Columna: ANECDOTARIO DE MI PUEBLO
Por Juan Montiel Flores*
Relativamente pocos paisanos conocemos la eficiente, vasta y patriótica labor realizada en el campo de la medicina por nuestro coterráneo bacteriólogo e investigador por excelencia, el Dr. Octaviano González Fabela; pero es suficiente saber que por sus sólidos estudios, a los que agregó su clara inteligencia y férrea voluntad, consiguió ejercer la carrera de medicina al obtener, brillantemente, en su examen final el título de médico cirujano en la Escuela Nacional de Medicina, los días 6 y 7 de septiembre de 1895. Corramos el telón para descubrir, aunque sea someramente, los datos biográficos de este personaje excepcional que dio prestigio y grandeza al apellido, como a su lugar de origen.
En 1896 la Secretaría de Guerra y de Marina lo nombró teniente coronel médico cirujano, comisionado en la Escuela Médico Militar, encargado de la enfermería militar de Acapulco. Salubridad Pública, a la vez, lo nombró delegado del Consejo Superior de Salubridad en Acapulco, de junio de 1896 a enero de 1897. Los cargos públicos que ejerció continúan: en 1899 como médico inspector sanitario en el distrito de Guadalupe Hidalgo; se le nombra médico vacunador auxiliar; de diciembre de 1899 a abril de 1912 es el encargado del laboratorio de bacteriología, de cuya materia se apasiona, pues se empieza a proyectar e instalar el laboratorio, organizar el servicio antirrábico y de desinfección, realizar el estudio bacteriológico del agua de los manantiales de Chapultepec y Xochimilco para establecer la captación de agua potable en la capital.

Mientras esto sucede se da tiempo para seguir aprendiendo los idiomas inglés y francés, los cuales ya dominaba; por tal motivo la Secretaría de Gobernación lo comisiona para asistir a las reuniones de la Asociación Americana de Salubridad Pública; contribuye en Búffalo, N. Y., con un estudio comparativo sobre los procedimientos seguidos en París y en Boston para la investigación del bacilo Coli en las aguas. En la Universidad de Harvard, Boston, toma un curso de bacteriología y a su regreso a México establece el servicio de bacteriología para investigaciones gratuitas de tuberculosis, difteria, tifoidea y paludismo.

El 4 de junio de 1902 presentó en la Escuela Nacional de Medicina su oposición para cubrir una plaza para profesor titular en la clase de primer curso de bacteriología; su trabajo fue acerca de la biología general de las bacterias, habiendo sido nombrado profesor adjunto, cátedra que ocupó hasta junio de 1910.

En diciembre de 1902 realiza los diagnósticos bacteriológicos de enfermedades sospechosas de peste bubónica en Mazatlán y Ahome, Sin. En 1903 la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes lo comisiona para comprar en Nueva York microscopios, incubadoras y útiles necesarios para instalar el laboratorio de bacteriología en la Escuela Nacional de Medicina.

En Washington, D.C. presentó un trabajo sobre bacteriología y clínica de la peste bubónica y de regreso en México instaló el laboratorio de bacteriología para las prácticas individuales de los alumnos. En septiembre del mismo año 1903 realiza los diagnósticos sobre la peste bubónica en Acachuén, Michoacán.

En 1906, por concurso en la Academia de Medicina de México, obtuvo el nombramiento de socio titular en la Sección de Bacteriología, con la tesis denominada Contribución al estudio de las enfermedades de los animales del laboratorio, el 30 de mayo de ese año.

En 1907 es nombrado socio honorario de la Alliance Scientifique Universelle. En 1908 la Junta Privada de Salubridad, en la Cd. de México, lo nombra miembro activo; escribió entonces Importancia del examen bacteriológico para el diagnóstico de la difteria.
En 1909, en Richmond, Virginia, presentó otro trabajo sobre la Importancia de investigar el hematosuario de Laveran en preparaciones frescas y adquirió para la Escuela de Medicina el ultramicroscopio y la enseñanza para los alumnos.

En 1910 la Secretaría de Instrucción Pública lo nombra bacteriólogo interino del Instituto Patológico Nacional, de marzo de dicho año a agosto de 1911; ahí fundó y dejó establecida la práctica de la suero-reacción de Wassermann, por el procedimiento vienés; fue el primero que siguió esta técnica en México.
De 1910 a 1917 es profesor titular de bacteriología en la Escuela Nacional de Medicina. En noviembre y diciembre de 1910 estudió y aconsejó las medidas convenientes que debían aplicarse para combatir la epidemia de escarlatina desarrollada en Jalapa, Ver.

En abril de 1911 la Secretaría de Instrucción Pública lo comisiona para representar al gobierno mexicano (por invitación del gobierno de China) en el concurso de facultativos para estudiar la peste bubónica en Mukden, Manchuria; concursó con nuevas enseñanzas que le sirvieron sobremanera para combatir eficazmente la peste bubónica que asoló en la segunda década del presente siglo al estado de Veracruz; de mayo a julio de 1920, como comisionado especial, organizó la campaña y dictó medidas conforme a las convenciones, leyes y reglamentos de salubridad, basado también en que en 1911 en Europa había perfeccionado sus conocimientos bacteriológicos y en Berna, Suiza, complementó estudios sobre las enfermedades infecciosas.

