Columna TURISMO Y TIEMPO LIBRE
Por Rocío Salazar Sánchez*
Libertad. Una palabra que pronunciamos con naturalidad, pero cuyo significado profundo pocas veces nos detenemos a explorar. ¿Cuándo fue la última vez que reflexionó sobre todo lo que encierra este concepto que ha marcado la historia de pueblos enteros, de personajes emblemáticos y de naciones completas? La libertad está ligada a la voluntad, sí, pero también a los límites que garantizan los derechos de los demás. Nada existe en libertad absoluta: cada acción encuentra un borde cuando toca la dignidad ajena, y es justamente en ese equilibrio donde se sostiene la convivencia humana.
En América, muchos pueblos derramaron sangre para obtenerla tras siglos de sometimiento. La libertad también ha sido bandera en luchas contra la esclavitud, donde no solo se vulneraba el derecho a decidir, sino la propia condición humana. Lo mismo ocurrió con la libertad religiosa, conquistada a través de movimientos que enfrentaron persecuciones, prohibiciones y violencia. Cada avance en este terreno fue resultado de resistencia, de pensamiento crítico y de una profunda necesidad de dignidad.

En educación, la libertad implicó romper tabúes y estructuras rígidas. Que las mujeres pudieran estudiar fue una batalla política, cultural y social que transformó generaciones. La libertad académica abrió puertas a nuevas formas de enseñar, de aprender y de cuestionar. Hoy, en cambio, enfrentamos grilletes más sutiles: la tecnología, que nos ata de manera voluntaria, como el azúcar que sabemos dañina pero irresistible. La libertad, en cualquier época, siempre exige conciencia, porque incluso aquello que elegimos puede convertirse en una forma de dependencia.
Cada día ejercemos nuestra libertad al elegir qué comemos, cómo vivimos y qué relaciones construimos. Decidimos desde nuestro contexto, nuestras costumbres y nuestras ideas, y esas decisiones moldean nuestra salud, nuestros vínculos y nuestra identidad. La libertad también se manifiesta en la forma en que organizamos nuestro tiempo, en cómo distribuimos nuestras prioridades y en la manera en que defendemos aquello que consideramos valioso. Incluso la libertad de tránsito define nuestra experiencia como ciudadanos; sin embargo, en algunos países estos derechos se ven cada vez más vulnerados, limitando la posibilidad de circular sin miedo o sin restricciones arbitrarias.

Por eso vale preguntarse: ¿qué tan libres somos para elegir desde nuestro deseo más auténtico? ¿Qué queremos desde el corazón? ¿Qué nos apasiona? ¿Qué llena nuestra vida? ¿Elegimos realmente o seguimos siendo esclavos de la opinión ajena, de la cultura, de los límites sociales o económicos? La libertad no es solo un derecho: es una responsabilidad. Requiere valentía para sostener nuestras decisiones, para defender nuestros intereses y para reconocer que nadie tiene derecho a truncar nuestra libertad, salvo cuando se cruza con la libertad de otro. Después de ese punto, el único límite es la imaginación.
El tiempo libre es una invitación a reflexionar sobre ello. A valorar la libertad que tenemos para ser quienes somos y estar donde deseamos. En esta Revista, mis publicaciones buscan justamente eso: recrearlo. Volver a crear su integridad, su naturaleza positiva, su misión más simple y profunda: ser feliz. El turismo, entendido como experiencia transformadora, nos permite reconectar con esa libertad esencial. Viajar no solo es desplazarse; es abrir la mente, ampliar horizontes, descubrir nuevas formas de ver el mundo y, sobre todo, de vernos a nosotros mismos.

Cuando usted elige un destino, elige también una emoción. Cuando decide caminar por una ciudad desconocida, está ejerciendo su libertad de explorar. Cuando prueba un platillo nuevo, está poniendo en práctica su libertad de experimentar. Y cuando comparte ese momento con alguien que ama, está celebrando la libertad de vincularse desde el afecto. El tiempo libre, entonces, no es un espacio vacío: es un territorio fértil donde la libertad se expresa de manera pura y cotidiana.
Así que la próxima vez que piense qué hará con su tiempo libre, hágalo con plena conciencia de ese privilegio. Sea libre para transitar y visitar el lugar que quiera; libre para elegir sus alimentos; libre para compartir con quien desee; libre para hablar de lo que quiera; libre para vivir lo que le haga bien. Y después, simplemente hágalo: disfrute, recréese y sea feliz junto a la gente que ama. Porque la libertad, cuando se ejerce con plenitud, convierte cada momento en una oportunidad de volver a crearse.

*Lic. en Turismo
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