° Desde hace más de dos décadas, cada septiembre las calles de la ciudad se llenan de verde, blanco y rojo con la llegada de los vendedores de artículos patrios.

Redacción d’interés

ATLACOMULCO, Méx. — Hay señales inequívocas de que septiembre está por comenzar. Aparecen las primeras banderas en balcones y automóviles, las escuelas preparan sus festivales, los escaparates comienzan a vestirse de verde, blanco y rojo y, en las calles, vuelven a instalarse los tradicionales puestos de artículos patrios.

En Atlacomulco, esta estampa forma parte desde hace décadas del paisaje urbano. Los primeros vendedores ambulantes de banderas y artículos alusivos a las Fiestas Patrias comenzaron a instalarse en la ciudad a principios de la década de 2000, cuando el centro era el principal punto de concentración.

Aquellos primeros puestos ofrecían principalmente banderas y algunos de los objetos que acompañaban las celebraciones del 15 y 16 de septiembre. Con el paso de los años, la mercancía se fue diversificando y hoy es posible encontrar desde pequeñas banderas para adornar la casa o el automóvil, hasta sombreros, rehiletes, matracas, cornetas, moños, vestimenta y toda clase de accesorios tricolores.

Actualmente, la tradición se concentra principalmente a lo largo de la avenida Lic. Isidro Fabela, desde las inmediaciones del jardín Hidalgo hasta la zona cercana a la Terminal de Autobuses, convirtiendo esta importante vialidad en uno de los primeros lugares de Atlacomulco donde comienza a sentirse el llamado mes patrio.

Los comerciantes llegan habitualmente a finales de agosto y permanecen durante buena parte de septiembre, para retirarse después del 16 de septiembre, cuando concluyen las celebraciones principales del inicio de la Independencia.

Una tradición que viene de lejos

Aunque resulta difícil establecer una fecha exacta para señalar el nacimiento de esta actividad comercial, existen registros que permiten afirmar que la venta ambulante de banderas con motivo de las Fiestas Patrias ya estaba presente en México desde, por lo menos, mediados del siglo XX.

Un globero y un vendedor de banderas esperan clientes en la Alameda Central, frente al Hemiciclo a Juárez, en 1982. Antonio Sánchez.

El Archivo General de la Nación conserva dentro del acervo fotográfico de los Hermanos Mayo una serie fechada en septiembre de 1948, identificada precisamente como “Banderas (vendedores ambulantes)” y descrita como vendedores de banderas en la ciudad con motivo de las Fiestas Patrias.

Es decir, cuando menos desde hace 78 años, las calles mexicanas ya contaban con comerciantes que aprovechaban la temporada de septiembre para ofrecer banderas a quienes deseaban engalanar sus hogares y participar de las celebraciones patrióticas.

Con el paso de las décadas, aquella actividad fue creciendo y transformándose. Las banderas dejaron de ser prácticamente el único producto y dieron paso a un auténtico mercado temporal de artículos relacionados con la mexicanidad.

Hoy pueden encontrarse vestidos y blusas, sombreros, rebozos, matracas, tambores, cornetas, rehiletes, moños, adornos, juguetes y accesorios para automóviles, además de las tradicionales banderas de diferentes tamaños.

El Estado de México, protagonista de una tradición itinerante

El fenómeno tiene además una particularidad que resulta especialmente interesante para nuestra región: una parte importante de los vendedores que recorren distintas ciudades del país durante septiembre tiene su origen en el Estado de México.

Reportes periodísticos de distintas entidades han documentado la presencia de comerciantes mexiquenses que se trasladan temporalmente para vender artículos patrios. En Querétaro, por ejemplo, se ha señalado que la mayoría de los vendedores que llegan durante esta temporada provienen del Estado de México.

En la Ciudad de México también se ha documentado la llegada de vendedores procedentes de municipios mexiquenses como Santa Ana Jilotzingo y Coacalco.

Incluso existen familias que han convertido esta actividad en una tradición generacional. En Nuevo Laredo, Tamaulipas, por ejemplo, un comerciante originario de Toluca relató que su padre comenzó a acudir a esa ciudad a vender artículos patrios desde 1985, y que él y su hermano continuaron posteriormente con el negocio familiar.

En otras palabras, los vendedores que aparecen cada septiembre en diferentes ciudades del país no constituyen un fenómeno aislado: forman parte de una actividad comercial estacional que se ha transmitido durante generaciones y que tiene una importante presencia mexiquense. En el caso particular de Atlacomulco, la mayoría de los vendedores proceden de la comunidad de San Pedro del Rosal.

Cuando las calles anuncian que ya viene septiembre

En Atlacomulco, sin embargo, esta historia tiene su propia versión.

Quienes llevan más años viviendo en la ciudad seguramente recuerdan aquellos primeros puestos instalados en el centro durante los años dos mil. Desde entonces han cambiado las calles, los productos, los precios y hasta las formas de celebrar, pero permanece la costumbre de que, cuando agosto comienza a despedirse, los colores de la bandera mexicana vuelven a ocupar un espacio en las calles de Atlacomulco.

Y así, año tras año, durante unas cuantas semanas, la avenida Isidro Fabela se convierte en un pequeño corredor tricolor.

Después del 16 de septiembre los puestos desaparecen, los vendedores recogen su mercancía y la ciudad recupera su aspecto habitual.

Pero la tradición no termina.

Simplemente queda guardada hasta el próximo agosto, cuando nuevamente comenzarán a aparecer las primeras banderas y con ellas una de las señales más reconocibles de que septiembre está por llegar.

*Nota relacionada: https://revistadinteres.com.mx/2025/09/19/entre-coloes-banderas-y-trompetas-la-independencia-mexicana-desde-el-comercio-local/

Tendencias