Por Jesús Ariel Pérez Jiménez

  • Don ARIEL PÉREZ BACA, se distinguió por su virtud en grado eminente y como servidor de nuestra Patria y de la humanidad con gran altruismo y solidaridad. Por ello, en el marco de los 201 años de la fundación de Atlacomulco como municipio, le fue otorgada la Presea «Lic. Isidro Fabela Alfaro» en la categoría Post Mortem, misma que le fue entregada a la Señora Adela Jiménez Alcántara.
Señora ADELA JIMÉNEZ ALCÁNTARA / Fotografía Ayuntamiento de Atlacomulco 2025-2027

EL INICIO

Ariel Pérez Baca, nació en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, en 1938, y por cuestiones laborales llega a radicar a Atlacomulco, Estado de México en 1972 como gerente de una línea de transportes.
Es en su constante transitar por las carreteras de la región y al haber sido testigo de varios accidentes sin que nadie acudiera en ayuda, como decide aprender primeros auxilios y poder ayudar a las personas en caso de emergencia. De esta manera comienza un ir y venir al municipio de Cuautitlán para capacitarse como socorrista.
Después de 2 años de estar ayudando por su cuenta a los accidentados y heridos de todo tipo y en todo momento, decide realizar todas las gestiones, trámites y registros para establecer y fundar una delegación de la Cruz Roja en Atlacomulco, con el aval y el reconocimiento de la Cruz Roja Mexicana, sede nacional.
De allí que sea el fundador de la Cruz Roja Mexicana, delegación Atlacomulco, aun y cuando años antes algunas buenas personas ofrecieron servicio de emergencia con el emblema y credenciales firmadas por el Lic. Isidro Fabela, porque no olvidemos que la Cruz Roja no es una institución del gobierno; es una institución de asistencia privada no gubernamental, humanitaria, imparcial, neutral e independiente. Pero esa es otra historia.

DE SU BOLSA

Es en 1974 que, con recursos propios, en un local prestado a la entrada viniendo de Toluca, su automóvil particular (un Ford Galaxie 1970, me parece. Conocedores: ayúdenme a identificarlo, por favor), una camioneta pick up (autorizada por su dueño para prestar ayuda), así como una camioneta tipo guayín (me parece que de la Chevrolet. Otra vez: ¡Ayuda!), prestada por uno de los primeros socorristas, fue con los cuales dio incio el servicio de atención a emergencias.
Pocos años después el local fue requerido por sus dueños, y la naciente Delegación fue trasladada a la casa de Don Ariel, primero en una casa rentada y luego cuando pudo construir una casita propia con su sueldo de gerente de la línea de transporte, allí prestó una de las plantas (a veces la de abajo y a veces la de arriba). Cabe resaltar que estos bienes los mantuvo prestados por más de 20 años, sin recibir pago, sueldo, compensación o gratificación alguna.
Es relevante señalar que el primer cuerpo de socorristas fue integrado con su propia familia: su esposa, la Señora Adela Jiménez Alcántara, y sus primeros cuatro hijos: Guadalupe Artemisa, Jesús Ariel, Emilio y Alberto, así como un puñado de jóvenes y adolescentes entusiastas y deseosos de ayudar a quien lo requiriera.
Poco tiempo después, el hijo menor de Don Ariel y Doña Adela: Juan Manuel, también se unió al propósito de ayudar, con lo que toda la familia servía en forma voluntaria. Con el devenir de los años se sumaron muchos hombres y mujeres del municipio y de la región, ¿cuántos?, no lo sé, habría que hacer muchas cuentas.

LA COMUNICACIÓN CON CB

En aquellos ayeres no existían los teléfonos celulares, así que los radios de banda civil (CB) fueron la red de comunicación para informar de algún accidente y para acudir a brindar el servicio y a apoyar abanderando y señalizando el lugar: Pollito Amarillo, Acuario, Colibrí, 7 de cobre, z cero, Potro Blanco, Pegaso, Cometa rojo, Base disney, Base nevado, son algunos de los 10-28 (Clave, Apodo, Sobrenombre. Código 10 de Banda Civil) de solidarias, colaboradoras y dispuestas buenas personas de la región. ¿Y quiénes más?

