DESDE LA BANQUETA.
Por Gabriel Escalante Fat
«Que vivas en tiempos interesantes
y no te des cuenta de ello hasta que hayan terminado«.
Frase de origen incierto, algunos creen
que es una maldición china.
VALIOSO ACTIVO

El pasado 5 de agosto, la prensa y las redes sociales se volcaron en torno a una sorpresiva aparición en el ámbito político: el exgobernador mexiquense Emilio Chuayffet se presentó en el auditorio de la sede estatal del PRI para dictar la conferencia magistral “Identidad e ideología, la herencia del pensamiento de Jesús Reyes Heroles”.
Chuayffet, quien dejó la vida pública en agosto de 2015, al terminar la ardua tarea que le encargó el presidente Peña, consistente en sacar avante la Reforma Educativa, había mantenido desde entonces un bajo perfil, asistiendo a algunos actos públicos pero sin protagonizarlos.

El destacado político fue recibido como un Rockstar por lo que queda del priismo en esta entidad en la que dominó por 88 años.
Más allá de su brillante oratoria y de lo interesante de su ponencia, Emilio Chuayffet —de quien Dionisio Pérez Jácome dijo que era el político más inteligente de México— pudo demostrar que se puede ser, al mismo tiempo, priista, congruente, crítico, leal al partido y estar libre de escándalos de corrupción.
Una bocanada de aire fresco para el partido tricolor, que ansía recuperar en las elecciones del año próximo algunas presidencias municipales y conseguir una presencia significativa en el congreso local.
Si el PRI desea volver a ser electoralmente competitivo, necesita más Emilios Chuayffet y menos Alfredos del Mazo, Alejandras del Moral o Carolinas Monroy, entre muchos otros nombres.
LISTAS QUE NO SON LISTAS

El miércoles 12 de este mes, Luisa María Alcalde, consejera jurídica de la Presidencia de la República, presentó en su programa “Derecho de réplica” tres listas de personas o entidades que, a su juicio, originan y difunden mensajes críticos o contrarios al régimen de la 4T.

La primera de ellas, llamada C1, contiene medios y comentaristas, y añade: “Función: Originan y legitiman el mensaje”; contiene 54 periodistas, editorialistas y medios de comunicación, tanto tradicionales como digitales. Destacan López-Dóriga, Brozo, Ciro Gómez Leyva, Beatriz Pagés, Lourdes Mendoza, Reyna Haydée Ramírez y, por supuesto, Carlos Loret de Mola, el periodista “favorito” de AMLO y quien ha sacado a la luz una gran cantidad de escándalos de corrupción, sobre todo de familiares y amigos cercanos del expresidente. Sin faltar Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, asociación que, al nombrarla, fue objeto de un “chistorete” de Luisa Alcalde, que la llamó “Mexicanos a Favor de la Corrupción”.

La segunda, C2, se centra en figuras públicas y emisores políticos. “Función: retoman, respaldan y politizan”. Ésta incluye a Javier Lozano Alarcón, Federico Döring, Maru Campos, Xóchitl Gálvez, Enrique De la Madrid, Vicente Fox y —no podía faltar— el villano favorito de la 4T: Felipe Calderón Hinojosa, entre las 32 que menciona.

Y la tercera, C3, se llama Cuentas de ataque (bloque anónimo). “Función: Reempaquetan y distribuyen”. Aquí se nombran 38 tuiteros que escriben bajo alias como Avi, El Jefaxo, Don Vocero, La Abuela Regia, Don Porfirio Díaz, Vampipe, etc.
Según Alcalde, —quien hasta 2018 fue una acérrima crítica del gobierno de Peña Nieto a través de diversos medios que le abrían las puertas (uno de ellos “La hora de opinar”, de Leo Zuckerman, que por supuesto está incluido en la lista C1)—, a este “ecosistema de comunicación” se suman alrededor de medio millón de bots y trolls de distintas partes del mundo, oscuramente financiados (ñaca-ñaca), con el único fin de perjudicar a la sacrosanta Cuatroté.

