Columna: EL CINΓFILO LATINO
Por HΓ©ctor Alejandro Serrano Ortiz*

Es difΓcil de superar la sensaciΓ³n que te deja ver Una Torreta en Llamas viviendo en el MΓ©xico que retrata, conociendo de primera mano la violencia que lo inspira y las consecuencias que amenazan nuestro futuro. Me parece que contiene mΓ‘s honestidad sobre MΓ©xico que muchas pelΓculas de dos o mΓ‘s horas. Humberto Flores JΓ‘uregui, su director, es un cineasta jalisciense formado en el ITESO y forjado en Nuevo Laredo, uno de los municipios mΓ‘s violentos de nuestro paΓs, por lo que entrega con este trabajo una obra increΓblemente madura y resonante. Es un cortometraje que observa, y no explica o alecciona, la violencia a travΓ©s de los ojos inocentes de una niΓ±a. Es como si diera un testimonio de haberlo visto en primera persona, en vez de simple ficciΓ³n.
Flores JΓ‘uregui llega a esta obra con una trayectoria significativa. Cinco de junio (2021), su trabajo anterior, abordΓ³ el llamado Halconazo tapatΓo, la represiΓ³n de manifestantes estudiantiles en Guadalajara, y fue reconocido con MenciΓ³n Especial en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y proyectado en Tribeca. DespuΓ©s, en 2024, rodΓ³ David (Por Ahora) bajo la tutorΓa del tailandΓ©s Apichatpong Weerasethakul dentro del Creatorβs Lab en YucatΓ‘n, una experiencia que el propio director describe como βun salvavidasβ. Esa huella es visible en su cadencia contemplativa, su respeto por el silencio, su confianza en los espacios y en los rostros como portadores de significado: todo eso estΓ‘ en Una Torreta en Llamas, aunque traducido a un registro mΓ‘s tenso, mΓ‘sβ¦ fΓsicamente amenazante.
El cortometraje se estrenΓ³ en el 53Β° Festival Internacional de Cine de Huesca, en EspaΓ±a, y en MΓ©xico en el FICG 40. Desde entonces ha recorrido mΓ‘s de dieciocho festivales en tres continentes, acumulando premios en Mejor Mediometraje, Mejor FotografΓa y Mejor Actriz (Guadalupe Ortiz, Β‘esplΓ©ndida!) en el Festival Pantalla de Cristal, Mejor DiseΓ±o Sonoro en el FICPBA de Argentina, y una presencia en la colecciΓ³n BOGOSHORTS del mercado del Festival de Cannes.

La estructura narrativa del cortometraje dura tres dΓas, mΓ‘s o menos, en la vida de Yolanda y Alejandra, una campesina y su nieta, respectivamente. Un hombre herido aparece, es escondido, es curado y, tristemente, tambiΓ©n les es arrebatado. Y, sin embargo, Flores JΓ‘uregui trabaja el tiempo de una manera que hace sentir ese arco mucho mΓ‘s largo y mΓ‘s cargado. La elipsis es su principal herramienta: nunca vemos el enfrentamiento armado, nunca vemos exactamente cΓ³mo llega el soldado a manos de Yolanda. El cortometraje empieza in medias res, con un fondo azul oscuro, disparos, fuego, y la abuela rezando el Padrenuestro mientras conduce. Eso es todo lo que necesitamos para entender que estamos dentro de una emergencia sin origen claro y sin resoluciΓ³n cercana.
Esta decisiΓ³n narrativa tiene consecuencias importantes. Al negar el contexto del enfrentamiento, el guion coloca al espectador exactamente donde estΓ‘n Yolanda y Alejandra: con informaciΓ³n parcial, leyendo seΓ±ales, tomando decisiones sin saber del todo quΓ© estΓ‘ pasando. Es una estrategia de identificaciΓ³n muy inteligente porque no depende de la simpatΓa sino de la posiciΓ³n epistΓ©mica compartida.
El director de fotografΓa Bruno Herrera, rodando con ARRI Alexa Mini LF y Γ³pticas Contax Zeiss GL Optics, construye un lenguaje visual que oscila deliberadamente entre lo cΓ‘lido y lo hostil. De dΓa, las montaΓ±as de Xico Viejo, Veracruz, tienen una textura casi bucΓ³lica: la niΓ±a recogiendo leΓ±a, lavando trastes, jugando con una tarΓ‘ntula. El verde, la tierra, la luz filtrada. Pero la cΓ‘mara nunca se relaja del todo: los encuadres tienden a ser cerrados, a veces levemente desequilibrados, como si el espacio mismo estuviera conteniendo algo que no se ha presentado. En las secuencias nocturnas, la paleta cambia radicalmente: azules frΓos, sombras densas, iluminaciΓ³n fuente que privilegia el claroscuro. El granero, o cobertizo, donde estΓ‘ escondido el soldado funciona como una trampa visual: un espacio que comprime, leΓ±a apilada que fragmenta los cuerpos, poca profundidad de campo. La colorista Ana MontaΓ±o trabajΓ³ esa discromΓa con mucha precisiΓ³n. El mundo de dΓa es habitable pero frΓ‘gil; el mundo de noche es directamente opaco y amenazante.