EL HOMBRE, EL SOCORRISTA

Él nunca quiso pertencer al Consejo Directivo de la Cruz Roja, siempre invitó a destacadas personalidades de Atlacomulco y alrededores, para que esas personas se encargaran de la administración y los recursos, y así no se prestara a malas interpretaciones. Ariel Pérez Baca siempre estuvo en el área operativa: prestando servicio y ayudando directamente a las personas.
El Cmte. Ariel Pérez Baca, fue socorrista, bombero práctico, instructor nacional de socorrismo, técnico en desastres y paramédico; subdelegado estatal de la Cruz Roja Mexicana en al menos dos ocasiones; coordinador Estatal de Socorristas; Coordinador Estatal de Veteranos; comandante del Cuerpo de Socorros, Ambulancias y Servicios de Emergencia de la Delegación de la Cruz Roja en Atlacomulco por más de 25 años, y, lo más importate para él: altruista de corazón por 46 años.
Dio socorro a miles de ciudadanos y expuso su vida en la atención de cientos de accidentes y llamadas de auxilio, así como en desastres naturales y sociales, en la comunidad, la región, el estado y el país, desde 1972 a 2020: choques, volcaduras, atropellados, caídos, electrocutados, golpeados, quemados; descarrilamiento de trenes, caída de plaza de toros, intoxicaciones masivas, tumultos, terremotos, inundaciones, huracanes, explosiones, incendios, amenaza de erupción volcánica, accidentes múltiples, autobusazos y un largo etcétera.
Su casa siempre estuvo de puertas abiertas a todos los socorristas que allí encontraron un plato en la mesa y una cama donde descansar. Muchos de ellos lo consideran como un segundo padre porque además de asistirlos, también les enseñó y contribuyó en su formación como personas de bien. ¿Que era de carácter fuerte? Sí. ¿Que le gustaba el orden, la disciplina y la responsabilidad? Sí. ¿Que siempre parecía que estaba enojado? Sí. Aunque muchas veces no lo estaba, y, por supuesto, que sabía reir.

VUELTA A LA PÁGINA

En el año 2020 participa en la fundación de la Comisión Nacional de Emergencia, delegación Atlacomulco. Así como por años colaboró en el establecimiento y consolidación de los Servicios de Urgencias del Estado de México (SUEM), en Atlacomulco; de las delegaciones de Cruz Roja en El Oro y Tlalpujahua, entre otras. Y muchos socorristas y paramédicos que prestan sus servicios en estas instituciones o en Protección Civil, reconocen y agradecen la vida y obra del Comandante Ariel Pérez Baca y lo que en ellos dejó.
Recuerdo algunos de sus dichos que eran muestra de sabiduría:
  • Cada que recorro y conozco más esta carretera, la circulo más despacio”.
  • El secreto de una buena lavada es una buena secada”.
  • Traten con respeto y amabilidad al lesionado”.
  • “¡Ah que la que se cayó por asomarse!”.
Ayúdénme a recordar algunas otras, por favor.

