Columna: LA LIBRETA DE JACK
Por Jacobo Gregorio Ruiz Mondragón*
Hay días que pasan como hojas arrastradas por el viento, sin dejar huella, y hay otros, que se abren como puertas secretas en medio de la rutina, invitándonos a cruzar hacia territorios donde el tiempo respira más lento.

Celebrar el «Día Internacional del Libro», es honrar la capacidad de contar, de no dejar que la vida pase en silencio, de convertir la experiencia en relato, y el relato, en memoria compartida. Leer, es como escuchar a las mentes más brillantes del pasado o del presente, que insisten en opinar sobre lo contemporáneo o lo futuro.   

Se ha anunciado muchas veces su muerte. Primero, con la televisión; luego, con el internet; después con el teléfono inteligente. Y, sin embargo, ahí sigue, pues no compite con la velocidad; juega en otra liga: la de la permanencia. Mientras la pantalla parpadea, el papel espera, mientras el algoritmo decide, el libro propone, y así, mientras todo se actualiza, él permanece, y lo hace por una sencilla razón: de su esencia se desprende la promesa de que nada de lo vivido se pierde, si alguien lo escribe y alguien más lo lee.

Esa fecha, no debe ser una efeméride más, de esas que se mencionan en discursos oficiales por la mañana, y en prácticas reales, se olvidan por la tarde, sino una invitación a abrir una obra, a leerla, entenderla, disfrutarla, a dejar que haga su trabajo: lento y silencioso, porque leer no sólo es un pasatiempo, es una forma de reordenar el mundo, de entenderlo… y eventualmente, de cambiarlo.

En esta época, donde todo transcurre demasiado rápido, el libro cambia la atmósfera para transformarla en un lugar donde las palabras se toman su tiempo y su espacio. Y eso, en sí mismo, ya es una forma de esperanza, de aquello que se busca entre líneas y no siempre se dice en voz alta.

A veces, su condición de emblema cultural y, al mismo tiempo, de hábito minoritario, conllevan al hecho de que su prestigio simbólico pase desapercibido frente a su abandono cotidiano. Elogiarlo, implica algo más que citar autores o acumular volúmenes. incluye reconocer que en sus páginas se materializa la capacidad de dudar, de contrastar o imaginar alternativas, pues leer no sólo amplía horizontes; también los vuelve exigentes.

Quizá leer: sea aceptar que hay otros mundos que no vemos hasta que alguien los escribe. Tal vez por eso, cada lector, es una especie de detective de lo invisible, alguien que busca entre líneas, puertas invisibles alineadas con el universo, las cuales al cruzar y retornar, curiosamente, no nos llevan al mismo lugar, y es que una vez vistos otros mundos, estos ya no desaparecen.

Cuando se cierra un libro y se guarda en la mochila, el portafolio, o el librero, en realidad no se guarda del todo, aparece en pensamientos inesperados, en decisiones pequeñas, o simplemente, en la forma en que se miran ciertas cosas, o más allá, pues en medio del ruido y la incertidumbre, aún existen lugares donde el pensamiento respira, la memoria florece y el ser humano vuelve, aunque sea por un instante, a encontrarse consigo mismo.

Fue la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura «UNESCO», quien declaró el día veintitrés de abril, como el «Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor», cuya determinación obedeció a la circunstancia de que, en esa fecha, nacieron o murieron grandes autores de la literatura mundial, tales como Miguel de Cervantes Saavedra o William Shakespeare.

Un libro abre mundos, cualquier ocasión es y será perfecta para explorarlos.
¡Feliz Día del Libro!

*CONTACTO FB: https://www.facebook.com/Jacko.ruiz.mondragon

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