MenciΓ³n aparte merece la escena en que Alejandra camina sola hacia la farmacia de Don Alberto y pasa frente a un anuncio pintado en la pared: βLa policΓa federal #TeProtegeβ. La cΓ‘mara no se detiene especialmente en ese letrero ni hace ningΓΊn comentario explΓcito. Simplemente estΓ‘ ahΓ, y la niΓ±a pasa frente a Γ©l, sola, jugando, en una carretera vacΓa, mientras los hechos hacen de ese anuncio una cruel ironΓa. Es uno de esos momentos en que la direcciΓ³n de arte y el encuadre hacen exactamente lo que el buen cine hace: dicen algo sin decirlo.
La dimensiΓ³n sonora de Una Torreta en Llamas merece un anΓ‘lisis propio. Matthew Dunnett, el compositor que trabaja bajo el nombre βHermanitoβ, tomΓ³ una decisiΓ³n que me parece brillante y que Γ©l mismo explica con claridad: construir una banda sonora que dialogue tan Γntimamente con el diseΓ±o sonoro que sea imposible distinguir dΓ³nde termina uno y dΓ³nde empieza la otra. El universo de la pelΓcula, dice Dunnett, βes uno donde existe una amenaza real, pero tambiΓ©n una disonancia entre la realidad y la percepciΓ³nβ: la niΓ±a interpreta lo que pasa desde su imaginaciΓ³n, sin acceso completo a la verdad. Esa disonancia se vuelve un principio compositivo.
La pieza βAlgo en los Γrbolesβ, para mΓ, es el ejemplo mΓ‘s extremo y el mΓ‘s efectivo. Dunnett la construyΓ³ golpeando objetos de madera sobre su escritorio. El resultado son unos toquidos rΓtmicos, irregulares, que no suenan a percusiΓ³n convencional sino a algo presente y fΓsico, acechando desde afuera. La primera vez que la escuchΓ©, sin imΓ‘genes, me generΓ³ una incomodidad real, la sensaciΓ³n de alguien moviΓ©ndose en la periferia. Con las imΓ‘genes encima, esa incomodidad se convierte en algo cercano al pΓ‘nico contenido. Es el tipo de diseΓ±o sonoro que funciona en el sistema nervioso antes de que el cerebro lo procese.

