Columna DEL EDITOR
La llegada de un nuevo Delegado Regional de Movilidad a Atlacomulco abre, una vez mΓ‘s, una ventana de esperanza para miles de ciudadanos que desde hace aΓ±os han visto cΓ³mo el espacio pΓΊblico ha sido tomado, poco a poco, por intereses particulares, ante la mirada complaciente o la inacciΓ³n de las autoridades encargadas de regular el transporte.

Delegados y delegadas han pasado por esa oficina. Los nombres cambian, las fotografΓ­as oficiales se renuevan y los discursos de coordinaciΓ³n institucional se repiten, pero la realidad en las calles permanece prΓ‘cticamente intacta. La problemΓ‘tica de las bases y lanzaderas de taxis en la cabecera municipal es una de las asignaturas pendientes que ninguna administraciΓ³n ha querido o sabido resolver.

Basta recorrer el centro de Atlacomulco para comprobar que numerosas calles, avenidas y esquinas se encuentran ocupadas por unidades del servicio pΓΊblico, limitando espacios que deberΓ­an estar destinados al libre trΓ‘nsito de peatones y automovilistas. La inconformidad ciudadana no es nueva, sino una demanda que se ha acumulado con el paso de los aΓ±os.

Un caso particularmente irritante es el de los parquΓ­metros. Mientras cualquier conductor estΓ‘ obligado a depositar monedas para evitar una infracciΓ³n, los taxistas parecen vivir bajo un reglamento distinto. Los cajones son utilizados durante horas sin pagar un solo peso y, curiosamente, las sanciones brillan por su ausencia. La ley, que deberΓ­a aplicarse por igual para todos, parece encontrar excepciones inexplicables.

En este contexto, resulta positiva la reuniΓ³n sostenida entre el Director de GobernaciΓ³n Municipal, HΓ©ctor Cruz Calixto, y el reciΓ©n nombrado Delegado Regional de Movilidad, NicolΓ‘s Reyes DomΓ­nguez. SegΓΊn se informΓ³, uno de los temas abordados fue precisamente la problemΓ‘tica social derivada de las autorizaciones de bases de transporte y la necesidad de trabajar coordinadamente para regular el servicio y plantear proyectos de movilidad en beneficio del municipio.

Las palabras son alentadoras. Sin embargo, la ciudadanΓ­a ya estΓ‘ cansada de los anuncios y las fotografΓ­as para redes sociales. Lo que la gente exige son resultados visibles, acciones concretas y una autoridad capaz de hacer valer la ley sin privilegios ni excepciones.

La pregunta es inevitable: ΒΏserΓ‘ esta ocasiΓ³n diferente? ΒΏExistirΓ‘ la voluntad polΓ­tica para coordinar esfuerzos entre la SecretarΓ­a de Movilidad y la DirecciΓ³n de GobernaciΓ³n y poner orden en un problema que se ha prolongado por aΓ±os? ΒΏO estaremos ante otro funcionario que simplemente llegarΓ‘ a ocupar una oficina y calentar la silla mientras todo sigue igual?

Atlacomulco no necesita mΓ‘s discursos; necesita autoridad, regulaciΓ³n y decisiones. Porque el espacio pΓΊblico pertenece a todos, no a unos cuantos. Y porque gobernar tambiΓ©n significa tener la capacidad de enfrentar los problemas que otros prefirieron dejar intactos.

El tiempo, como siempre, tendrΓ‘ la ΓΊltima palabra.

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