Columna TODO TERRENO
Por: Octavio Díaz García de León*
La presidenta Sheinbaum ha conseguido, hasta ahora, administrar una relación particularmente difícil con Estados Unidos. En una relación asimétrica, su estrategia ha sido evitar la confrontación innecesaria, mantener abiertos los canales de comunicación y hacer concesiones cuando es necesario. Ese equilibrio ha producido resultados, pero no se trata de una estabilidad permanente. Basta con que haya un sobresalto en alguno de los temas sensibles para que la relación vuelva a tensarse. Comercio: avances dentro de una negociación incierta El frente comercial ofrece un ejemplo más claro. La revisión conjunta del T-MEC sigue abierta y las conversaciones abarcan asuntos particularmente delicados para México, entre ellos acero y aluminio, automóviles, reglas de origen, agricultura, trabajo y seguridad. Hasta ahora, México ha logrado mantener negociaciones sin ruptura con Washington, en contraste con la escalada que ha marcado la relación entre Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el éxito de la estrategia mexicana se medirá por la preservación del acceso al mercado estadounidense y por las condiciones que finalmente se acuerden. Migración: menor presión La migración también ha perdido parte de la importancia que llegó a tener en la agenda bilateral. El endurecimiento de la política estadounidense y las acciones mexicanas para contener los flujos hacia el norte han reducido la presión política inmediata sobre este tema. Para el gobierno mexicano, eso libera espacio de negociación. Pero se trata de un equilibrio dependiente de decisiones que México no controla por completo: un nuevo aumento de los flujos migratorios o un cambio en la política interna de Estados Unidos podría devolver el asunto al centro de la relación en muy poco tiempo. Estabilidad política En el ámbito interno, el gobierno mexicano cuenta con una posición política dominante y con capacidad suficiente para tomar decisiones y no enfrenta, por ahora, un movimiento antisistema de alcance nacional capaz de poner en riesgo la continuidad del Estado, aunque existe malestar social, violencia regional y una elevada concentración del poder político. Esta estabilidad facilita la interlocución con Washington, porque Estados Unidos encuentra a un gobierno con quien negociar. Sin embargo, la concentración del poder en la presidencia y el partido dominante genera riesgos: cuando se debilitan los contrapesos institucionales, disminuye la capacidad de corregir errores y aumenta la posibilidad de tomar decisiones equivocadas. Economía estable en el corto plazo con fragilidad estructural La economía presenta una señal parecida: estabilidad en el corto plazo, pero con fragilidad estructural. El segundo trimestre de 2026 mostró una expansión, pero el crecimiento de los últimos ocho años ha sido insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante y ampliar la base fiscal. A ello se suma una informalidad laboral que todavía comprende a más de la mitad de la población ocupada. Mientras aumentan las necesidades de gasto por pensiones, programas sociales, salud, seguridad, infraestructura y servicio de la deuda, el margen presupuestal se vuelve más estrecho. Para sostener este modelo se requiere una economía que crezca, invierta y recaude más. Seguridad: el principal punto de tensión El punto de mayor riesgo sigue siendo la seguridad. Las organizaciones criminales han desarrollado capacidades económicas, territoriales y políticas que rebasan el problema tradicional de la delincuencia. Su presencia afecta la inversión, encarece el transporte de mercancías, deteriora la vida cotidiana y, en algunas regiones, desplaza al Estado. Todo ello en medio de advertencias de Estados Unidos que no tolerará que políticos mexicanos sean cómplices de la delincuencia. El caso Rocha Moya El caso de Rubén Rocha Moya ilustra esa vulnerabilidad. En abril, fiscales federales estadounidenses acusaron al gobernador de Sinaloa y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios de delitos relacionados con narcotráfico. Rocha se separó temporalmente del cargo, regresó después de 112 días de licencia y volvió a solicitar licencia indefinida poco más de un día después. Se ha especulado que el Gobierno de México negoció separarlo del cargo a cambio de evitar su extradición, por lo que su regreso provocó una crisis que se manifestó a través del rechazo de la presidenta Sheinbaum y de su propio partido. Esta situación mostró como un caso de seguridad puede convertirse, en cuestión de horas, en un problema que afecte los frágiles equilibrios construidos. Equilibrio, posible, pero frágil Por ello, estos equilibrios logrados por Sheinbaum deben entenderse solo como un punto de partida. México necesita mantener una relación más sólida con Estados Unidos, pero también fortalecer las condiciones internas que le permitan mejorar: seguridad, crecimiento, energía confiable, infraestructura, capital humano, certeza jurídica y contrapesos institucionales. Sin estos elementos, no habrá avances duraderos para el país. Los equilibrios pueden servir para ganar tiempo, pero lo importante será obtener resultados permanentes que beneficien a México.

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