Columna DESDE LA BANQUETA
Por Gabriel Escalante Fat*

«Pocos ven lo que somos,

pero todos ven lo que aparentamos.”

Nicolás Maquiavelo.

                Es imposible sustraerse al fenómeno del Mundial de Futbol que, parcialmente, le tocó a México por tercera vez en la historia.

                No he visto aún un partido completo, pero gracias a una quiniela en la que me vi involucrado fortuitamente, he tenido que seguir los resultados día a día. No es queja, me ha resultado divertido corroborar mi supina ignorancia acerca del deporte más popular del mundo y emocionarme cada vez que, por azar, acierto a algún resultado.
                La Selección Mexicana está viviendo la inédita situación de calificar invicta en primer lugar de su grupo, hilvanando tres triunfos al hilo. Un sueño que nadie sabe hasta cuándo durará y cómo será el despertar del mismo. Por lo pronto, disfrutemos.

                Mientras, en una cancha muy ajena al césped de los estadios, la llamada 4T juega sus propios partidos en su muy peculiar estilo, que su claque aplaude a rabiar, pero que a algunos nos parece una ópera bufa, motivo de vergüenza.

PRIMER ACTO.

“No oigo, no oigo, soy de palo”

                A diferencia de sus antecesores, Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid, que soportaron heroicamente la rechifla del público al inaugurar los mundiales de 1970 y 1986, respectivamente (los mexicanos estábamos enojados por la represión del ’68 y la tibieza ante los sismos del ’85), la presidenta con “A” de futbolista anunció semanas antes que no asistiría al evento inaugural del 11 de junio, no fuera a ser que el público le abollara su 70% de popularidad.  Su boleto, dijo, se lo cedería a alguna joven indígena que tuviera los merecimientos para asistir a ese evento tan anhelado por muchos.
                Mediante el concurso “Representa a México en la Inauguración del Mundial”, la indígena veracruzana Yolett Cervantes Cuahquehua,  se hizo acreedora a recibir el boleto simbólico 00001, que le daría derecho a sentarse en la butaca del palco de honor, destinado originalmente a Claudia Sheinbaum.
                Como parte del show mediático oficial, la chica se presentó en la conferencia mañanera en la que, descalza y ataviada con su traje típico, realizó algunas dominadas de balón, similares a las que le permitieron ganar el concurso, antes de recibir una réplica gigante del mencionado boleto 00001 y ser nombrada “Representante de la presidenta de la República.  La llevaron también al Senado, en donde se le otorgó un reconocimiento, declarando el senador Emmanuel Reyes Carmona que Yolett llevaría al Estadio Azteca la representación de 130 millones de mexicanos”.

                La realidad es que Yolett y su papá sí asistieron a la ceremonia inaugural, pero más allá de unas fotos con el presidente de la FIFA y otros dirigentes del futbol, en ningún momento se le consideró representante oficial (el papel lo desempeño la también veracruzana Salma Hayek) y fue sentada fuera del palco oficial, en un lugar normal de la platea del recinto.

SEGUNDO ACTO.

“Recicla, reutiliza, reduce”
                El 29 de mayo, de nuevo en ese circo cotidiano que es la conferencia mañanera de Claudia Sheinbaum, fue presentada una nueva versión de la canción La niña futbolista”original de Ignacio Silva, de la banda poblana “Patita de perro”, incluida en su álbum del año 2003 “Los derechos de los niños”.

                La letra habla de una niña que quiere jugar futbol, pero cuyo papá prefiere que juegue a las muñecas “para aprender a ser mamá”. Los niños de su salón —continúa la canción— piensan que las niñas no deben jugar futbol y, cuando la protagonista se fue a inscribir a la Selección, “le dijeron que estaba mal”.  La canción va contra esos estereotipos y concluye: “Las mujeres de hoy todo pueden ser / pueden meter un gol, pueden meter cien”.
                A la Secretaría de Cultura, cuya titular es Claudia Curiel de Icaza, se le ocurrió que un cover de esta canción, interpretada por Julieta Venegas y el coro del Conservatorio Nacional de Música, acompañadas por el Coro de Estudio Allaire, sería una gran manera de “celebrar los sueños de las niñas y visibilizar el papel de las mujeres en el deporte” rumbo a la Copa del Mundo.

                Que hubieran convertido una prendida canción infantil de rock en una monótona balada, es lo de menos. Que hubiera costado 14 millones de pesos del erario (la verdad no veo dónde está ese dinero), poco importa. Que se hubiera metido con calzador sin ser ni la canción oficial del evento, ni pudiera ser interpretada en ningún partido oficial, es igualmente una minucia. Quizá dirán, en su clásico argumento: “El PRI dilapidaba más”.

                Tantos mensajes negativos empezó a generar esta versión, que la intérprete Julieta Venegas bloqueó los comentarios en sus redes sociales y virtualmente se deslindó de la canción.

                ¡Una ocurrencia más del Gobierno Federal a costillas de los contribuyentes!

TERCER ACTO.

“Presidenta en un castillo con murallas de membrillo…”

                El Castillo de Chapultepec, icónico edificio que hoy alberga el Museo Nacional de Historia y que antes fue retiro virreinal de descanso, sede del Colegio Militar, residencia de Maximiliano y casa presidencial, albergó la noche del 10 de junio una suntuosa fiesta.
               ¿El motivo? Agasajar a visitantes de todo el mundo que, con motivo de la inauguración del Mundial, se dieron cita en la capital de la República Mexicana.

