Columna SENTIR TIENE SENTIDO
Por Susana Martínez Herrera*
El suceso de la separación o divorcio es cada vez más cotidiano. Cada día se suscitan una gran cantidad de separaciones en las parejas. Sin embargo, a pesar de que el entorno social y cultural presenta mayor apertura y aceptación en relación al divorcio, sigue en el aire la duda sobre si el divorcio es la mejor opción, o si la alternativa más favorable es el mantener la unión familiar a costa de lo que sea y pase lo que pase.
Desde la perspectiva psicológica, se considera a la familia como el contexto social más privilegiado de influencia en el desarrollo humano en los aspectos biológico, psicológico y social. Dicha influencia tiene una importancia definitiva a lo largo de los primeros tres años de vida de los niños; después, otros entornos (guardería, escuela, compañeros, amigos, medios de comunicación…) van influyendo de modo relativo en el desarrollo del menor. Se subraya que la función de la familia va más allá de garantizar la supervivencia y el crecimiento físico del hijo, pues la familia es promotora de su desarrollo social y afectivo. Un adecuado vínculo afectivo entre el hijo y ambos padres garantiza una sana relación del menor con su entorno general.

Los estudios realizados sobre la vinculación afectiva indican que el niño o la niña desarrollan este nexo con ambas figuras (padre y madre) y que tanto la mamá como el papá tienen funciones similares; es decir, la figura paterna (en contra de lo que tradicionalmente se ha considerado) puede ser igual de sensible y tener la misma capacidad de respuesta ante las necesidades y demandas del hijo que la figura materna. Lo que significa que los padres varones que están muy cerca de sus bebés ejercen sobre ellos una influencia positiva muy significativa.
Ahora bien, sea cual sea la causa, vamos a revisar qué situaciones o consecuencias se presentan después de una separación o divorcio.
¿QUÉ SUCEDE CUANDO LA CUSTODIA ES COMPARTIDA?
Se han detectado tres patrones psicológicos de custodia compartida después del divorcio: de cooperación, de hostilidad entre la pareja y de aislamiento entre sí de la pareja.

Los padres que adoptan el estilo cooperativo, se caracterizan por hablar frecuentemente entre ellos acerca de los asuntos que conciernen a los hijos, procurando no interferirse mutuamente y acordando entre ambos las funciones a desempeñar dentro de cada hogar respecto a los mismos.
El patrón de hostilidad se caracteriza en cambio por un contacto mantenido con el otro miembro de la pareja, pero con marcado enfrentamiento mutuo. Lógicamente, cuando los padres adoptan este tipo de comportamiento, suelen haber bastantes problemas cada vez que los niños conviven con uno u otro progenitor, ya que esa situación engendra la irritación de uno de los padres y el consiguiente sentimiento de decepción del niño.
Por último, en cuanto a la pauta de aislamiento entre los padres, que es la situación más frecuente entre padres separados o divorciados que tienen hijos mayores, habitualmente los progenitores se comunican entre sí utilizando al hijo como portador de mensajes que suelen conllevar un contenido más o menos hostil hacia al otro, con lo que evitan la necesidad de tener que confrontarse entre ellos. Sin embargo, con el paso del tiempo, es habitual que el aislamiento entre los padres se vaya haciendo más frecuente y los patrones conflictivos vayan disminuyendo paulatinamente.

