Por De la Redacción*
Durante años, el maltrato animal se normalizó entre la omisión institucional y la indiferencia social. Hoy, el Estado de México intenta romper esa inercia: quien no entienda que un animal es un ser sintiente, tendrá que entenderlo… a base de sanciones.
Bajo el gobierno de Delfina Gómez Álvarez, entró en vigor la Ley de Protección, Cuidado y Bienestar Animal, una norma que deja atrás los llamados “buenos deseos” para establecer obligaciones concretas y castigos reales.
La premisa es clara: ya no basta con “tener” una mascota. Ahora hay que garantizarle alimentación adecuada, atención veterinaria, vacunación, esterilización y, sobre todo, condiciones de vida dignas. El abandono, la negligencia o el descuido dejan de ser conductas toleradas para convertirse en faltas sancionables.
Pero el mensaje va más allá del hogar. La ley pone el dedo en prácticas que durante años se hicieron a plena luz del día: quedan prohibidas las peleas de animales, la venta en la vía pública y su uso en rifas o protestas. Actividades que, aunque visibles, pocas veces fueron perseguidas con seriedad.
De la simulación a las sanciones
Aquí está el punto de quiebre: habrá consecuencias. El maltrato puede costar hasta 35 mil pesos en multas, mientras que mantener a un animal en condiciones indignas podría derivar incluso en arresto administrativo.
La legislación también introduce conceptos que reflejan una nueva realidad social, como el reconocimiento de las familias multiespecie, y medidas concretas como el uso obligatorio de correa en espacios públicos y la creación de un registro estatal de animales de compañía.
El reto: que la ley no se quede en papel
El discurso es ambicioso: proteger a los animales, mejorar la salud pública y frenar la sobrepoblación. Pero la pregunta inevitable es si habrá capacidad —y voluntad— para hacer cumplir la norma. Porque en el Estado de México, como en buena parte del país, el problema nunca ha sido la falta de leyes… sino la costumbre de no aplicarlas.
Hoy el mensaje está sobre la mesa: el respeto a los animales ya no es opcional. Falta ver si también lo será para la autoridad.
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