el seguimiento de instrucciones.

Es importante diferenciar el TDAH de las conductas normales de la infancia. Todos los niños pueden distraerse, perder objetos, interrumpir o mostrar inquietud ocasionalmente. Lo que adquiere importancia clínica es la presencia de un patrón persistente, la frecuencia de los síntomas, su aparición en diferentes situaciones y, sobre todo, el grado en que interfieren con la vida cotidiana.

Procesos relacionados con el TDAH

Las dificultades asociadas al TDAH pueden comprenderse mejor considerando diferentes procesos relacionados con la autorregulación.
Uno de ellos es la “atención” Un niño con TDAH puede presentar dificultades para mantener el esfuerzo mental, seleccionar información relevante, cambiar voluntariamente el foco de atención o continuar una actividad que resulta poco estimulante. Esto no significa que sea incapaz de concentrarse.

En algunas personas se describe el fenómeno conocido como “hiperfoco”, en el que pueden permanecer profundamente involucradas en una actividad que consideran especialmente interesante o estimulante. Sin embargo, el hiperfoco no forma parte de los criterios diagnósticos del TDAH y no está presente en todos los niños.

Impacto académico, social y familiar
El TDAH puede tener consecuencias importantes en el ámbito escolar. Las dificultades de atención y organización pueden interferir con la capacidad para seguir instrucciones, completar trabajos, administrar el tiempo y mantener un esfuerzo mental sostenido. Por ello, el rendimiento escolar no siempre refleja de manera directa la capacidad intelectual del alumno. En el ámbito social, algunos niños pueden presentar dificultades para esperar turnos, controlar las interrupciones o regular la intensidad de sus conductas durante actividades grupales. Esto puede ocasionar conflictos con compañeros o dificultades para mantener relaciones sociales. Sin embargo, estas características no aparecen de la misma manera en todos los niños.

¿El TDAH desaparece con la edad?

El TDAH comienza durante el desarrollo y puede persistir durante la adolescencia y la adultez. Sin embargo, sus manifestaciones pueden cambiar con el tiempo.
Durante la infancia puede ser más evidente la hiperactividad física y la impulsividad. En la adolescencia pueden adquirir mayor importancia los problemas relacionados con la organización, el manejo de responsabilidades, la planificación y la atención. En la adultez pueden manifestarse dificultades para administrar el tiempo, organizar actividades, mantener la atención o cumplir determinadas responsabilidades. No todas las personas presentan la misma evolución. Algunos individuos experimentan una reducción significativa de los síntomas y dejan de cumplir los criterios diagnósticos, mientras que otros continúan presentando dificultades que requieren apoyo.

Evaluación y diagnóstico

El diagnóstico del TDAH es principalmente clínico y requiere información de padres, docentes y, cuando corresponde, del niño. Los síntomas deben persistir al menos seis meses, presentarse en dos o más contextos, iniciar varios de ellos antes de los 12 años y generar una interferencia significativa en su vida cotidiana.

Para apoyar la evaluación pueden utilizarse escalas como SNAP-IV, Conners y ADHD Rating Scale-5, aunque ninguna confirma el diagnóstico de manera aislada. También pueden realizarse evaluaciones psicológicas o neuropsicológicas y una valoración diferencial para descartar otras condiciones. El proceso puede involucrar a pediatras, psicólogos, psiquiatras infantiles, neuropediatrías y otros profesionales especializados en neurodesarrollo.

Tratamiento

El tratamiento del TDAH debe adaptarse a la edad y necesidades de cada niño. Incluye intervenciones conductuales, entrenamiento para padres y apoyo escolar, mediante rutinas claras, instrucciones breves, organización de tareas, refuerzo positivo y reducción de distractores. En niños mayores y adolescentes, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a mejorar la organización, planificación y regulación emocional.
Cuando está indicado, puede utilizarse tratamiento farmacológico, como metilfenidato, anfetaminas u otros medicamentos no estimulantes. La elección y seguimiento del tratamiento deben realizarse por un profesional de la salud.

Comprender para intervenir mejor

Comprender el TDAH permite interpretar las conductas infantiles desde una perspectiva integral, reconociendo que algunas dificultades pueden estar relacionadas con la atención, el control inhibitorio y las funciones ejecutivas. Esto no implica eliminar límites o responsabilidades, sino proporcionar “estrategias, rutinas y herramientas” que faciliten su organización y autonomía. El objetivo es mantener expectativas claras, apoyar sus dificultades y favorecer el desarrollo de sus capacidades.

 Bibliografía

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* Estudiante de Medicina 7mo semestre UAG

*Sitio web: https://www.instagram.com/medicina_leandro/

**Psicóloga Biomédica de la UAM

**Sitio Web: https://www.instagram.com/psic.maricarmenmarin?igsh=bWhybG50YWtmNnlh&utm_source=qr

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