RubΓ PΓ©rez, diseΓ±adora de sonido, trabaja con texturas que van desde el crujido del fuego hasta los ambientes del campo veracruzano y los sonidos abstractos que acompaΓ±an los momentos de mΓ‘xima tensiΓ³n interna. Hay una delicadeza en ese trabajo, especialmente en cΓ³mo los sonidos del campo se contaminan gradualmente con elementos discordantes a medida que avanza el cortometraje. La ediciΓ³n de sonido actΓΊa como marcador de la degradaciΓ³n de la seguridad.
La ediciΓ³n, a cargo de Manuel AcuΓ±a A. y del propio Flores JΓ‘uregui, es contenida y precisa. El director ha hablado de no poder βapagar su cerebro de editorβ incluso en el set, y eso se nota en cΓ³mo los cortes respetan el tiempo interno de las escenas sin alargarse ni apresurarse innecesariamente. Hay una secuencia nocturna de curaciΓ³n donde Yolanda atiende al soldado que grita, y Alejandra, que no puede soportarlo, se aleja. El montaje aquΓ trabaja con la alternancia de planos de forma casi musical: el dolor del hombre, la mano firme de la abuela, el rostro de la niΓ±a que decide no mirar, el grito que se confunde con los sonidos del campoβ¦
El tΓtulo no es metafΓ³rico en sentido convencional. En el cortometraje hay torretas que literalmente arden: al inicio, al final. Pero Flores JΓ‘uregui ha explicado que la imagen proviene de un recuerdo real de adolescencia, una patrulla incendiada que vio en la carretera y que interpretΓ³ como βel fracaso profundo del gobierno ante la inseguridad, tan imparable como el fuegoβ. En ese sentido, la torreta en llamas funciona como sΓmbolo del colapso institucional: el Estado que deberΓa proteger convertido en ceniza visible desde la carretera.

Pero hay algo mΓ‘s en esa imagen. El fuego en la cultura popular y simbΓ³lica tiene una ambivalencia constitutiva: destruye y purifica, marca territorio y anuncia peligro. La torreta en llamas al final del cortometraje, cuando abuela y nieta llegan a la carretera y la ven arder frente a ellas, funciona como una seΓ±al que no admite interpretaciΓ³n ΓΊnica. ΒΏEs una advertencia? ΒΏEs la confirmaciΓ³n de que el ciclo se repite? ΒΏEs el rastro de que el soldado fue recuperado (o eliminado) por quienes lo buscaban? El guion no responde. El fuego simplemente estΓ‘ ahΓ, crepitando.
El tema central del cortometraje no es la violencia en sΓ sino lo que la violencia hace a la confianza. Flores JΓ‘uregui lo ha articulado con claridad: βQuisimos hacer Una Torreta en Llamas para hablar del miedo y de su principal consecuencia: la falta de empatΓa y confianza en el otroβ. La pregunta que organiza la narrativa entera es si en un entorno de amenaza constante puede sobrevivir la disposiciΓ³n a ver al otro como persona antes que como peligro.
Yolanda encarna esa tensiΓ³n de manera extraordinaria. No toma la decisiΓ³n de ayudar al soldado por ingenuidad ni por heroΓsmo: la toma porque, en sus propias palabras telefΓ³nicas, βno lo podΓa dejar ahΓ nomΓ‘sβ¦ tirado.β Hay una Γ©tica elemental, casi pre-reflexiva, que opera en ella. Y, sin embargo, en ningΓΊn momento del cortometraje Yolanda confΓa completamente. Cierra el cobertizo con candado. Le da indicaciones precisas a su nieta sobre quΓ© no decir y a quiΓ©n no decirle nada. Cuando el hombre de la camioneta aparece preguntando por los βguachosβ muertos, Yolanda miente sin dudar. Es una mujer que actΓΊa desde la compasiΓ³n, pero piensa desde la desconfianza, y esa combinaciΓ³n la hace profundamente real. Β‘QuΓ© personaje tan bien escrito!

