Columna ANECDOTARIO DE MI PUEBLO
Por Antonio Corral Castañeda*
° Inaugurado el 15 de mayo de 1945 por el entonces gobernador Isidro Fabela, el edificio surgió de un proyecto que implicó la búsqueda de un terreno adecuado y un acuerdo entre particulares y autoridades
El Palacio Municipal de Atlacomulco es mucho más que la sede del gobierno local: es parte de la memoria histórica de una ciudad que, a mediados del siglo XX, comenzó a transformar el corazón de su cabecera municipal.

Para conocer los antecedentes de esta construcción, es necesario remontarse a 1868, año en que, de acuerdo con el profesor Antonio Corral Castañeda, se edificó el primer Palacio Municipal de Atlacomulco. Era una construcción modesta, ubicada al sur de la actual plazoleta “Lic. Isidro Fabela”, con su frente hacia los portales. En aquella época, las oficinas del Ayuntamiento eran conocidas como Casas Consistoriales.
Décadas después, durante el gobierno de Isidro Fabela Alfaro al frente del Estado de México (1942-1945), surgió la intención de dotar a Atlacomulco de un edificio municipal moderno, decoroso y funcional, acorde con las necesidades de la población.
UN PROYECTO QUE NECESITABA UN TERRENO
La primera alternativa contemplaba construir el nuevo inmueble en un terreno anexo al templo parroquial. Incluso se realizaron gestiones ante la Dirección General de Bienes Nacionales y se obtuvo autorización para utilizar ese espacio. Sin embargo, posteriormente se consideró más conveniente ubicarlo en el centro de la población.

El lugar elegido fue el área que entonces ocupaba la conocida Plazuela de la Pelota, también llamada Plazuela de la Unión, donde existía una cancha de básquetbol. El sitio tenía una ubicación estratégica, pero su superficie no era suficiente para desarrollar el proyecto, por lo que fue necesario buscar un predio contiguo.
Ese terreno pertenecía a don Justo Monroy, quien tenía instalado allí un taller y un molino de nixtamal que funcionaba desde 1931. De acuerdo con la narración de Corral Castañeda, el predio había pertenecido originalmente a don Nicolás González Fabela y, posteriormente, fue vendido por don Luis Montiel Zaldívar a don Justo Monroy.
UN ACUERDO PARA HACER POSIBLE LA OBRA
La adquisición del terreno no fue sencilla. En las primeras negociaciones, el entonces presidente municipal, C. Eduardo Velasco Yáñez, se encontró con la negativa de don Justo Monroy a vender el inmueble, pues representaba su patrimonio y su principal fuente de trabajo.
Ante la dificultad para llegar a un acuerdo, intervinieron don Alfredo del Mazo Vélez, entonces secretario general de Gobierno, y don Maximino Montiel. Después de analizar distintas alternativas, se alcanzó una solución: don Justo Monroy cedería el predio que ocupaba su taller y recibiría a cambio otro terreno con una superficie aproximada al doble de la que entregaba.

El espacio ofrecido como compensación pertenecía a don Maximino Montiel y se encontraba en el paraje conocido como “La Garita”. Además, según relata el profesor Corral, Alfredo del Mazo le ofreció a Monroy un empleo en el Gobierno del Estado de México, como inspector de equipos de impulsión mecánica, dependiente del Departamento del Trabajo y Previsión Social.
Con este acuerdo se resolvió uno de los principales obstáculos para reunir la superficie necesaria y dar paso a la construcción del nuevo edificio.
CONSTRUCCIÓN E INAUGURACIÓN EN 1945

Una vez asegurado el terreno, comenzó la edificación del Palacio Municipal. El responsable directo de la obra y de la elaboración de los planos fue el señor José Concepción Becerril Montiel.

La construcción se realizó en un periodo que el autor describe como razonablemente corto y tuvo un costo total de 194 mil 149 pesos con 26 centavos, de acuerdo con los datos consignados en su relato histórico.

El nuevo Palacio Municipal fue inaugurado el 15 de mayo de 1945, a las 12:00 horas, por el entonces gobernador del Estado de México, licenciado Isidro Fabela Alfaro, durante una visita a su tierra natal.
La obra representó un cambio importante en la imagen del centro de Atlacomulco. Sin embargo, también significó la desaparición de la antigua Plazuela de la Pelota, espacio que durante años había servido como lugar de recreación y encuentro para los habitantes. De aquel sitio tradicional quedó el recuerdo preservado en la memoria de la comunidad y en los testimonios históricos.
UN EDIFICIO QUE HA CAMBIADO CON EL TIEMPO

Desde su inauguración, el Palacio Municipal ha experimentado modificaciones y ampliaciones para responder a las necesidades de una administración pública en crecimiento. Entre ellas, el profesor Corral Castañeda destaca las realizadas entre 1985 y 1987.

A pesar de esas intervenciones, señala que se procuró conservar el tipo de arquitectura y los acabados originales del inmueble. No obstante, el crecimiento de las actividades administrativas terminó por rebasar la capacidad del edificio.

MEMORIA DE LA HISTORIA LOCAL
La historia de la construcción del Palacio Municipal permite entender que los edificios públicos no surgen únicamente de una decisión de gobierno. Detrás de ellos existen proyectos, negociaciones, intereses particulares y acuerdos que dejan huella en la transformación de las ciudades.

Hoy, el Palacio Municipal permanece como un punto de referencia del centro de Atlacomulco y como testimonio de una etapa en la que se buscó dotar al municipio de una sede de gobierno acorde con su tiempo.

Esta reseña se basa en el relato del profesor Antonio Corral Castañeda, incluido en su libro Atlacomulco, sus fiestas, tradiciones, costumbres y anécdotas, obra que contribuye a preservar la memoria de los espacios, personajes y acontecimientos que forman parte de la historia local.

*Nota relacionada: https://revistadinteres.com.mx/2025/05/02/plazuela-de-la-pelota-conocida-tambien-como-plazuela-de-la-union/





