Columna PULSO SOCIAL
Por Arturo Allende González*
A partir del 17 de julio, fecha de publicación oficial de los resultados del proceso de ingreso a licenciatura 2026-2027, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), máxima casa de estudios de nuestro país, pasó a formar parte de la agenda pública nacional, derivado de los controvertidos resultados generados por la aplicación del examen en línea a los aspirantes. Después de dos semanas, la Comisión Técnica creada por la Universidad para revisar el proceso, recomendó al rector aplicar un examen presencial de control a más de 58 mil aspirantes. Lo anterior ha dado y seguirá dando pauta a diversidad de opiniones, análisis, reflexiones y recomendaciones por parte de académicos, investigadores, especialistas en evaluación, analistas, comunicadores y juristas, entre otros. Algunos de ellos se han enfocado a cuestionar los argumentos que las instancias universitarias expusieron en su oportunidad, como justificantes de la decisión de pasar del examen presencial que durante mucho tiempo aplicó con éxito la UNAM para la selección de los aspirantes, tanto a nivel licenciatura como a nivel medio superior (Escuela Nacional Preparatoria y Colegio de Ciencias y Humanidades), a la aplicación del examen de admisión en línea. ° Ampliar el acceso a aspirantes que enfrentan barreras geográficas, económicas o de salud, para acudir a una sede presencial. El examen en línea sería más inclusivo. ° Reduciría costos y tiempos para los concursantes. ° La modalidad virtual generaría beneficios operativos y ambientales. ° Con el uso de inteligencia artificial se detectarían conductas inusuales Otros analistas se han pronunciado sobre: ° La efectividad de los mecanismos de supervisión contratados y sobre el papel en general de la empresa Territorium Life, responsable de la aplicación fallida del examen en línea. ° El incremento en el costo, casi el doble de lo que costó la aplicación del examen de selección de forma presencial en 2025. ° La obligación de respetar los términos de la Convocatoria, señalando que la UNAM determinó las reglas del examen de selección y dentro de la convocatoria en ningún apartado se estableció que en caso de duda de la calificación obtenida se pasaría a un examen de control, por lo que está obligada a cumplir el debido proceso. ° La implementación, alcances y limitaciones del examen de control. ° La promoción de amparos de parte de los aspirantes que acreditaron el primer examen. ° El impacto negativo que la problemática del examen de selección en línea está generando a la institución, enfatizando respecto al efecto inexorable que la crisis tendrá para la reputación de la universidad. La problemática que enfrenta la UNAM, a partir de los resultados controvertidos del examen de selección en línea, que podemos calificar como una debilidad institucional, puede ser manejada como un área de oportunidad, con acciones más allá de la atención mediática al problema del proceso de ingreso a licenciatura 2026-2027, de la revisión sustantiva a su estrategia de planeación y de la lección que el suceso provocó a la casa de estudios. Que el tema polémico del examen virtual, sea un parteaguas a partir del cual puedan revisarse, corregirse y/o fortalecerse algunos aspectos de la operación actual de la universidad. En torno a este tema se han pronunciado académicos y analistas; hacer de la crisis que vive la universidad un área de oportunidad para su fortalecimiento; con diferentes enfoques de análisis y propuestas, lo han señalado enfáticamente. Las áreas de oportunidad que desde mi punto de vista son susceptibles de revisión, corrección y/o fortalecimiento, son las que a continuación enuncio; algunas de éstas han sido señaladas -en diferentes momentos y espacios- también por otros analistas. La revisión y ajustes al pase reglamentado, a fin de que se establezca igualdad de condiciones a los estudiantes que egresan de la Escuela Nacional Preparatoria y a los del Colegio de Ciencias y Humanidades. Por otro lado, se sugiere diseñar y aplicar algún mecanismo para que el proceso de admisión a la licenciatura no lesione las legítimas aspiraciones de los alumnos egresados de las preparatorias -particularmente públicas- del resto del país, de ingresar a la máxima casa de estudios de la República; lo anterior, a partir de considerar que la UNAM es una institución nacional, la universidad de la nación. Revisar y actualizar sus programas de estudio, sus sistemas y procesos. Como parte del fortalecimiento de su calidad académica, se requiere promover ante las instancias correspondientes la revisión de los planes de estudio de las carreras que imparte, con el fin de determinar si están acordes con los requerimientos que la vertiginosa transformación del conocimiento y los actuales estándares de competitividad demandan de sus egresados y si éstos responden a los perfiles profesionales que el mercado laboral está requiriendo en materia de política de empleo. Con respecto a sus sistemas y procesos administrativos, es necesario actualizarlos, simplificarlos y agilizarlos, reduciendo requisitos, trámites y tiempos de respuesta a la comunidad universitaria; aprovechando para ello el uso racional y planificado de la tecnología. Fortalecer la descentralización institucional de la universidad incluyendo en dicho proceso la atención descentralizada de los problemas que enfrenta, mucho de los cuales tienen su origen en las facultades, escuelas e institutos. Su plantilla de profesores es acentuadamente heterogénea, por lo que resulta recomendable establecer criterios normativos tanto para la admisión de nuevos docentes como para que los ya adscritos, fortalezcan su formación académica y se actualicen permanentemente. Persiste un acentuado burocratismo en muchos de sus trámites académico-administrativos, destacando entre ellos el proceso de titulación de sus egresados, el cual desde diferentes foros le ha sido señalado a la institución, lo anterior, sin pretender relajar con ello, los parámetros de calidad que deben persistir en el otorgamiento de los grados académicos. Un aspecto fundamental, es revisar y fortalecer la reconstrucción del tejido social de la institución, en sus diversos campus, comunidades y a diferentes niveles. De igual manera, se deberá vigorizar la gobernabilidad de la universidad y democratizar su vida interna, con el propósito de robustecer su desempeño y la legitimidad de sus decisiones y acciones.

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