Para dotar al Instituto Antirrábico Nacional trajo del Instituto Pasteur de París dos cerebros de conejo inoculados con el virus rábico, fijado y conservado desde las experimentaciones de Pasteur.
En abril de 1912 se le nombra vocal del Consejo Superior de Salubridad, cargo que ocupa hasta enero de 1918. De octubre de 1914 a enero de 1918 Salubridad Pública lo nombra director del Instituto Bacteriológico Nacional.

En 1915 la Academia de Medicina lo designó miembro de la Comisión para hacer las investigaciones acerca del Bacilus Typhi Exantematici de Plotz, en varios casos de tifo, de la epidemia de los años de 1915 y 1916.

En mayo de 1917 la Escuela Nacional de Medicina lo nombra profesor titular de microbiología, cargo que ocupa hasta marzo de 1926, año en que renunció por enfermedad.
Realizó trabajos periodísticos sobre sus amplios conocimientos de medicina, publicó artículos en el periódico de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Nacional de Medicina. De enero de 1923 a 1927 fue profesor del primer curso de patología médica en la Escuela Médico Militar.

Para 1924 el C. Presidente de la República (Álvaro Obregón) le encarga estudiar la reglamentación del Decreto Presidencial referente a la campaña contra la tuberculosis.

La importante compañía de seguros La Nacional lo nombra médico examinador en México, D.F.
En 1925, cuando su sobrino el Dr. Ernesto González Mercado se recibe de médico cirujano en forma brillante, tomando su ejemplo, la Secretaría de Gobernación lo comisiona para dar nueva organización y estructura a los diferentes servicios del Departamento de Salubridad en los puertos de Veracruz y Tampico, y la Secretaría de Salubridad Pública lo nombra consejero técnico de la Sección Técnica del Departamento de la propia Secretaría de enero de 1925 a diciembre de 1926.

Finalmente, de enero de 1927 al 6 de septiembre de 1928, en que fallece, tuvo el cargo de jefe bacteriólogo del laboratorio central.

Considerar las fecundas y sabias enseñanzas que prodigó a sus alumnos y el beneficio que recibió el conglomerado mexicano con sus campañas sanitarias contra la peste bubónica en Veracruz, Mazatlán, Ahome, Sin., y en Acachuén, Mich.; el combate a la epidemia de escarlatina en Jalapa, Ver., y la pronta aplicación de la vacuna del tifo durante 1915 y 1916, cuya epidemia (influenza española) asoló pueblos sin protección como el norte y centro del Estado de México y la Ciudad de México.
Toda esa labor constante desarrollada por este eminente investigador científico y emérito maestro bacteriólogo nuestro, eximio paisano, el Dr. D. Octaviano González Fabela, es muy digno y merecedor de que se le recuerde en este salón dedicado a los coterráneos que dan brillo y prestigio a su tierra, al Salón al Mérito, merecimiento conquistado con su luminosa y ejemplar vida.

Tengamos presente, hoy y para siempre, la procedencia y raíz de esta distinguida familia cuyo tronco se establece a partir de los esposos Sr. D. Julián González Velasco y doña Margarita Fabela Vélez, cuyos hijos fueron: Natalia, Apolonia, Librado, Nicolás y Octaviano, nuestro preclaro homenajeado.

Entonces ya podemos seguir en el orden natural de descendencia y, por lo que conozco, iniciamos con D. Nicolás González Fabela, quien se casó con doña María Mercado Velasco y sus hijos fueron en orden cronológico: Elvirita, casada con el Sr. don Wistano Cordero; Dr. Ernesto, que se casó con doña Margarita González Mercado; Julita, desposada con el Sr. Lic. Jesús Díaz Montiel; Lic. Enrique, quien se casó con doña Guadalupe Izunsa; Margarita, casada con el Sr. don Alfredo del Mazo Vélez; Sarita, que se casó con el Sr. don Luis Montiel Zaldivar, y la maestra normalista Mariquita, quien se casó con el Sr. don Felipe Flores.

Descendencia del Sr. Dr. don Octaviano González Fabela, desposado con doña Concepción Méndez, sin conocer el orden de su nacimiento: Margarita, Carlota, Sofía, María Luisa, Concepción y el conocido Dr. Julián González Méndez q.e.p.d.; todos ellos terminaron estudios superiores.

Enorgullézcanse quienes traen en sus venas la sangre de aquel tronco empírico de los González Fabela e imiten sus virtudes, a fin de que sigan dando brillo y honor no sólo a Atlacomulco sino a la patria misma, tal como lo hizo nuestro homenajeado.

*Extracto del libro Un Laurel al Mérito de Juan Montiel Flores

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