Columna: SEMBRANDO CIENCIA
Por: Dr. en C. Juan Martín Talavera-González; Dra. en C. Sandra Blas-Yáñez
¿Sabías que no todos los virus son nuestros enemigos?
De hecho, los seres más abundantes y diversos de nuestro planeta no son animales ni plantas, sino los bacteriófagos (o simplemente "fagos"), unos virus que infectan exclusivamente a las bacterias. Aunque suene a ciencia ficción, estos minúsculos agentes están jugando un papel mucho más importante de lo que imaginábamos en un problema que nos afecta a todos: la resistencia a los antibióticos.
¿Qué son los bacteriófagos y qué hacen?
Imagina a un bacteriófago como un pequeño robot biológico diseñado para encontrar y entrar en una bacteria. Una vez dentro, tienen dos formas principales de actuar: pueden destruir la bacteria inmediatamente (ciclo lítico) o, más interesante aún, pueden integrarse silenciosamente en el ADN de la bacteria (ciclo lisogénico), permaneciendo dormidos hasta que las condiciones cambian. Aquí es donde comienza la preocupación. Durante este proceso, los fagos pueden recoger fragmentos del ADN de la bacteria que infectan. Si esa bacteria tenía genes que le permitían sobrevivir a los antibióticos (lo que llamamos genes de resistencia), el fago puede terminar cargando con esos genes y transportándolos a otras bacterias. Este fenómeno, conocido como transferencia horizontal de genes, es como si los virus estuvieran entregando "manuales de instrucciones" de resistencia a otras bacterias, convirtiéndolas en "superbacterias" capaces de evadir nuestros tratamientos médicos.
Un viaje del campo a nuestra mesa

Lo más revelador de las investigaciones actuales es que estos virus no actúan aislados; viven en todas partes, desde el suelo de cultivo y el agua, hasta los animales que consumimos. Se ha encontrado ADN de resistencia en phages dentro de productos como carnes (cerdo, pollo, res), leche cruda e incluso verduras frescas que consumimos habitualmente.
Esto no significa que debamos entrar en pánico al comer, pero sí subraya que la cadena alimentaria es una red interconectada. Prácticas como el uso de estiércol como fertilizante o el uso de antibióticos en la ganadería pueden estar alimentando esta dispersión silenciosa, creando entornos donde los virus facilitan que las bacterias intercambien herramientas de supervivencia.
¿Por qué esto es importante para nosotros?
La resistencia a los antibióticos es uno de los mayores desafíos para la salud pública mundial. Cuando las bacterias adquieren estas capacidades de resistencia, los medicamentos que utilizamos para curar infecciones comunes se vuelven menos efectivos. Entender cómo los bacteriófagos participan en este intercambio nos ayuda a ver el problema desde una perspectiva "One Health" (Una Sola Salud), reconociendo que la salud de los animales, el medio ambiente y los humanos está intrínsecamente ligada.
Mirando hacia el futuro

Afortunadamente, no todo son malas noticias. La misma capacidad de los bacteriófagos para interactuar con bacterias está siendo estudiada para combatirlas. La ciencia está avanzando hacia el uso de tecnología genómica avanzada para rastrear estos movimientos en tiempo real, lo que nos permitirá tomar mejores decisiones sobre cómo producimos nuestros alimentos y cómo manejamos el uso de antibióticos. La clave para el futuro reside en seguir investigando estas interacciones invisibles para proteger la eficacia de nuestra medicina moderna.

Referencia
Cadamuro, R. D., Elois, M. A., Pilati, G. V. T., Savi, B. P., Pessi, L., Jempierre, Y. F. S. H., Rodríguez-Lázaro, D., & Fongaro, G. (2025). Role of Lysogenic Phages in the Dissemination of Antibiotic Resistance Genes Applied in the Food Chain. Foods, 14(7), 1082. https://doi.org/10.3390/foods14071082




