Columna: ANECDOTARIO DE MI PUEBLO
Por: José Trinidad Mercado Mora*
La desaparición, mutilación o destrucción de obras de arte constituyen delitos penados por la Ley, pues las creaciones y ejecuciones son el producto y trabajo de artistas.

Las modificaciones a que fue sujeto el atrio por razones inobjetables atropellaron dos monumentos que en nada descomponían el conjunto. Me refiero (y en esto voy a emplear el YO) a los mausoleos de los dos próceres atlacomulquenses que guardaban los restos venerables. Pegados a los muros de entrada de derecha e izquierda, sobre bases sólidas, el de la derecha era una pirámide terminada en punta de diamante, muy bien lograda, y el de la izquierda, un túmulo abovedado rematado en su centro por una cruz. Ambos ostentaban sus correspondientes placas de mármol con nombres y fechas. (1)

Desaparecieron los dos, sin respeto alguno para los restos, que para cualquier persona son sagrados, y desaparecieron las placas también. En la Ciudad de México existe el Panteón de San Fernando donde reposan los restos de cientos de próceres, unos porque ofrendaron sus vidas por la Patria y otros considerados ilustres por su trayectoria. En plena metrópoli se rinde culto a los desaparecidos. ¿Qué fue de nuestros monumentos? Una responsabilidad.

Del interior del templo desapareció el viejo órgano que era ya una reliquia histórica por su antigüedad y por los servicios prestados, además de que estaba aún en función. ¿Viejo, anticuado? Las reliquias, por muy viejas que sean, no se regalan ni se destruyen. ¡Se conservan! Los artísticos remates de los altares laterales de arquitectura neoclásica fueron arrancados sin piedad porque “estorban”, dejándolos truncos, afeándolos. ¿Qué fue de esos remates? ¿Los regalaron, los vendieron, los arrumbaron en sucios bodegones para su destrucción? ¿Para leña? Nada se sabe.

El púlpito de preciosa figura cilíndrica, escalerilla de caracol y capelo conoidal, adosado en alto y en una esquina, fue declarado “estorbo” y fuera de uso, y por eso desapareció. Si efectivamente había quedado fuera de uso por las modificaciones de rito eclesiástico, también es muy cierto que NO ESTORBABA EN ABSOLUTO tal obra de arte.

Pasando del templo mayor al Santuario del Señor del Huerto, vemos que desaparecieron los retablos dedicados a nuestra Sagrada Imagen. Los retablos representan dos aspectos muy importantes: Primero, son el testimonio fiel del pueblo creyente, que en esa forma agradece el milagro concedido en momentos de gran angustia y hasta de salvación de la vida, consiguientemente merecen profundo respeto. Segundo, son pequeñas obras de arte que representan el momento preciso del milagro, por medio de pequeñas figuras humanas en movimiento a colores; es decir, son creaciones del pintor.

En el antiguo templo de la Nacional Basílica de nuestra Guadalupana hay una galería dedicada a miles de retablos que representan otros tantos milagros de la Virgencita Morena, expuestos y admirados por propios y extraños que diariamente los visitan. ¿Por qué fueron retirados de los muros de la entrada del pequeño templo?
Que se devuelva al arte lo que del arte es. Que se devuelva al templo lo que del templo es. Que se devuelva al Pueblo lo que del Pueblo es. Reconstruir, devolver y reparar: la meta.

*Extracto del libro Mis recuerdos de Atlacomulco de José Trinidad Mercado Mora 1987

(1) El de la derecha era una pirámide terminada en punta de diamante que contenía los restos de Don Isidro Fabela Medrano, abuelo de Don Isidro Fabela Alfaro. El de la izquierda era un túmulo abovedado, rematado en su centro por una cruz, en que se encontraba sepultado el Gral. Ignacio Varas de Valdés. Ambos tenían sus respectivas placas de mármol con sus nombres y fechas.
Al remodelarse el atrio en 1970, la tumba de Don Isidro Fabela fue reubicada en el jardín lateral del Sagrario, pegada a la pared izquierda de la parroquia y los restos del Gral. Ignacio Varas de Valdés, de acuerdo a los informes recabados, fueron trasladados por el Obispo Arturo Vélez a una cripta de la catedral de Toluca, en virtud de que era su familiar cercano.
Extracto del libro Memoria de la Parroquia de Santa María de Guadalupe Atlacomulco, Méx. de Antonio Corral Castañeda.