En los días subsecuentes, tanto la propia Luisa María como la presidentA con “A” de Alistada, se dedicaron a decir que las listas no son listas, sino sólo una sucesión de nombres, de ejemplos. Y que todo esto lo hace el gobierno para defender los “derechos de las audiencias”, es decir, para proteger a los pobres mexicanos que requerimos que nos digan qué ver, que oír y qué leer.
Yo estoy seguro que la temible Dirección Federal de Seguridad, que operó extrajudicialmente de 1947 a 1985 o el más “científico” CISEN, que actuó de 1989 a 2018, tenían listas de adversarios políticos, de críticos, de líderes subversivos, de líderes que podían desestabilizar al régimen. La diferencia es que no los ponían en la vitrina para que cualquier fanático pudiera atentar contra ellos.
Esto no es censura, claro. ¡Pero cómo se le parece!
EL JUNIOR DEL BIENESTAR
Al día siguiente de las listas de Luisa María, Andrés Manuel “no-me-digan-Andy” López Beltrán, quien se arroga ser el legítimo heredero del legado político de su padre, anunció que el gobierno de los Estados Unidos le había retirado la visa B1/B2 para entrar a nuestro vecino del norte.

Y aprovechó para publicar en sus redes sociales una carta de ¡tres páginas!, dirigida a Donald Trump, en la que, con la estabilidad emocional de un chico de 13 años y con la capacidad de redacción de un alumno de cuarto grado bajo la Nueva Escuela Mexicana, mezcla acusaciones, insultos, ruegos y hasta una pregunta/sugerencia “¿Por qué no destituye a Rubio y a Landau”?
La ridiculez de la misiva es tal, que por varias horas los medios dudaron de su autenticidad. Muchos aseguraban que era obra de algún bromista o que simplemente le habían hackeado la cuenta a Andy.
La 4T se ha envuelto en la bandera para afirmar que ese acto —de un gobierno soberano hacia un ciudadano extranjero— es una amenaza a la soberanía nacional.
No abundaré en el contenido del ridículo texto, puesto que ya expertos han analizado y destripado la carta. Sólo mencionaré unas líneas que, a mi juicio, han sido pasadas por alto.
Dice Andy: “…no me causa ningún problema el no visitar Estados Unidos en estos tiempos decadentes y lamentables de odio, racismo, drogadicción, desintegración familiar…” “…puedo esperar a que las cosas cambien y existan circunstancias favorables como cuando gobernaron Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt, esos gigantes de la libertad que trataron a México y a su pueblo con auténtica amistad y respeto a su soberanía”.
Pues mira, Andy, cuando Lincoln gobernó, reconoció al gobierno de Juárez y desconoció al de Maximiliano. Bien para México, pero no respetó la soberanía nacional. Durante la guerra de secesión, su enviado Thomas Corwin se encargó de que los confederados no establecieran alianzas con instituciones mexicanas ni pusieran bases operativas en este país. ¿Eso es respeto a la soberanía nacional? Y durante el gobierno de Roosevelt aún no se habían expedido en EU las leyes de Derechos Civiles, por lo que los mexicanos en aquel país (aun aquellos que estaban allá legalmente, bajo el “programa bracero”) eran tratados como ciudadanos de segunda, sin acceso a ingresar a ciertos recintos y comercios. ¿No es eso racismo?
¿Qué vendrá en México en las próximas semanas? ¡Ni idea!

Pero, siguiendo los consejos del exembajador y actual subsecretario de Estado de los EU, Christopher Landau —autodenominado “el quitavisas”—, rellenaré mi cubeta de palomitas para disfrutar del espectáculo.
No soy tan ingenuo como para esperar la caída pronta de la 4T, pero dos o tres raspones está cerca de llevarse.
Guadalajara, Jalisco, agosto 20, 2026.

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