                Además de los invitados extranjeros, la fiesta convocó a empresarios, gobernadores, celebridades del deporte y, desde luego, los dirigentes de la FIFA.
                ¿Habrá sido éste un entorno ideal para una luchadora social de izquierda, defensora de los desposeídos, representante legítima del pueblo? Por lo visto sí, ya que la presidenta Sheinbaum confraternizó sin recelos con  representantes de la oligarquía, la rancia derecha y el capitalismo opresor.  Para la crónica de sociales, habría que mencionar que el vestido de diseñador en el que se enfundó Claudia Primera no desentonó en ningún momento con los esmóquines europeos, los trajes Armani o las chilabas de los jeques árabes.

                A toro pasado, desde el pódium de su mañanera, la presidenta con “A” de fiestA de galA, explicó a sus fans que, en efecto, había asistido “un rato” a la reunión de Chapultepec. Pero, matizó, no fue a cenar ni a beber, sino solamente a saludar a algunos de los asistentes que distinguieron a nuestro país con su presencia.

                Aclaró que no fue un acto organizado por el Gobierno Federal, sino un evento privado de la FIFA. Una periodista le preguntó entonces si el Castillo de Chapultepec se rentaba para eventos privados, a lo que Sheinbaum, ya metida en un complicado berenjenal, improvisó y dijo que sí, que se rentaba a particulares y que la FIFA había pagado “más de un millón de pesos” por el derecho a hacer su guateque allí.

                Esto a pesar de que en la página del INAH dice claramente: En el museo se pueden realizar únicamente eventos de carácter cultural, académico o científico. No se permiten eventos sociales o empresariales de ningún tipo”.

                ¿En qué quedamos, pues?

CUARTO ACTO.

“Ciudadana in fraganti”.
                Por la incertidumbre acerca de cómo resultaría el FIFA Fan Fest del zócalo capitalino, por las amenazas de distintos grupos (principalmente la CNTE) de bloquear el evento, Claudia Sheinbaum decidió presenciar el partido de México contra Sudáfrica en un modesto deportivo de la alcaldía Gustavo A. Madero, en el norte de la Ciudad de México.  Allí, en un entorno cerrado, con asistencia e ingreso bien controlados, la jefa del ejecutivo pudo —junto a la jefa de gobierno Clara Brugada— darse un baño de pueblo, enfundada en su camiseta Adidas.  Sin sol, sin manifestantes, sin imprevistos.
                Para los partidos del 18 y 24 de junio, contra Corea del Sur y Chequia, respectivamente, la presidenta ya no quiso exponerse a las multitudes. Prefirió instalarse en la intimidad de su Palacio Nacional (antes de todos los mexicanos) junto a su esposo, el carismático sinaloense Jesús María Tarriba, quien, hay que aclararlo, nunca participó en la serie ni en las películas de “La familia Addams”.
                Tarriba y Sheinbaum se apoltronaron en un sofá frente a una televisión. Detrás de ellos, evidentemente, se encontraban algunos miembros de su staff de comunicación, encargados de captar los momentos más emotivos del partido, para que el pueblo bueno pudiera ser testigo de la alegría con la que la pareja presidencial disfrutaba el segundo triunfo de la Selección Nacional.

                Hubo al menos tres cámaras estratégicamente colocadas y manejadas diestramente. ¿Cuántas tomas, cuántos intentos fallidos se necesitaron para los segundos de euforia, festejo y abrazo que compartió, en sus redes sociales, Claudia Sheinbaum? ¿Por qué se piensa que es de interés público mirar cómo ven un partido de futbol la presidenta y su desgarbado marido? ¿En serio alguien se emocionó con el abrazo entre los cónyuges?

                Si Óscar Cadena viviera, seguramente habría dicho: Esto… fue actuado”.

QUINTO ACTO.

“Empatados”.

                Entre las docenas de imágenes llamativas que han surgido en estas dos primeras semanas de Copa del Mundo, estuvo una, en el Paseo de la Reforma de la CDMX en la que un pato ataviado con la camiseta verde de la selección, caminaba detrás de sus dueños, con esa graciosa manera que tienen los palmípedos de desplazarse cuando se mueven en tierra firme.  Televisoras y redes sociales reprodujeron a la peculiar ave que, pronto lo sabríamos, lleva el nombre de Merlín”.
                Muchos medios destacaron que, en unas cuantas horas, Merlín se hizo más famoso que Zayu, el jaguar mexicano elegido como mascota oficial de nuestro país en el Mundial.  Así que, ni tarda ni perezosa, quizás aconsejada por el mismo equipo que decidió transmitir la sala de TV del matrimonio Tarriba-Sheinbaum, la presidenta con “A” de hija del Pato Donald, anunció que el popular Merlín sería recibido en la conferencia mañanera, con toda la atención que no reciben las madres buscadoras, los padres de los niños con cáncer o las víctimas de extorsiones y secuestros.

                Y aquí estamos los mexicanos, sin poder distinguir si se trata del Salón Tesorería de Palacio Nacional o del estudio del programa Sabadazo, cuando, por un breve lapso, la atención del país recae sobre un pato y sus dueños, una familia sencilla, que se prestó al juego de la 4T a cambio de sus 15 minutos de fama.
                Cinco simples actos que nos muestran la superficialidad, las contradicciones y las ocurrencias del régimen que nos gobierna.

                Pan, circo y atole con el dedo. De momento, tristemente, esos tres recursos siguen sosteniendo a la Cuatroté.

Guadalajara, Jalisco, Junio 24, 2026.

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