Alejandra es el contrapunto y en cierta medida el corazΓ³n moral del cortometraje. Su acercamiento al soldado no pasa por el cΓ‘lculo de riesgo sino por algo mΓ‘s parecido a la curiosidad y, posiblemente, a la esperanza. La escena en que se mete al granero, se arrodilla junto al hombre, saca la fotografΓa familiar y compara su rostro con el del soldado es el momento mΓ‘s silencioso y mΓ‘s denso del cortometraje. El guion nunca lo dice explΓcitamente, pero la lectura mΓ‘s natural que se me ocurre es que Alejandra sospecha, o desea, que ese hombre herido sea su padre. La ausencia del padre es una grieta que el cortometraje deja abierta desde la foto familiar hasta ese momento de comparaciΓ³n, y que nunca se cierra.
La tarΓ‘ntula que Alejandra cuida desde la primera escena del mediometraje es uno de los elementos mΓ‘s cargados simbΓ³licamente. La niΓ±a la mete a un frasco, la observa con fascinaciΓ³n, le pinta el frasco. Y al final, cuando ya todo se ha perdido, es ese frasco el que encuentra en medio de la carretera, vacΓo, con la araΓ±a libre. La tarΓ‘ntula, que podrΓa leerse como un animal de amenaza, es tratada por Alejandra como un ser que merece compaΓ±Γa y cuidado: la lleva al cobertizo para que el soldado βno se aburraβ. Y el soldado, que se la lleva consigo cuando es arrastrado, la libera. O alguien lo hace. El frasco vacΓo en la carretera funciona como dos significados: como presencia de Alejandra en ese hecho tan violento, y tambiΓ©n como gesto de reciprocidad: la niΓ±a le dio compaΓ±Γa a un desconocido, y ese desconocido, de alguna manera, la aprovechΓ³.
La dimensiΓ³n filosΓ³fica mΓ‘s fuerte del cortometraje estΓ‘ en el diΓ‘logo entre Yolanda y Alejandra cuando la niΓ±a pregunta si el soldado es malo. βNo hay malos ni buenos, mija. NomΓ‘s hay genteβ, responde la abuela. Esta frase, dicha con la misma firmeza con que antes dijo que no tenΓa miedo, es la declaraciΓ³n Γ©tica del cortometraje. Es una posiciΓ³n que reconoce la complejidad humana en un entorno que exige exactamente lo contrario: que uno decida rΓ‘pido, que trate al otro como amenaza o como aliado antes de conocerlo.

Uno de los datos mΓ‘s reveladores sobre Una Torreta en Llamas es que no obtuvo financiamiento estatal. Flores JΓ‘uregui y su productor ejecutivo Sergio MartΓnez Esqueda lo intentaron, pero la temΓ‘tica del cortometraje, que implica una mirada crΓtica sobre la militarizaciΓ³n y una desconfianza explΓcita hacia la violencia fruto de ella, no encajΓ³ con las lΓneas narrativas que suelen apoyar los fondos pΓΊblicos. La producciΓ³n saliΓ³ adelante con inversiΓ³n privada, intercambio de servicios y la colaboraciΓ³n de Contratiempo Cine, Pura Fiera, Terco Films y NeΓ³n Films.
Esa independencia tiene consecuencias formales directas. Sin la presiΓ³n de fondos que exigen ciertos formatos o ciertos contenidos, el equipo pudo mantener una postura narrativa que no cede al moralismo. El cortometraje termina con una torreta en llamas y una araΓ±a libre en la carretera, sin explicar quiΓ©n fue, sin decir si el soldado sobreviviΓ³, sin ofrecer justicia ni redenciΓ³n. Ese final, que en otro contexto podrΓa interpretarse como falta de conclusiΓ³n, aquΓ es una decisiΓ³n polΓtica y dolorosamente real: la impunidad en MΓ©xico no se resuelve en 22 minutos ni en ningΓΊn otro formato. A veces, toda una vida no es suficiente.
TambiΓ©n hubo un incidente durante el scouting de locaciones que terminΓ³ cambiando toda la geografΓa del proyecto. La productora MΓ³nica Velasco fue perseguida por camionetas mientras buscaba locaciones en Jalisco. Ante ese episodio, el equipo decidiΓ³ trasladar el rodaje a Xico Viejo, Veracruz: un pueblo de montaΓ±a con condiciones climΓ‘ticas impredecibles, sin seΓ±al telefΓ³nica, que requiriΓ³ coordinar a personas de dos estados distintos. La ironΓa no es para nada menor: la violencia que buscaban retratar literalmente los expulsΓ³ de una locaciΓ³n y los llevΓ³ a otra. Y esa segunda locaciΓ³n, con su textura visual particular, con sus montaΓ±as verdes y sus caminos angostos, terminΓ³ siendo insustituible para el tono del cortometraje.

