Por Del Editor*
El anuncio presidencial durante el Segundo Informe de Gobierno sobre la incorporación de tres nuevos libros de texto gratuitos —Matemáticas, Historia de México y Lectoescritura— para el año 2027 es, ante todo, una declaración de vulnerabilidad pedagógica. Aunque el discurso oficial intente camuflar la medida bajo la etiqueta de un simple "refuerzo", en la práctica representa un repliegue frente al diseño original de la Nueva Escuela Mexicana (NEM).
Desde el turbulento ciclo escolar 2023-2024, una comunidad robusta de matemáticos, pedagogos y centros de investigación académica levantó la voz ante lo que consideraron un desmantelamiento de las ciencias exactas. Las críticas de los expertos no eran menores: acusaron que la dilución de las matemáticas dentro de campos formativos multidisciplinarios y libros genéricos como Nuestros saberes redujo el pensamiento lógico a un accesorio secundario de los proyectos comunitarios. El tiempo les dio la razón. La realidad de las aulas, marcada por la pérdida de habilidades numéricas y la frustración de los docentes para enseñar álgebra o aritmética sin un hilo conductor estructurado, terminó por doblarle las manos a la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Sin embargo, el verdadero problema de este golpe de timón no es la rectificación, sino la alarmante parsimonia gubernamental. Fijar la entrega de estos materiales esenciales hasta 2027 implica un costo social altísimo.
¿Qué pasará con las generaciones de estudiantes que hoy cursan la educación básica? La respuesta es tan cruda como realista: están condenadas a navegar en el rezago. Durante los próximos ciclos escolares, los alumnos seguirán padeciendo los vacíos de un modelo experimental defectuoso mientras el gobierno diseña, edita e imprime el control de daños. La brecha del aprendizaje, lejos de cerrarse, amenaza con expandirse, ensañándose principalmente con las escuelas públicas que no cuentan con los recursos para adquirir materiales didácticos complementarios externos de carácter privado.
Reconocer un error en política pública es sano; postergar su solución por años mientras una generación entera pierde las bases de la lectoescritura y el cálculo es, por decir lo menos, una negligencia programada.

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