EN PRINCIPIO, Y A PESAR DE QUE EL NIÑO REPARTE SU VIDA ENTRE DOS HOGARES DIFERENTES, EL ESTILO COOPERATIVO RESULTA SER EL DE MENOR MOTIVO DE CONFLICTOS Y EL QUE MENOS AFECTA A LOS PEQUEÑOS. Sin embargo, cuando se lleva la custodia compartida, se corre el riesgo de desarrollar algunos síndromes (se conoce como síndrome a un conjunto de actitudes y conductas especificas) altamente dañinos, los cuales son: SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL: Se trata de una maniobra en la que uno de los padres dirige, de forma solapadamente sutil y perversa, a los hijos contra el otro progenitor, sin que exista una justificación razonable para ello. Estas conductas son altamente perjudiciales para los hijos victimizados, el padre objeto del daño y las relaciones entre ambos, dañando seriamente la paternidad compartida. En muchos casos, el padre que desarrolla la campaña de desprestigio hacia el otro progenitor manipula acontecimientos reales hasta convertirlos en irreconocibles. Este tipo de actuaciones enfermas son habituales en los procesos de separación o divorcio en los que los padres entablan una intensa lucha por obtener la custodia de los hijos y también en las disputas que entablan respecto a las visitas y aspectos relacionados con el litigio en general, como la disolución de los bienes económicos de la pareja.

SÍNDROME DEL PROGENITOR MALICIOSO: En este caso, el padre custodio hace que sean directamente los hijos los que realicen la misión enferma de hacer daño al otro progenitor, sirviendo de herramienta en una campaña de castigo al padre en múltiples niveles. INTERFERENCIA SEVERA: La interferencia severa sucede cuando el progenitor que se ha quedado con la custodia de los menores realiza una serie de acciones para alejar a los hijos del progenitor que no vive con ellos. Acciones como no avisar de las llamadas telefónicas, cambiar de domicilio sin informar, “esconder” a los hijos los días de visita, entre otras conductas que tienen como objetivo no permitir la convivencia con el padre o la madre (según sea el caso). SÍNDROME DE LA FALSA MEMORIA: Que aparece en jóvenes, sobre todo en chicas, que han sido víctimas de la manipulación de uno de los padres. Este síndrome se caracteriza fundamentalmente por la creencia persistente en el hijo de que ha sido objeto de abuso sexual (o de algún otro tipo de maltrato) en la infancia (lo que no ha sucedido realmente) incluyendo elementos absurdos o imposibles, así como que algunos de los miembros cercanos de la familia facilitaron dicho abuso. Es decir, el progenitor que se queda con la custodia trabaja perversamente para hacerle creer al hijo o a la hija que el otro progenitor le ha hecho un grave daño y le cuenta historias que nunca pasaron; generando con esto que él o ella desarrollen lejanía y gran resentimiento contra el padre o madre calumniado. CONCLUSIÓN: El mal manejo de una separación ocasiona daños en la autoestima del menor y en su sentimiento de seguridad, además puede generar ansiedad, depresión, rebeldía extrema, fracaso escolar, embarazo precoz (en la adolescencia), consumo de drogas y delincuencia. Sin embargo, hay que tener presente que el divorcio como tal no es lo que daña a los hijos. El daño consiste en la forma en que ambos padres asumen la separación y responden a sus responsabilidades. En terapia, los psicólogos buscamos primero evitar que se llegue a la separación o divorcio, pues el mejor ambiente para el desarrollo sano de los hijos es bajo el cuidado y atención del padre y la madre. Existen situaciones dentro de la familia (entre la pareja) que nos llevan a optar por la separación como una medida sana; situaciones como la violencia o las adicciones de uno de los progenitores. En el caso de divorcio o separación necesaria, se busca como prioridad vigilar por el bienestar y el equilibrio de los menores. ¡Y ATENCIÓN PAPÁS!: Después de un divorcio, el derecho a la convivencia no es algo que pertenezca a los progenitores; el derecho a la convivencia es pertenencia de los menores, son ellos a los que se debe proteger y atender en cada una de sus necesidades. Y esa responsabilidad recae en ambos padres por igual. ¿PIENSAS DIVORCIARTE? Antes de tomar una decisión tan importante y con tantas consecuencias futuras, consulta a un profesional; pues, en la mayoría de los casos, los conflictos pueden solucionarse con una adecuada terapia de pareja.

*Psicóloga Clínica
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