El trabajo de Antonio PeΓ±afiel Salgado en efectos visuales merece reconocimiento especial porque es casi imperceptible, que es exactamente como debe funcionar el buen trabajo de VFX. Las llamas, la torreta incendiada, ciertos planos de aislamiento que implicaron quitar construcciones del entorno: todo estΓ‘ integrado de manera que no se siente como efecto sino como realidad. El aislamiento de las protagonistas, que es un elemento temΓ‘tico central, fue construido tambiΓ©n visualmente mediante esas intervenciones.
La recepciΓ³n crΓtica de Una Torreta en Llamas ha sido consistentemente positiva, aunque los elogios tienden a concentrarse en diferentes aspectos segΓΊn el contexto del festival. Lo que la crΓtica ha tendido a subrayar menos, y que me parece igualmente importante, es la dimensiΓ³n generacional del cortometraje. Hay una transmisiΓ³n muy especΓfica que ocurre entre Yolanda y Alejandra: la abuela le estΓ‘ enseΓ±ando a la niΓ±a cΓ³mo sobrevivir en un entorno hostil, cΓ³mo mentir cuando es necesario, cΓ³mo no confiar, aunque uno quiera. Flores JΓ‘uregui lo ha descrito como una βdinΓ‘mica de protecciΓ³nβ que observΓ³ en relaciones intergeneracionales de mujeres en MΓ©xico. Lo que le transmite Yolanda a Alejandra no son sΓ³lo habilidades de supervivencia sino una visiΓ³n entera del mundo: el mundo es peligroso, no puedes confiar en nadie, pero tampoco puedes dejar a alguien herido en la carretera. Esas dos cosas coexisten, y vivir implica mantener esa tensiΓ³n presente.
El cortometraje tambiΓ©n genera debates sobre lo que podrΓa llamarse βpolΓtica de la representaciΓ³nβ del soldado. En un cine mexicano que tiende a polarizar (o el ejΓ©rcito es hΓ©roe o es victimario), Una Torreta en Llamas insiste en la ambigΓΌedad. El soldado tiene novia embarazada, tiene familia, ruega que le llamen a su mujer para decirle que estΓ‘ bien. No es presentado como amenaza ni como inocente absoluto. Es, como dice Yolanda, βsΓ³lo genteβ.

Una Torreta en Llamas funciona porque sus capas no se contradicen, sino que se refuerzan, Β‘y vaya que lo hacen! La decisiΓ³n de rodar en Xico Viejo con luz natural y una cΓ‘mara que nunca termina de relajarse crea un entorno visual que hace plausible cada decisiΓ³n de los personajes. El diseΓ±o sonoro de RubΓ PΓ©rez y la mΓΊsica de Hermanito construyen un estado de alerta que el espectador comparte con las protagonistas desde los primeros minutos. La actuaciΓ³n de Guadalupe Ortiz, reconocida con premio, entrega una mujer que no necesita de melodramas para ser conmovedora: basta con su manera de sostener el telΓ©fono, de cerrar el candado del granero, de responder βnoβ cuando su nieta le pregunta si tiene miedo. Es mΓ‘s: basta con saber que es capaz de ofrecer tres respuestas honestas para quien mΓ‘s quiere, sin mentiras ni dobles intenciones.
Y la niΓ±a, interpretada por Michelle MartΓnez HernΓ‘ndez, con esa mezcla de curiosidad y vulnerabilidad que el guion le da, es quien carga el peso mΓ‘s delicado del cortometraje. Porque Alejandra no tiene acceso a la informaciΓ³n que tiene Yolanda ni a su experiencia. Ella lee la situaciΓ³n con las herramientas que tiene, que son las de una niΓ±a que quizΓ‘s espera que ese hombre herido sea su padre. Y lo que hace con esas herramientas, dejarle su tarΓ‘ntula para que no se aburra, es el gesto mΓ‘s pequeΓ±o y mΓ‘s poderoso del cortometraje. Te conmueve profundamente.
Al final, frente a la torreta ardiendo, no sabemos quΓ© le pasΓ³ al soldado. No sabemos si la araΓ±a fue liberada por Γ©l o cayΓ³ sola del frasco. No sabemos si el hombre de la camioneta va a volver. Lo que sΓ sabemos es que Alejandra saliΓ³ corriendo detrΓ‘s de la camioneta, aunque no hubiera nada que pudiera hacer, y que su abuela corriΓ³ detrΓ‘s de ella. Ese impulso, esa imposibilidad de quedarse quieta frente a la injusticia incluso cuando hacerlo es inΓΊtil, es probablemente la declaraciΓ³n mΓ‘s honesta que el cortometraje hace sobre la condiciΓ³n de vivir en MΓ©xico ahora mismo.

