Por Israel Leandro López Sánchez*

Una tradición que nació en casa

Alejandra Salinas Lara es médica intercultural y artesana. Desde pequeña, el bordado ha acompañado su vida, prácticamente desde la infancia. Es un oficio heredado de su abuela paterna, quien también aprendió esta tradición desde niña y la transmitió a las demás mujeres de su familia, como lo habían hecho generaciones atrás.
Cuando estaba con ella, se sentaba frente a su corredor y la veía bordar”, recuerda Alejandra.
Con el paso de los años, su madre también aprendió este arte, fortaleciendo una tradición familiar que hoy encuentra una nueva expresión en la elaboración de accesorios y piezas de bordado en miniatura.

Cuando el bordado se convirtió en una forma de salir adelante

Los años pasaron, Alejandra creció y nació en ella la vocación por la medicina. Sin embargo, su historia tomó un rumbo distinto alrededor de 2021, cuando un fuerte episodio de violencia comunitaria obligó a su familia a abandonar su hogar en San Ildefonso Ixtlahuaca y trasladarse a San Felipe del Progreso en busca de un mejor futuro.
Ante la pérdida de un sustento fijo, el bordado dejó de ser únicamente una tradición familiar y se convirtió en una herramienta para salir adelante durante su carrera.
Más que una moda, el bordado representó para ella necesidad, identidad y raíz. Además de permitirles generar un ingreso extra, el oficio se convirtió en un espacio de fortaleza emocional durante uno de los momentos más difíciles para su familia.

Cada puntada comienza en el papel

Cada pieza comienza mucho antes de llegar a las manos de quien la porta.
Primero se imagina el diseño y posteriormente se realizan los patrones en papel, utilizando hojas cuadriculadas y lápiz para determinar cada detalle y adaptar las figuras al pequeño tamaño de los aretes y otros accesorios.
Incluso la tecnología se ha convertido en una herramienta complementaria para observar patrones y desarrollar nuevas propuestas. Pero detrás de cada diseño permanece el conocimiento artesanal.
Cada cuadrito, cada trazo y cada figura forman parte de una tradición”, explica.
Así, el bordado en miniatura no es solamente un accesorio. Es memoria, herencia y una forma de mantener viva una identidad cultural que ha pasado de generación en generación.

El reto de bordar una “X” diminuta

Entre las técnicas que dan vida a los accesorios elaborados por Alejandra Salinas Lara destaca el punto de cruz, una forma de bordado que requiere precisión, paciencia y un cuidadoso conteo de cada puntada.
En la elaboración de piezas en punto de cruz, el trabajo comienza con el diseño. Las artesanas realizan previamente un patrón sobre papel cuadriculado, donde cada cuadro representa una puntada. A partir de este pequeño croquis se determina la forma, el tamaño y la combinación de colores que tendrá la pieza.
La técnica consiste en realizar pequeñas puntadas que se cruzan entre sí para formar una “X”. Aunque puede parecer un procedimiento sencillo, trabajar sobre piezas de dimensiones reducidas exige gran precisión, particularmente cuando se trata de aretes en miniatura.

Flores, mariposas y símbolos de identidad

Los diseños recuperan elementos presentes en el entorno y en la identidad mazahua y sanfelipense: flores, mariposas, abejas, venados, aves y figuras geométricas, acompañados de una amplia variedad de colores.
Cada combinación puede convertirse también en una forma de expresión de la personalidad de quien porta la pieza.
Algunos diseños poseen significados particulares. El colibrí, por ejemplo, representa para ellas la fuerza de voluntad de quienes realizan el bordado, mientras que las estrellas mazahuas evocan directamente su pertenencia cultural.
Alejandra también señala que no todos los símbolos tienen necesariamente el mismo significado en las distintas expresiones artesanales. A diferencia de algunos diseños elaborados en plata, donde determinadas figuras pueden estar relacionadas con aspectos como el estado civil de una mujer, en los aretes de lana estos elementos pueden adquirir otros valores, principalmente sentimentales, culturales o personales.
La elaboración puede complementarse con otros materiales, como piedras y cuarzos, incorporados de acuerdo con el diseño y la creatividad de las artesanas.

Preservar el conocimiento, no solamente el objeto

Las nuevas generaciones deben preservar el conocimiento, no solamente el objeto bonito”, sostiene Alejandra.
El valor de estas piezas no se encuentra únicamente en el producto terminado. Detrás de cada arete existe un conocimiento transmitido de generación en generación: cómo elaborar un patrón, elegir los colores, representar una figura, contar cada punto y comprender el significado que puede tener un símbolo dentro de una comunidad.
Preservar estas tradiciones significa, por ello, proteger algo mucho más profundo que una técnica artesanal. Significa sanación, memoria, identidad, lenguaje simbólico y formas de comprender el mundo.
En un contexto donde muchas prácticas tradicionales corren el riesgo de perderse frente a la producción industrial y la apropiación de diseños sin conocer su origen, resulta fundamental que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de aprender directamente de quienes mantienen vivos estos saberes.

El bordado como conocimiento vivo

El bordado mazahua demuestra que la artesanía no es únicamente decoración. Es conocimiento vivo.
Cada puntada de punto de cruz puede contener la memoria de una abuela; cada color, la personalidad de una mujer; cada figura, una historia; y cada pieza, una parte de la identidad de un pueblo.
Mubú in Nrizhu, que en mazahua se traduce como Corazón de Mujer, es la marca con la que Alejandra Salinas Lara da identidad a sus piezas artesanales.
El nombre refleja la relación entre la identidad cultural y el trabajo de las mujeres que han transmitido estos conocimientos.

Medicina, tradición y saberes ancestrales

Desde su formación y experiencia, Alejandra ha buscado incorporar conocimientos de la medicina tradicional y métodos complementarios dentro de su práctica profesional, una labor que desarrolla a través del centro terapéutico Tairyari.
Su trabajo parte del reconocimiento de que los saberes tradicionales forman parte de la historia y de la identidad de numerosos pueblos. Para ella, acercarse a estos conocimientos implica también comprender su origen, respetar a quienes los han transmitido y mantener una relación responsable entre la práctica médica y los saberes ancestrales.
Esta visión guarda un vínculo con su trabajo artesanal. Así como cada puntada del bordado requiere paciencia, conocimiento y respeto por una tradición heredada, su labor en la medicina intercultural busca recuperar y valorar conocimientos que han pasado de generación en generación.

Una mujer entre hilos y saberes

De esta manera, Alejandra representa una mezcla poco común: una profesional de la medicina que también encuentra en el bordado una forma de preservar su identidad cultural.
Entre hilos, colores, moldes y conocimientos tradicionales, su historia muestra que la cultura puede mantenerse viva de distintas maneras: en una pieza artesanal, en la transmisión de un saber familiar y también en la búsqueda de nuevas formas de preservar los conocimientos.
Porque detrás de cada pequeño bordado no solamente hay una pieza para portar. Hay una historia familiar, una memoria colectiva y el trabajo silencioso de generaciones de mujeres que encontraron en el hilo y la aguja una manera de contar quiénes son.
*Sitio web: https://www.facebook.com/alezzyta.alezzyta/photos?locale=es_LA

Referencias APA

° Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. (s. f.). Etnografía del pueblo mazahua (Jñatjo). Gobierno de México. INPI

° Instituto Nacional de Antropología e Historia. (s. f.). Patrimonio cultural inmaterial. Gobierno de México. INAH

° Secretaría de Cultura. (s. f.). Artesanía y patrimonio cultural de México. Gobierno de México. Secretaría de Cultura

° Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2003). Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial. UNESCO. UNESCO

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