CUANDO LA VIERON CERCA

El comandante Pérez Baca dio su tiempo, su familia, sus pertenencias y casi su vida sufriendo un intento de linchamiento al acudir al auxilio de quienes lo requerían, por ayudar en forma altruista y desinteresada en aras de la humanidad.
Les comparto la siguiente narración de un hecho poco conocido en la vida del comandante y de la delegación. A él no le agradaba contarla, sin embargo, considero que es necesario que también ustedes lo sepan, porque fue verídico y para que quiera Dios y no vuelva a repetirse. Manifiesto también que no pedí autorización a los participantes, por lo que les ofrezco una disculpa de antemano.
Eran las 18:30 horas del día 5 de abril de 1984, no tenía mucho tiempo que habían llegado a cubrir su guardia voluntaria a la Cruz Roja en Atlacomulco, México, los socorristas que recién salían de su escuela, de sus trabajos.
5 minutos después, la Señora Adela Jiménez, Jefe de Guardia recibió comunicación verbal por parte de un Policía Judicial del Estado, quien reportó que había varios heridos por bala, en una comunidad de un municipio vecino.
Inmediatamente el Comandante Ariel Pérez Baca dio la orden para que las ambulancias 4 y 5, con el personal presente acudieran a brindar el auxilio solicitado. Tomando sus cascos protectores y colocándose sus petos con una cruz roja al centro sobre los uniformes, en la unidad Núm. 4 iban Filiberto Colín al volante, Roberto Martínez, Gerardo Ayala y Ernesto Martínez, al mando de Alberto Pérez iniciaron la marcha; seguidos por la unidad Núm. 5 al mando del Comandante Ariel Pérez Baca y con el personal Carlos Sánchez y José Carlos Colín.
Cerca de las 18:45 horas cruzaron con las sirenas abiertas y las torretas encendidas, por la cabecera municipal vecina y enfilaron hacia el lugar. 20 minutos después arribaron a la comunidad donde había muchas personas, así como varias patrullas y elementos de la policía municipal, de la estatal y de la Judicial del Estado. Mujeres y niños gritaban, los hombres se insultaban y los machetes, palas, picos, palos y piedras estaban por todas partes.
Cuando llegaron las ambulancias de la Cruz Roja, identificadas con los emblemas internacionales, fueron interceptadas por la turba y comenzaron a golpearlas y a insultar al personal, siendo bajados entre empujones gritándoles: “¡¿Quién les dijo que vinieran?!” “¡¿A qué vinieron con sus sirenas?!” “¡De aquí no se llevan a nadie!” “Nosotros curamos nuestros heridos y enterramos nuestros muertos”.
Para acto seguido ser llevados a una gran cisterna vacía, donde fueron obligados, entre golpes, a introducirse.
“¡¡Quémenlos, quémenlos a todos!!”
Y entonces acercaron bidones de gasolina para arrojarlos a la cisterna con los 8 socorristas allí atrapados.
La gente estaba enardecida y los bidones con gasolina se acercaron a la cisterna. Es el Sr. Ariel Pérez Baca, quien en repetidas ocasiones solicita y logra hablar con algunos de los líderes de los habitantes, haciéndoles saber su función y el motivo de su presencia en el auxilio de personas que lo necesitaran, y solicitando una y otra vez que dejaran retirarse a los socorristas que nada tenían que ver con lo que allí estaba pasando.
Recuerda Alberto Pérez que les decía que, si en las guerras respetaban a la Cruz Roja, que por qué ellos no, que debían hacerlo. También recuerda que un profesor de la comunidad intentaba hacerlos entrar en razón.
Mientras la gente deliberaba, el Sr. Ariel Pérez Baca confortaba y daba ánimos a los socorristas, con lo que logró mantener la calma entre su personal, el cual ya se encontraba profundamente afectado por la situación, los gritos, las amenazas y el intento de rociarlos con gasolina y prenderles fuego.
Finalmente, y después de cuatro horas de estar secuestrados y amenazados de muerte, gracias a la prudencia, a la responsabilidad y a la pertinencia del Comandante Ariel Pérez Baca, y del profesor, fueron dejados en libertad, no sin antes arrojarles piedras y palos mientras se retiraban hacia los vehículos de emergencia.

EL LEGADO

Pero ello no desanimó a Don Ariel para continuar brindando sus servicios y su ayuda por muchos años más. Incluso, algunos de sus nietos y nietas también han sido, y son voluntarios en los servicios de emergencia.
Por sus actos de heroísmo, altruismo, solidaridad y entrega a la patria, por cerca de 46 años, es de hombres y mujeres de bien, el reconocer en Ariel Pérez Baca un émulo para las generaciones actuales y futuras.
El comandante Ariel Pérez Baca, partió a su encuentro con nuestro Padre Dios, a través de Jesucristo nuestro Señor, el miércoles 21 de septiembre del año 2022, a las 7:30 de la mañana.
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