Eso es MΓ©xico. No el paΓs que sale en los titulares internacionales, no el que aparece en los informes de seguridad ni en las estadΓsticas de homicidios. El MΓ©xico real es ese: el de la gente que sale corriendo detrΓ‘s de una camioneta que ya se fue, sabiendo perfectamente que no va a alcanzarla, y corriendo de todas formas.
No sΓ© si eso es valentΓa o es necedad. Probablemente es las dos cosas a la vez, y probablemente eso es exactamente lo que nos ha mantenido en pie. Vivimos en un paΓs donde la impunidad no es la excepciΓ³n. Donde uno aprende desde joven a calcular quΓ© tan vacΓa va la calle antes de salir de noche, a no contestar si no reconoce el nΓΊmero, a no preguntar demasiado sobre lo que pasΓ³ en tal lugar el fin de semana. Aprendemos a movernos con ese peso encima como si fuera normal. Y, sin embargo, algo en nosotros se niega a aceptarlo del todo.

Pienso en las madres que buscan a sus hijos desaparecidos con una foto en la mano y el sol encima, recorriendo fosas, llenando formularios que nadie va a leer, apareciendo en marchas que el gobierno va a ignorar. Pienso en los periodistas que siguen publicando en estados donde sus colegas han sido asesinados. Pienso en los maestros rurales que llegan a comunidades sin agua potable ni internet a enseΓ±ar con lo que tienen. Ninguno de ellos tiene garantΓa de que lo que hace va a cambiar algo. Pero ninguno se queda quieto, ninguno se queda de brazos cruzados.
Esa es la paradoja mexicana que nadie termina de explicar bien: somos un pueblo que tiene todas las razones para el cinismo y que, sin embargo, produce una cantidad desproporcionada de esperanza.

No sΓ© de dΓ³nde viene eso. QuizΓ‘s de las mujeres que nos criaron, que son en MΓ©xico una instituciΓ³n en sΓ mismas: que han sobrevivido mΓ‘s de lo que uno podrΓa imaginar y que aun asΓ trabajan, ponen la mesa, hacen la comida, rezan y cuidan. QuizΓ‘s viene de una cultura que aprendiΓ³ a encontrar fiesta en el dolor, que convirtiΓ³ el duelo en ofrenda y la muerte en celebraciΓ³n.
Lo que sΓ sΓ© es que esa negativa a quedarse paralizado, ese impulso de correr, aunque la camioneta ya no se vea, no es ingenuidad. Es una forma muy mexicana de dignidad. Es decirle al miedo que no ganΓ³ del todo. Que aquΓ seguimos y no nos vamos.

Y mientras eso siga pasando, mientras haya alguien que salga corriendo, aunque sea tarde, MΓ©xico no estΓ‘ perdido.
Flores JΓ‘uregui dijo que querΓa que el corto dejara en la cabeza del espectador la pregunta βΒΏquiΓ©nes son los policΓas?, ΒΏquiΓ©nes son los soldados?β: la invitaciΓ³n a no resolver al otro en una categorΓa antes de mirarlo. Lo consiguiΓ³. Y lo consiguiΓ³ no con 22 minutos de cine preciso, incΓ³modo, y mΓ‘s honesto que la mayorΓa de las cosas que se producen en este paΓsβ¦ sobre este paΓs.
Me pongo de pie.

El cortometraje aΓΊn no estΓ‘ disponible en lΓnea, pero estΓ‘ inscrito a los 68Β° Premios Ariel. Para consultar mΓ‘s informaciΓ³n, o para apoyar su campaΓ±a, favor de seguir y contactar al director en sus redes sociales: https://www.instagram.com/hfloresj y https://www.instagram.com/unatorretaenllamas
*Mis redes sociales:
Mi blog: https://elcinefilolatino.blogspot.com
Mi Instagram: https://www.instagram.com/elcinefilolatino
Mi Facebook: https://facebook.com/elcinefilolatino



