Columna: PULSO SOCIAL
Por Arturo Allende González*
A partir de que fue publicada la encíclica Magnifica Humanitas en el marco del 135 aniversario de la Rerum novarum (del latín “De las cosas nuevas” o “De los cambios políticos”), carta encíclica social promulgada por el Papa León XIII el 15 de mayo de 1891, la cual es considerada el documento fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia Católica; la Magnifica Humanitas, encíclica del Papa León XIV, publicada el 15 de mayo de 2026, ha sido materia de análisis, comentarios, reflexiones y preocupaciones por parte de académicos, comunicadores, especialistas en libertad religiosa, columnistas políticos y económicos y desde luego, por voceros y ministros de diversas iglesias.

El amplio interés y preocupación que ha suscitado el contenido de la encíclica papal, no es para menos, si consideramos que se trata del primer documento pontificio que aborda con profundidad, seriedad, claridad y de manera sistemática, la inteligencia artificial (AI) como un fenómeno de reconfiguración del poder global, la dignidad humana y el orden internacional.

Como bien se ha enfatizado “El Papa León XIV ha emitido una de las advertencias más fuertes que ha hecho hasta ahora un líder religioso sobre la tecnología que está reordenando nuestras vidas” e inobjetablemente el espectro mundial.
A través de cinco capítulos y 245 numerales, la encíclica expone un impecable diagnóstico del paradigma tecnocrático como nueva forma de concentración del poder; denuncia de las formas de explotación, esclavitud y militarización que ese paradigma produce y propuesta de criterios normativos anclados en la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

El presente artículo tiene como propósito destacar la similitud -guardando las proporciones de tiempo, lenguaje y contexto- de algunos elementos de la encíclica papal, relativos a la tecnología y la deshumanización con los postulados que, con extraordinaria visión plasmó -hace 91 años- el pensador, escritor y literato mexiquense Horacio Zúñiga Anaya, en su obra titulada “El Hombre AbsurdoPremisas de y sobre la encíclica:

El poder digital ha migrado de los Estados hacia actores privados trasnacionales que carecen de control público efectivo. No se trata de un riesgo futuro sino de una asimetría presente. La Inteligencia Artificial (IA) actúa como acelerador de la lógica de eficiencia, control y lucro que desplaza el bien común como criterio de decisión.

Los datos, los algoritmos, las plataformas y las infraestructuras digitales constituyen hoy bienes que deberían estar sujetos al principio del destino universal de los bienes, pero que en la práctica se concentran en pocas manos. Situación que define quién puede programar los modelos, quién es objeto de esa programación, y quién queda fuera del acceso a las oportunidades.

La encíclica traza una genealogía que conecta la esclavitud, la trata contemporánea y el trabajo invisible que sostiene la economía digital.

Estamos llamados a interrogarnos sobre el gran proyecto de nuestra época. No se trata de una decisión sobre nuestro futuro, sino sobre nuestro presente, porque la IA y las demás tecnologías emergentes ya son parte de nuestra vida cotidiana.

Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad.

El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad.

Si un sistema se emplea tratando algunas vidas como menos dignas, o las excluye sin posibilidad de apelación, introduce un criterio que contradice la dignidad de la persona.

Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse más que como una criatura llamada a la relación y la comunión.

El transhumanismo y posthumanismo son corrientes que constituyen el trasfondo ideológico que reside en algunos centros de poder tecnológico, induciendo el entusiasmo por las nuevas tecnologías con una visión futurista de “humanidad potenciada” o de “hombre hibridado” con la máquina.

El contenido de la encíclica -documento oportunísimo- ha dado pauta al Decálogo elaborado por el Cardenal Fernando Chamoli, Arzobispo de Santiago de Chile, el cual resume clara, puntual y contundentemente el espíritu de la carta papal.

*La persona humana está en el centro de todo progreso tecnológico.
*El gran desafío de nuestro tiempo no es técnico, sino humano y espiritual.
*La inteligencia artificial debe estar al servicio del bien común.
*La dignidad humana no depende de la productividad y de las capacidades.
*La fragilidad no es un defecto que deba eliminarse.
*Ninguna inteligencia artificial puede reemplazar la experiencia humana.
*La verdad es un bien común que debe ser protegido.
*El trabajo humano no puede quedar sometido a la lógica de las máquinas.
*La libertad está amenazada por nuevas formas invisibles de control.
*La paz y la civilización del amor, son la verdadera alternativa al poder tecnológico.

Visión de Horacio Zúñiga

Horacio Zúñiga señaló en 1935, “Mi obra, no constituye la simple descripción de un caso clínico, sino el punto de vista, extremado si se quiere, pero indiscutiblemente real, de un grave problema humano: el de la excesiva mecanización del hombre actual, el del dominio casi absoluto de la economía, el de la absurda y fanática materialización de nuestra pobre historia”.

“Mi hombre absurdo -enfatizaba- representa uno de los dos únicos tipos que está llamado a producir este siglo mecánico, materialista y económico: el autómata, ente-cifra, desvalorizado y deshumanizado por el grupo, o el desequilibrado por herencia y por inadaptación, doble víctima, primero, de una especie orgánicamente fatigada por la brutal tensión psíquica que requiere cada vez un mundo más complicado, y segundo, de ese mismo mundo en conflicto constante con el individuo de sensibilidad hiperestésica”.

“En los ineludibles resultados de esta desvalorización moral y espiritual del mundo, en este triunfo de un superficialísimo sistemático y sistematizado que no ha sabido, no ha querido, o no ha podido contrapesar o equilibrar, el excesivo desarrollo de la parte material del hombre, con un correlativo desarrollo de la parte espiritual del ser”.

El hombre absurdo “es una célula social, una rueda, un tornillo de esta inmensa máquina productora de satisfactores que se llama la humanidad de nuestros días. Un hombre que “No ama, no cree, casi no piensa; otros piensan por él, no siente”.

Los párrafos anteriores exponen dos visiones, una futurista otra de incuestionable actualidad, sobre un tema de trascendencia mundial que impone enormes y preocupantes desafíos al futuro de la humanidad. La inteligencia artificial y colaterales innovaciones tecnológicas, exigen ética a sus desarrolladores, estricta regulación, supervisión y control público (gubernamental), responsabilidad social, amplia y oportuna difusión y transparencia sobre sus alcances e impacto, así como una inobjetable visión humanista en su desarrollo y aplicación.

*CONTACTO FB: https://web.facebook.com/arturo.allendegonzalez

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