Columna ANECDOTARIO DE MI PUEBLO
Por José Trinidad Mercado Mora*
Han pasado ya muchos años y con ellos también muchas de las alegrías que el atlacomulquense sabía proporcionarse por su innato espíritu jovial. Si en la conversación, en la charla, en la broma, se ponían de manifiesto el sentido del humor y la alegría, en los actos masivos de aquellos tiempos, se ponía el ingenio, la costumbre, la tradición. Atlacomulco nunca fue un pueblo quieto, dormido, displicente, abúlico; se proporcionaba sus días de fiesta, sus días de esparcimiento sano y hasta inocente. Inquietud, armonía; vivir sin recelos ni amarguras; sin pesimismos ni maldades.

Es por todo eso que, al lanzar una mirada retrospectiva a los tiempos idos, como van pasando en la mente, lo que, para disfrutar de la más sana alegría, lo repetiré una vez más, se organizaba, se llevaba al cabo y se disfrutaba:
En la época del carnaval, “la mojiganga” con ridículos disfraces y enmascarados, recorrían el pueblo entre bromas y maldades, seguidos de una gárrula chiquillería que participaba o recibía las consecuencias del desbordamiento del buen humor imperante, mientras los vecinos salían a las puertas de sus casas a recibir el buen humor en plena explosión.
La fecha histórica del 5 de Mayo, se celebraba organizando dos “ejércitos”: uno, de “zuavos” (franceses) en uniformes napoleónicos “muy bien armados” con escopetas de chispa y al frente de sus huestes, un Napoleón criollo; otro “ejército” de mexicanos en ropas civiles y armados también con escopetas. El Cerrito de las Cruces, convertido en imponente “fuerte” era atacado por los mexicanos y defendido por los franceses, durante la mañana, resultando derrotados los atacantes.
Calle «Guanajuatito»
Por la tarde, se reanudaban los ataques y con un Juárez al frente de los mexicanos, triunfaban éstos, cayendo prisionero todo el ejército francés incluyendo a Napoleón. El pueblo entero presenciaba los terribles combates, los actos de “heroísmo” de unos y otros, sintiendo tristeza por los “muertos” y compasión por los “heridos”. Desarmado el ejército vencido y debidamente escoltado desde el pie del Cerrito, los mexicanos hacían su entrada “triunfal” por Guanajuatito hasta la plaza, donde eran recibidos con aplausos, vítores, dianas, cohetes y repiques; después, desde el kiosco, Juárez, en un acto de magnanimidad, “perdonaba la vida” a los prisioneros, sumándose éstos al regocijo general. Así se festejaba el 5 de Mayo.
Jaripeo en la «Plazuela»
Durante las fiestas cívico-religiosas del mes de septiembre, se organizaba el jaripeo que duraba toda una semana en la “plazuela” previamente cubiertas sus entradas con barreras de vigas, levantando palcos quienes podían hacerlo. Toros, charros, manganas, toreo con sarapes y montas a los becerros, provocaban largas carcajadas, cuchufletas picando el amor propio, mientras la música de viento dirigida por don Octavianito, deleitaba con pasos dobles, marchas y dianas.
Grupo de actores
Los grupos dramáticos, organizados por Manuelito Albarrán, ese eterno inquieto, que llegó a convertirse en toda una institución artística en Atlacomulco, seguido de don Javier Vélez, otro inquieto del arte dramático, daban al pueblo verdaderas noches de esparcimiento cultural; las representaciones eran desde las pastorelas, hasta los fuertes dramas trágicos, a los que atenuaban los finales con jocosos Sainetes. Las representaciones no solamente dábanse en el pueblo, en Atlacomulco, sino que se llevaban a los pueblos circunvecinos, donde eran muy bien recibidas. En Atlacomulco, se transformaban las escuelas de niñas y de niños, en teatro, teniendo como foro la de niñas y como sala de espectadores la de niños. Ambos salones, comunicados entre sí, se adaptaban a la perfección para el espectáculo.
Día de la Fraternidad Atlacomulquense familia comiendo en «Las Fuentes»
Los 5 de Febrero se celebraban en los llanos de San Martín, a los que el pueblo sin distinción alguna, se volcaba materialmente a manera de “día de campo”; allí se comía y después a gozar: juegos infantiles, “palo encebado”, carreras de caballos, tapadas de gallos y hasta algo de circo. Sin faltar, claro la música.
Fiesta de la Ascensión (Colorines)
Los Jueves de la Ascensión, en barrio del mismo nombre, y entre vericuetos y magueyes, la fiesta de los colorines. Esta era una fiesta ingenua, pues chicos y grandes se disputaban el juego de los colorines, para después saborear ricos tamales calientitos o buñuelos tronadores o enmielados de exquisito sabor.
Imagen del Señor del Huerto acompañado por imágenes de los pueblos.
Los Jueves de Corpus, era algo extraordinario. Días antes, iban llegando al pueblo, Santos e Imágenes de todos los pueblitos y barrios para concentrarlos en la Parroquia. La llegada de Santos o Imágenes muy bien enflorados, los traían en andas los inditos, con música de chirimías y teponaxtle y violines. Los cohetes que reventaban a lo lejos, alborotaban a la muchachada que salía corriendo hacia la garita de donde partían música y disparos. Al hacer su entrada al Pueblo, eran recibidos con repiques y cohetes también, hasta quedar colocado Santo o Imagen, en el interior del templo mayor. Para la víspera del Jueves de Corpus, ya se habían concentrado todos los Santos patrones de pueblitos y barrios.

El día de la Fiesta del Corpus, después de una solemnísima Misa de Tres Ministros, comenzaban a salir ordenadamente hacia el amplísimo atrio, en procesión, cerrada por los sacerdotes bajo palio. Cada Santo y cada imagen, llevaban al frente su propia música de chirimías, teponaxtles y violines, con sones melancólicos, cohetes, muchos cohetes y repiques. Los feligreses devotamente seguían la procesión que casi llenaba el atrio, dando dos o tres vueltas para regresar al interior de la parroquia. Así se celebraba en Atlacomulco el Jueves de Corpus.

De todo eso, solamente quedan dos remedos: El cívico 5 de Febrero en Las Fuentes y el Jueves de la Ascensión en su barrio.

Con esto doy por terminados mis mal escritos recuerdos, que quizás puedan servir de algo para la historia de nuestro querido Pueblo.
*Fotografías ilustrativas Archivo d'interés / Mural "Fiestas y Tradiciones de Atlacomulco" de la Mtra. Rosario Martínez.
*Extracto dl libro MIS RECUERDOS DE ATLACOMULCO de José Trinidad Mercado Mora.

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