° Balacera en el estacionamiento de un establecimiento comercial deja preguntas sin respuesta en Atlacomulco

Editorial | Redacción d’interés
El pasado miércoles 2 de septiembre, alrededor de las 18:04 horas, una alerta movilizó a los cuerpos de seguridad ante el reporte de una balacera en el estacionamiento de un establecimiento comercial ubicado sobre el libramiento Jorge Jiménez Cantú norte, en Atlacomulco.
Al llegar al lugar, elementos de la Policía Estatal localizaron un automóvil Volkswagen con placas del estado de Querétaro. En el interior del vehículo, del lado del copiloto, se encontraba el cuerpo sin vida de un hombre con impactos de arma de fuego.
Hasta ahí, los hechos.
Lo que sigue es precisamente lo que preocupa.
Al momento de redactar este editorial, no existe, al menos de manera pública, una explicación oficial de las autoridades de seguridad o procuración de justicia que permita a los habitantes de Atlacomulco conocer qué ocurrió realmente.
Y cuando un hecho de esta naturaleza ocurre en un sitio público, a plena tarde y en una zona de circulación cotidiana, el silencio institucional no contribuye a recuperar la tranquilidad de la población.
Por el contrario: deja espacio para la incertidumbre.
¿Qué ocurrió?
Existen fotografías tomadas en el lugar de los hechos que muestran, aparentemente, numerosos impactos de arma de fuego en la zona del conductor del vehículo. En otra de las imágenes se observan diversos cartuchos percutidos.
No corresponde a un medio de comunicación determinar, a partir de fotografías, cuántos disparos se realizaron, qué arma fue utilizada, cuántas personas participaron o cuál fue el móvil.
Eso le corresponde a las autoridades ministeriales y periciales.
Precisamente por eso resulta preocupante que, después de varias horas y ya transcurridos días desde el acontecimiento, la ciudadanía no tenga información oficial sobre el caso.
¿Se trató de un intento de robo?
¿Fue un ataque directo?
¿Existe alguna línea de investigación relacionada con delincuencia organizada?
¿Se trató de un hecho aislado?
¿Hay personas identificadas o detenidas?
¿Se cuenta con información sobre los responsables?
¿El vehículo y la víctima tenían algún antecedente que ayude a explicar lo sucedido?
Son preguntas legítimas.
Y no son preguntas que deba responder un rumor en Facebook, un mensaje de WhatsApp o una publicación anónima en redes sociales.
Son preguntas que deberían responder las instituciones encargadas de garantizar la seguridad y procurar justicia.
El silencio no evita los rumores
Uno de los mayores problemas que genera la falta de información oficial es que el vacío rápidamente es ocupado por versiones no confirmadas.
En redes sociales comienzan a circular nombres, supuestos móviles, versiones sobre los responsables y explicaciones de todo tipo.
Algunas pueden ser ciertas.
Otras pueden ser completamente falsas.
Pero mientras las autoridades guardan silencio, todas encuentran el mismo terreno para propagarse: la incertidumbre.
Y en materia de seguridad pública, la incertidumbre también tiene consecuencias.
Una sociedad que no recibe información clara termina preguntándose si las autoridades saben qué ocurrió, si tienen identificados a los responsables o si simplemente prefieren no hablar del tema.
Informar no significa revelar una investigación
Conviene hacer una precisión.
Solicitar información oficial no significa exigir a la Fiscalía que revele detalles que puedan poner en riesgo una investigación, ni mucho menos publicar información que pudiera afectar el debido proceso.
Pero existe una diferencia enorme entre revelar una carpeta de investigación y comunicar a la ciudadanía los datos básicos de un acontecimiento de esta magnitud.
La autoridad puede informar, por ejemplo, que existe una investigación abierta, que se realizan peritajes, que se trabaja en determinadas líneas de investigación, que no hay personas detenidas hasta ese momento o que se cuenta con determinados elementos para avanzar en el esclarecimiento.
Eso es comunicación institucional.
Eso es rendición de cuentas.
Eso también es generar confianza.
Atlacomulco merece respuestas
No se trata de alimentar el miedo.
Tampoco de convertir un hecho violento en un espectáculo.
Mucho menos de especular sobre la identidad de la víctima o de los posibles responsables.
Se trata de algo mucho más elemental:
La ciudadanía tiene derecho a saber qué está ocurriendo en su comunidad.
Si fue un hecho aislado, que se diga.
Si existe una investigación en curso, que se informe.
Si hay responsables identificados, que las autoridades lo comuniquen cuando legalmente sea posible.
Si no existen detenidos, también es información.
Y si todavía no hay respuestas, la ciudadanía merece saber que las autoridades están investigando y cuáles son los pasos que se están siguiendo.
Porque la seguridad no se construye únicamente con patrullas, operativos y policías en las calles.
También se construye con información, transparencia y confianza.
Lo ocurrido el 2 de septiembre en el libramiento Jorge Jiménez Cantú norte no debería convertirse simplemente en otro expediente más que termine perdido entre estadísticas.
Y tampoco debería quedar sepultado bajo el silencio.
Atlacomulco necesita saber qué pasó.
No para alimentar rumores.
No para señalar culpables sin pruebas.
No para generar pánico.
Sino para recuperar algo que también es fundamental para una comunidad: la certeza de que sus instituciones están presentes, informan y hacen su trabajo.
Porque cuando las autoridades no hablan, otros hablan por ellas.
Y en materia de seguridad, ese vacío puede ser tan peligroso como la propia incertidumbre.
*Nota relacionada: https://www.facebook.com/photo?fbid=1480980407390766&set=a.59562116592669

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