° Del "Milagro Mexicano" a la era digital: cómo ha cambiado el país en más de medio siglo de historia mundialista
En 1970, México sorprendía al mundo al convertirse en el primer país latinoamericano en organizar una Copa del Mundo tras haber sido sede de los Juegos Olímpicos de 1968. Dieciséis años después, en 1986, volvió a levantar la mano para rescatar el torneo luego de la renuncia de Colombia. En 2026, nuevamente será protagonista, aunque ahora como coanfitrión junto con Estados Unidos y Canadá.
Sin embargo, detrás del balón y la fiesta deportiva, cada Mundial ha encontrado a México en contextos económicos, políticos y sociales profundamente distintos.
1970: Optimismo económico y dominio político
Cuando Pelé levantó la Copa del Mundo en el Estadio Azteca, México vivía todavía los últimos años del llamado “Desarrollo Estabilizador” o “Milagro Mexicano”, una etapa caracterizada por crecimiento económico sostenido, inflación moderada y estabilidad cambiaria. El país mantenía tasas de crecimiento cercanas al seis por ciento anual y proyectaba una imagen de modernidad.
Políticamente, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ejercía un control prácticamente absoluto sobre la vida pública. Gustavo Díaz Ordaz terminaba su mandato y Luis Echeverría se preparaba para asumir la Presidencia. La sombra de la represión estudiantil de 1968 seguía presente, aunque el Mundial contribuyó a mostrar una imagen de estabilidad ante el exterior.
Socialmente, México era un país predominantemente joven y rural, con una población cercana a los 50 millones de habitantes. La televisión en color y la transmisión satelital permitieron que aquella Copa del Mundo fuera considerada una de las más innovadoras de la historia.
1986: Un Mundial en medio de la crisis
La segunda Copa del Mundo encontró a México en circunstancias radicalmente diferentes.
Miguel de la Madrid gobernaba un país golpeado por la crisis de la deuda externa, la caída de los precios del petróleo y una inflación elevada. La economía atravesaba uno de los momentos más difíciles del siglo XX, con severos ajustes y deterioro del poder adquisitivo.
Un año antes del torneo, el terremoto del 19 de septiembre de 1985 había dejado miles de muertos y evidenciado las limitaciones del Estado. Paradójicamente, aquella tragedia impulsó una inédita organización ciudadana y fortaleció la participación de la sociedad civil.
En el ámbito político, el PRI continuaba gobernando sin alternancia y concentraba el poder en prácticamente todas las instituciones. A pesar de ello, comenzaban a surgir movimientos opositores y demandas de apertura democrática.
Aun en medio de la adversidad económica y de la reconstrucción tras el sismo, México logró organizar uno de los Mundiales más recordados, inmortalizado por Diego Armando Maradona y la denominada “Mano de Dios”.
2026: Entre la modernidad y los nuevos desafíos
Cuarenta años después, México volverá a recibir una Copa del Mundo, pero en un contexto completamente distinto.
La presidenta Claudia Sheinbaum encabeza un país con una economía más diversificada y menos dependiente del petróleo que en los años ochenta. Sin embargo, el crecimiento económico es reducido y persisten desafíos relacionados con la incertidumbre internacional, las tensiones comerciales y la desigualdad social.
En materia política, el país vive una etapa marcada por una fuerte concentración de poder en torno al movimiento gobernante, fenómeno que algunos analistas comparan con prácticas observadas durante el antiguo régimen priista.
Socialmente, México supera los 130 millones de habitantes, es mayoritariamente urbano y cuenta con una sociedad más conectada, participativa y diversa. Sin embargo, problemas como la inseguridad, la desigualdad y las dificultades económicas continúan presentes.
A diferencia de 1970 y 1986, el Mundial de 2026 será compartido con Estados Unidos y Canadá. México albergará únicamente 13 partidos, aunque se convertirá en el primer país del mundo en ser sede de tres Copas del Mundo.
Tres Mundiales, tres épocas
Si en 1970 predominaba el optimismo del llamado “Milagro Mexicano”, en 1986 la Copa se disputó en medio de una profunda crisis económica y de la reconstrucción nacional tras el terremoto de 1985.
En 2026, el escenario es distinto: México llega con instituciones más plurales, una economía más abierta y una sociedad más exigente, pero también con retos persistentes en materia de crecimiento, seguridad y desigualdad.
La historia demuestra que cada Mundial ha sido mucho más que una competencia deportiva. En cierto modo, las Copas del Mundo han servido como un espejo del país: reflejan sus fortalezas, sus contradicciones y las transformaciones de una nación que, por tercera ocasión, volverá a colocarse ante los ojos del planeta.

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