Columna: CANDELABRUM
Por: Ximena Monroy*
“La dignidad humana no depende de las capacidades, de la riqueza o de la posición de una persona en la vida; es un don que precede y trasciende a cada persona, otorgado por Dios como expresión de su amor inquebrantable.”
León XIV, Magnifica Humanitas, n.50, 2026
El 25 de mayo del presente año 2026 fue publicada la primera encíclica del Papa León XIV. Escogió, en mi opinión, un título que resume de la manera más adecuada el carácter el texto entero: “Magnifica Humanitas”, que significa “Magnífica Humanidad”.
Cuenta con un subtítulo que dice así: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.

Todo esto puede darnos una idea muy aproximada del propósito central de este documento, el cual es reflexionar acerca de la preservación de la dignidad humana más allá del implacable avance de la tecnología y concretamente a partir del surgimiento de una era que trajo consigo un nuevo reto de escala global: la era de la inteligencia artificial.
Uno de los aspectos simbólicos que conviene mencionar es que fue firmada el día 15 de mayo, concretamente el día en que se cumplieron 135 años de la histórica encíclica “Rerum Novarum”, “De las cosas nuevas” o bien “De las nuevas realidades”, publicada por el Papa León XIII -de quien el actual pontífice tomó el nombre en sinónimo de continuidad- y que ofreció una reflexión de otra índole, la de la defensa de la persona, pero entonces de cara a la Revolución Industrial.

Dos documentos escritos para dos etapas distintas en la historia de la humanidad pero que coinciden en un punto culminante: el resguardo del valor intrínseco de la persona humana.
Hablando específicamente de “Magnifica Humanitas”, encuentro sus ideas muy ciertas y me muestro de acuerdo con ellas. Por ejemplo, la premisa de que la verdadera grandeza de la humanidad no consiste en lo que puede producir, sino en su capacidad de reconocer, proteger y amar la dignidad de toda persona, que es independiente de su posición, de su inteligencia o de aquello que produzca. La dignidad es un regalo otorgado a cada uno desde antes del momento de su nacimiento y que permanece a lo largo de las etapas de la vida, atravesando las turbulencias y cuyo aterrizaje no se vislumbra ni aun en el momento de la muerte.
Es preciso señalar la idea de permanecer humanos, idea que es establecida con mucha claridad: PERMANECER HUMANOS, lo que significa privilegiar nuestra voz, nuestro arte, nuestra forma particular y a veces un tanto graciosa de filosofar, nuestras infinitas -y en esencia complicadas- formas de amar, privilegiar el llanto, la risa e incluso el miedo, la comunicación cara a cara y la hora de la comida.
En suma, una vida explorada a profundidad, agotada en cosas que valen la pena, en la construcción de familias, proyectos, sueños, hábitos y principios.

Nos advierte también de la tristeza de una vida gastada sin consciencia frente a una pantalla, de la automatización del empleo y con esto el aumento de la vulnerabilidad de los sectores desfavorecidos.
Hace hincapié así mismo en la facilidad escalofriante con que la información puede ser manipulada, en los límites cada vez más difusos entre la verdad y la mentira, en la pérdida de los canales humanos de comunicación. Ante esto, propone una “ecología de la comunicación” basada en la responsabilidad comunicativa y en el respeto al prójimo.
El documento también expresa su preocupación ante el horizonte de que las máquinas autónomas decidan sobre cuestiones de vida o muerte o que puedan ser usadas como armas para tomar ventaja en un contexto de guerra. Dichas decisiones, escribe, deben ser tomadas única y exclusivamente por humanos bajo la influencia de la ética y de ideales de bienestar para todos y todas.
No deja de llamarme la atención una cita muy hermosa tomada de El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey cuyo autor es el gran J.R.R Tolkien, una cita que ha causado revuelo y que pareciera haber sido deslizada cuidadosamente con dicho propósito concretamente en el párrafo 213:
“No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza.”

Al mismo tiempo, es fascinante la referencia que el pontífice hace a la Novena Sinfonía de Beethoven, subrayando que posee un valor casi profético y que se alza como un deseo de unidad, hablando muy especialmente del estrujante coro de la “Oda a la Alegría”.

Acerca del célebre cuadro de Pablo Picasso, Guernica, afirma que es una poderosa denuncia contra la deshumanización y aun algo insólito es la mención de la película La Lista de Schindler, a la cual se refiere como una invitación a no entregar el pasado al olvido.

Profundizando en esto, cabe mencionar que resume el carácter de estas obras artísticas en una idea contundente:
“La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal”.

Sin embargo, he reservado la que, a mi parecer, es la cita que mejor resume la naturaleza humana para que aparezca como conclusión de este artículo. Tuve la ocasión de leerla anteriormente en El hombre en busca de sentido, formidable libro escrito por el psiquiatra y sobreviviente de Auschwitz Viktor Frankl:
“Hemos llegado a conocer al hombre tal como es realmente. Después de todo, el hombre es ese ser que inventó las cámaras de gas de Auschwitz; pero también es ese ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padre Nuestro o el Shemá Israel en los labios.”
Verdaderamente es un hecho irrefutable que la humanidad es aterradora y magnífica a un tiempo.

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