Columna PULSO SOCIAL
Por Arturo Allende González*
El 8 de septiembre de 2026 se publicaron los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés). Los puntajes obtenidos por nuestro país en la evaluación correspondiente a 2025, se perciben sumamente preocupantes, aun considerando los cuestionamientos que en torno a la prueba PISA se han formulado desde diversas posiciones: gubernamentales y académicas.

La prueba PISA tiene como propósito determinar en qué medida los estudiantes de 15 años, que están por concluir o han concluido su educación básica, han adquirido los conocimientos y las habilidades fundamentales para participar activa y plenamente en la sociedad actual. Yo puntualizaría, en qué medida los estudiantes de 15 años, cuentan con los saberes en lectura, matemáticas y ciencias, que les permitirán cursar satisfactoriamente estudios de nivel medio superior y superior.

Veamos a continuación los principales puntajes registrados por nuestro país en la prueba PISA 2025, así como el tamaño de la muestra -estudiantes y escuelas- objeto de evaluación.

México experimentó en los resultados de la prueba acentuados retrocesos. Pasó de 415 puntos a 408 en su desempeño promedio en lectura, mientras que en matemáticas cayó de 395 a 388. En ciencias aumentó de 410 a 414 puntos.

México ocupó el lugar 37 -penúltimo lugar- de los 38 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en ciencias y comprensión lectora.

En matemáticas, el 30% de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el Nivel 2 de desempeño, considerado por PISA como el umbral básico de competencia. Esto significa que 30 de cada 100 alumnos lograron resolver problemas que exigen reconocer cómo representar matemáticamente una situación sencilla. Los otros 70 de cada 100 quedaron debajo de ese nivel. En el promedio de la OCDE, 65 de cada 100 estudiantes alcanzaron el Nivel 2 o uno superior.

En lectura, alrededor del 50% de los estudiantes de México alcanzó el nivel básico. Esto equivale a aproximadamente 50 de cada 100 alumnos capaces de identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información y reflexionar sobre su propósito. Los otros 50 de cada 100 no llegaron a ese nivel. El promedio de la OCDE fue de 69 estudiantes de cada 100.

En ciencias, el 50.4% del alumnado mexicano llegó al Nivel 2 o lo superó. En términos aproximados, 50 de cada 100 estudiantes alcanzaron el desempeño básico y otros 50 de cada 100 quedaron por debajo. En los países de la OCDE, el promedio fue de 74 alumnos de cada 100 con resultados iguales o superiores al Nivel 2.

La evaluación también muestra que el 41.8% de los estudiantes mexicanos quedó debajo del Nivel 2 en matemáticas, lectura y ciencias al mismo tiempo. En otras palabras, cerca de 42 de cada 100 alumnos no alcanzaron el umbral básico en ninguna de las tres áreas. El promedio correspondiente entre los países de la OCDE fue de 19.7%, equivalente a alrededor de 20 de cada 100.

Los resultados también presentan diferencias por sexo. Los hombres obtuvieron un promedio de 420 puntos en ciencias y las mujeres 407, una diferencia de 13 puntos. En matemáticas, los promedios fueron de 396 puntos para los hombres y 380 para las mujeres. En lectura, las mujeres alcanzaron 414 puntos y los hombres 402.

La condición socioeconómica explicó el 12% de la variación de los resultados mexicanos en ciencias. Los estudiantes ubicados en el sector socioeconómico más favorecido superaron por 68 puntos a quienes se encontraban en el sector menos favorecido. Entre los estudiantes desfavorecidos, el 12% consiguió ubicarse en el grupo de mejor desempeño de su propio país, equivalente a 12 de cada 100.

La mayor distancia frente a los resultados de la OCDE se registró en matemáticas: los 388 puntos mexicanos contrastaron con los 463 del promedio de la organización, una diferencia de 75 puntos. En lectura, México quedó 53 puntos abajo, con 408 frente a 461; en ciencias, la brecha fue de 68 puntos, con 414 frente a 482.

La muestra de PISA 2025 en México estuvo integrada por 7 mil 843 estudiantes de 297 escuelas. Estos alumnos representaron aproximadamente a 1 millón 581 mil jóvenes de 15 años, equivalentes al 69% de la población mexicana de esa edad. En términos proporcionales, la evaluación representa a 69 de cada 100 jóvenes de 15 años del país.

A partir de la publicación de los resultados registrados por nuestro país, actores gubernamentales y algunos especialistas en materia de evaluación educativa han expresado que los resultados de la prueba PISA presentan limitaciones, aludiendo en su argumentación, entre otros, los siguientes aspectos:

° El instrumento de evaluación de la prueba PISA es obsoleto.
° La heterogeneidad de los países evaluados: no se puede evaluar igual a los desiguales.
° Impacto negativo del uso excesivo de dispositivos digitales.
° Resultados generales a la baja en la mayoría de los países de la OCDE, no sólo en México.
° La evaluación no consideró los impactos de la pandemia del Covid 19.
° No se puede afirmar que el instrumento PISA evaluó el Plan de Estudios 2022.

Como acertadamente lo enfatizó el periódico La Jornada (9/9/26), “Más que explicación o justificación, lo que deberían hacer las autoridades es analizar lo que ha pasado en la educación ...”

No se puede pretender justificar o peor aún, soslayar la gravedad del problema que representa el acentuado retroceso registrado en las variables de lectura y matemáticas por los jóvenes mexicanos, es urgente que las autoridades educativas en particular y los tres órdenes de gobierno en general, tomen de inmediato cartas en el asunto, con el propósito de revisar qué aspectos están incidiendo en la generación de tan deficientes resultados y a partir de ello, diseñar y aplicar una estrategia de alcance nacional que revierta progresivamente el déficit que hoy registran los referidos indicadores educativos.

Dicha estrategia tendrá que tener un enfoque integral, empezando por un diagnóstico serio que exponga con objetividad la magnitud y alcances de la crisis, partiendo de la premisa de que, para resolver un problema, primero hay que reconocer que existe y cuáles son sus dimensiones. Justificar o pretender minimizar el problema, será la manera más eficaz de perpetuar el rezago de dos fundamentales indicadores del sistema educativo nacional.

La estrategia a la que se alude en el párrafo anterior, deberá comprender la totalidad del andamiaje del sistema público de educación básica: plan y programas, métodos de enseñanza, recursos pedagógicos, libros de texto, instituciones formadoras de docentes, papel de directivos, docentes, alumnos y padres de familia, infraestructura física, desigualdades regionales, uso racional de las tecnologías en el proceso enseñanza-aprendizaje, perfil profesional de los docentes: formación y actualización permanente de éstos, esquemas efectivos de evaluación de los aprendizajes obtenidos por los estudiantes en cada ciclo escolar cursado y desde luego, eficiencia en la aplicación de los recursos destinados al rubro educativo, así como transparencia y rendición de cuentas sobre su ejercicio, entre otros.

De ese tamaño es en mi opinión el reto que México deberá enfrentar, no sólo para que los niños y jóvenes de educación básica mejoren su desempeño en lectoescritura y matemáticas, sino para elevar la calidad del sistema educativo público en su conjunto.

*CONTACTO FB: https://www.facebook.com/arturo.allendegonzalez

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