EDITORIAL | d’interés
Hay tradiciones que pertenecen a los pueblos mucho antes de que quienes ocupan un cargo de elección popular descubran que pueden convertirse en una excelente fotografía política.

El Señor del Huerto es una de ellas.

Más de 250 años de historia, generaciones de familias, mayordomías, comunidades, danzantes, músicos, peregrinos y ciudadanos han hecho posible que esta celebración llegue hasta nuestros días. El propio Congreso del Estado de México reconoce oficialmente su valor histórico, cultural y comunitario.

Por eso resulta inevitable hacer una pregunta:

¿Por qué ahora?

El pasado 23 de septiembre, justamente en los días en que Atlacomulco vivía nuevamente su fiesta mayor, el Grupo Parlamentario del PVEM presentó ante el Congreso mexiquense una iniciativa para declarar la celebración tradicional del Señor del Huerto como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México. La propuesta fue presentada a nombre de la bancada por la diputada Alejandra Figueroa Adame, representante del Distrito XIII, con cabecera en Atlacomulco.
Aclaremos algo: reconocer y proteger esta tradición no es malo. Todo lo contrario.

Lo cuestionable es el momento y, sobre todo, la forma en que la política puede intentar acercarse a una tradición que no necesita políticos para existir.

Porque el Señor del Huerto no comenzó con esta Legislatura.

No comenzó con el PVEM.
No comenzó con Alejandra Figueroa.
Y tampoco terminará cuando cambie la Legislatura.

DOS AÑOS DE REPRESENTACIÓN Y UNA PREGUNTA PENDIENTE

Alejandra Figueroa llegó al Congreso del Estado de México en 2024 como diputada del Distrito XIII. El registro oficial del Poder Legislativo muestra que ha participado en iniciativas y que actualmente preside la Comisión de la Juventud y el Deporte, además de formar parte de otras comisiones.

Por eso sería incorrecto afirmar que durante estos dos años “no ha hecho absolutamente nada”.

Pero existe una pregunta que sí puede y debe hacerse desde el periodismo:

¿Cuáles son los resultados concretos que los habitantes del Distrito XIII pueden identificar de su gestión?
¿Cuántas gestiones llegaron a las comunidades?
¿Cuántos problemas locales fueron llevados al Congreso?
¿Cuántas de sus propuestas se convirtieron en acciones concretas?
¿Cuál ha sido el beneficio tangible para Atlacomulco y para los municipios que representa?

Esas son preguntas que corresponden a una representante popular responder.

Y son particularmente pertinentes cuando nos encontramos ya frente al horizonte electoral de 2027.

No sabemos si Alejandra Figueroa buscará la reelección.
No sabemos si será postulada nuevamente.
No sabemos siquiera si esa será su intención.
Pero sí sabemos que 2027 está cada vez más cerca.

Y precisamente por eso, la ciudadanía tiene derecho a mirar con lupa las acciones públicas de quienes podrían volver a pedirle su voto.
EL SEÑOR DEL HUERTO ES DEL PUEBLO

La iniciativa presentada en el Congreso habla de salvaguardar, preservar, transmitir y fortalecer los saberes y valores culturales asociados con esta celebración, además de involucrar a las comunidades portadoras de la tradición.

Perfecto.

Pero si verdaderamente se pretende proteger al Señor del Huerto, habrá que escuchar primero a quienes han mantenido viva esta tradición durante generaciones.

A los mayordomos.
A las comunidades.
A los danzantes.
A quienes organizan las entradas.
A quienes elaboran los arreglos florales.
A quienes acompañan las procesiones.
A quienes, año tras año, ponen tiempo, dinero, esfuerzo y fe para que septiembre vuelva a ser septiembre en Atlacomulco.

Porque ellos no descubrieron al Señor del Huerto cuando llegó una elección.

Ellos ya estaban aquí.

Y seguirán aquí cuando las campañas terminen.

QUE NO SE CONFUNDA RECONOCIMIENTO CON CAPITAL POLÍTICO

Reconocer el valor cultural de una tradición puede ser una acción institucional legítima.

Convertir esa tradición en capital político es otra cosa.

Y la diferencia está en los hechos.

Si la iniciativa prospera, si se concreta el reconocimiento y si realmente se establecen mecanismos para preservar la tradición, serán las instituciones y la sociedad quienes podrán valorar sus resultados.

Pero mientras tanto, sería saludable recordar algo:

El Señor del Huerto no necesita que un político le preste identidad a Atlacomulco.
Es Atlacomulco quien, durante generaciones, le ha dado identidad al Señor del Huerto.
Por eso, desde d’interés, creemos que la pregunta no debe ser quién se toma la fotografía con la tradición.

La pregunta debe ser:

¿Quién ha trabajado por Atlacomulco cuando no había cámaras, cuando no había elecciones y cuando nadie estaba buscando el voto?

Porque en 2027, si llega el momento de pedir nuevamente la confianza de los ciudadanos, las fotografías de septiembre no sustituirán los resultados de dos años.

Y el Señor del Huerto, afortunadamente, no le pertenece a ningún partido, a ningún diputado y a ningún candidato.

Le pertenece a su pueblo.
*AQUÍ LA INICIATIVA: https://www.congresoedomex.gob.mx/boletines/22fe3c37-2d49-4e0d-8b42-7e6380bd06c5

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