Columna CANDELABRUM
Por: Ximena Monroy*

“Si se toma un fuerte, quedarán los otros fuertes, los claustros, los cementerios, los patios, las torres de las iglesias, las celdas. En cada pieza se hace un castillo; en cada puerta, una muralla. Después, todas las aldeas. Y si esto se perdiera, las cavernas, las montañas. Y cuando todo ello se haya perdido, tendremos todavía por patria las tumbas, y por sudario, nuestra divina bandera hecha jirones”.

Guillermo Prieto, Discurso sobre la defensa de Puebla, 1863.

La historia es un campo de estudio fascinante que, a menudo -y si uno tiene la suficiente curiosidad como para atreverse a bucear en sus profundidades- nos tiene reservadas ciertas sorpresas, registros de hechos insólitos e insospechados, que se alejan de aquellos que aprendemos a salmodiar en la escuela.

La historia mundial es tan amplia que sería innecesario mencionar que siete vidas enteras dedicadas a su estudio no serían ni remotamente suficientes para absorberla y esto último sólo si tenemos en cuenta los acontecimientos que han sobrevivido de muy diversas maneras hasta nuestros días.
Al interior de este laberíntico cúmulo informativo, podemos hacer un especial énfasis en la historia nacional, cuya inagotable riqueza es bien conocida por las y los habitantes de este formidable país y que representa una fresca fuente de orgullo patriótico.

Sin embargo, cuando uno habla de un municipio llamado El Oro, habla también de la existencia de ciertos datos sumamente conocidos y ampliamente comentados como lo es el pujante pasado minero que alguna vez fue motivo de asombro y atracción para connacionales y extranjeros, un pasado que le dio nombre, forma, fama y hoy quizá le da un poco de nostalgia.

Pero es relevante mencionar que algunos otros hechos históricos relativos al municipio permanecieron perdidos u olvidados durante años, hasta que fueron recuperados para buena fortuna de nuestra memoria colectiva.
Esta historia comienza con un hombre apresurado y quizá algo nervioso por la urgencia de las circunstancias, don Manuel Zomera y Piña, coronel de caballería del ejército defensor de la Independencia y entonces gobernador y comandante militar del primer distrito del Estado de México. Había ocupado ya numerosos cargos en el gobierno, demostrando su sobrada capacidad para navegar a través de las aguas turbulentas de la administración pública. Es por ello que, cuando le manifestó al presidente Juárez su deseo de renunciar a la gubernatura, éste rechazó inmediatamente su solicitud pues en aquel preciso momento no podía prescindir de una pieza tan importante. No mientras el país estaba siendo invadido por las fuerzas francesas.

Asumiendo plenamente la confianza que en él se depositaba, el día 20 de julio de 1863 don Manuel Zomera y Piña lanzó con premura y pesadumbre un decreto en el que anunciaba que debido a que la capital del distrito, la ciudad de Toluca, había sido ocupada por las fuerzas invasoras, la nueva capital se asentaría en el Mineral del Oro.
Esta región montañosa y fría no le era del todo desconocida pues su bisabuelo, don Domingo Fernández de la Somera se había establecido con decisión y esperanza en el Real de Tlalpujahua a finales del siglo XVII.

Eran estos los tiempos en los que la heroicidad debía ser cultivada a pesar de los grandes esfuerzos que conlleva, pero aún les quedaba su amor a la patria –a todos quienes vivieron tal sacudida –su divina bandera hecha jirones como escribiría Guillermo Prieto en el mismo año de 1863 a propósito de la ya referida Intervención Francesa, de modo que durante dos semanas, el Mineral del Oro, este lugar tan alto y boscoso se convirtió en un baluarte de la soberanía nacional.
El ejército francés por su parte -y siempre fiel a su causa- desató una vengativa agitación que tuvo como consecuencia la destrucción del archivo histórico del ahora municipio de El Oro, fundado en 1787. Un precio considerable a pagar por tener una participación destacada aunque discreta en la defensa del país.

En este interesante relato llama la atención una carta fechada el domingo 19 de julio, pero publicada el 5 de septiembre de 1863 en Madrid por el periódico La Época donde se informaba que las tropas juaristas se hallaban con sus jefes en Tlalpujahua y en el Mineral del Oro, en el límite de Michoacán y añade posteriormente que la provincia de Michoacán es en la que tienen más probabilidades de sostenerse. De manera que éste suceso no estuvo exento de cobertura internacional.
Por esta sucesión de acontecimientos, hallados en una amalgama realmente extraordinaria e inusual es que el día 14 de mayo de 2022, en la ciudad de Puebla, la Comisión de Ciudades Heroicas de la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas, tomó la decisión de honrar al municipio de El Oro con el nombramiento de población Heroica, la séptima del Estado de México.

Y ¿qué es el heroísmo? Una virtud que nace después de todo, cuando no queda más que un horizonte borroso e incierto, un impulso innombrable que surge de la fosa profunda del corazón humano, es una fuerza misteriosa que aniquila la teoría de que el hombre sólo se guía por el instinto de supervivencia y que añade una densa capa de dudas a la ya de por sí indescifrable naturaleza de los hombres y de las mujeres.
Los actos heroicos merecen ser escritos en epopeyas y luego recitados, tal vez hasta esparcidos por los cuatro vientos, como creían los antiguos.

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Nota: agradezco al Sr. Christian Bueno, quien tuvo la amabilidad de compartirme su investigación, la cual fungió de base para desarrollar el presente artículo. Cabe mencionar que gracias a la misma fue posible la obtención de este nombramiento para nuestro municipio. Lo cito a continuación:  

Christian Bueno, <<El Oro, la heroica ciudad capital del gobernador Zomera en 1863>>, Foro de Historia y Cultura de El Oro / Ayuntamiento de El Oro, 2022.

*CONTACTO FB: https://www.facebook.com/ximena.monroy.9634

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