Columna: PULSO SOCIAL
Por Arturo Allende González*
El pasado mes de julio de 2026, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), publicó el informe elaborado por la Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe. (2026). Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica (LC/PUB.2026/10). En dicha Comisión participó el Dr. Leonardo Lomelí Vanegas, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. El mundo ha cambiado en los últimos años -producto de la combinación de varios factores- de forma acelerada en diversos aspectos: económico-financieros, políticos, sociales, tecnológicos, en la industria y el comercio y como bien se señala en el documento de la Comisión de la CEPAL, “En la geopolítica también se registran cambios importantes, pero esos cambios se precipitaron y aceleraron en 2025, un año que probablemente se consigne en los libros de texto como un año de rupturas”. Para fines del presente artículo, por geopolítica se entiende “cómo el espacio físico, los recursos naturales, el clima y la ubicación de un país afectan su poder y sus decisiones políticas en el mundo”. Los cambios vertiginosos en el mundo han generado un resquebrajamiento del orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, lo que ha colocado al planeta en una preocupante interrogación sobre su futuro; dando pauta a que instituciones como la CEPAL se ocupen de su análisis desde una perspectiva intelectual, orientada a entender el nuevo contexto internacional, sus implicaciones, retos y oportunidades. El informe de la Comisión de la CEPAL, parte de un diagnóstico en el que identifica y analiza ocho rupturas que están determinando un nuevo panorama geoeconómico y geopolítico internacional. Las principales rupturas en el orden mundial son:
- Globalización reconfigurada: de la eficiencia económica a la seguridad.
- Erosión del multilateralismo y reconfiguración de la gobernanza global.
- De la hegemonía unipolar a la competencia multipolar.
- Reconfiguración del poder blando.
- Retroceso generalizado de la democracia y aumento de la polarización política.
- Desinformación y crisis de la verdad en la era de la inteligencia artificial.
- Retroceso en materia de derechos de la mujer, igualdad de género e inclusión.
- El fin del consenso mundial sobre el clima.
Con base en estas rupturas, la Comisión formula cuatro escenarios posibles respecto a cómo podría evolucionar el orden internacional en el futuro.
- Reconfiguración multipolar estable.
- Fragmentación geopolítica en esferas de influencia.
- Desacoplamiento extremo y polarización sistémica.
- Resurgimiento del multilateralismo impulsado por las potencias medianas.
De acuerdo con un diagnóstico elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) —con el que coinciden los miembros de la Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe—, la región se enfrenta a tres trampas del desarrollo:
- Baja capacidad para crecer, que se manifiesta en un crecimiento medio del PIB de tan solo el 1,2% anual entre 2016 y 2025;
- Alta desigualdad, baja movilidad y débil cohesión sociales, que socavan la confianza y debilitan los contratos sociales, y
- Bajas capacidades institucionales y gobernanza poco efectiva, que dificultan la puesta en marcha de las reformas estructurales que tanto se necesitan.
La Comisión propone cuatro principios que pueden servir de guía para el posicionamiento exterior de la región y la cooperación intrarregional.
- Evitar alineamientos rígidos en un mundo de potencias rivales.
- Dar prioridad a los acuerdos viables frente a la unanimidad.
- Traducir los puntos en común mínimos en compromisos concretos.
- Dar prioridad a las funciones frente a las formas institucionales.
El referido documento recoge las deliberaciones, análisis, propuestas y recomendaciones de la Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe, orientadas a “profundizar el análisis del nuevo orden (o desorden) internacional y a formular recomendaciones a los países de América Latina y el Caribe sobre cómo navegarlo, evitando sus mayores riesgos y sacando provecho de las oportunidades”. Aprovechar el momento mediante la movilización de activos estratégicos.
- Aprovechar esta oportunidad sacando partido de los activos estratégicos de la región para lograr avances en materia de desarrollo.
- Utilizar los abundantes recursos naturales de la región como herramienta estratégica de negociación.
- Ampliar la escala de las políticas de desarrollo productivo.
- Fortalecer la integración y la cooperación regionales.
- Aprovechar al máximo el talento humano de la región.
Fortalecer la gobernanza, las instituciones y la democracia.
- Fortalecer la gobernanza y las instituciones.
- Reforzar la capacidad fiscal del Estado.
- Abordar la delincuencia organizada como una prioridad de gobernanza regional, y no solo como una cuestión de seguridad.
Impulsar la capacidad de agencia internacional y regional.
- Evitar alineamientos rígidos, fortalecer la capacidad de análisis geopolítico y diversificar las alianzas.
- Dar prioridad a la cooperación funcional frente a la creación de nuevas instituciones.
El decálogo de propuestas contenidas en el documento cepaliano, como se señala en la presentación del informe de la Comisión de la CEPAL, no se trata de “una receta mágica, pero sí -de- un conjunto de ideas y propuestas prácticas para evitar la parálisis e iluminar caminos de progreso”. “Dirigidas principalmente a los responsables de la toma de decisiones en el ámbito gubernamental, empresarial, académico y de la sociedad civil”.
En resumen, las propuestas de la Comisión de la CEPAL anteriormente enunciadas, representan “recomendaciones para que los países de América Latina y el Caribe puedan impulsar su desarrollo y aumentar su influencia internacional”.
El trabajo intelectual de la CEPAL materializado en la elaboración de un informe objetivo, oportuno y propositivo, se circunscribe a la Misión de la Comisión Regional de Naciones Unidas, en cuanto a colaborar con sus Estados miembros en el análisis integral de los procesos de desarrollo.

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