Columna: DESDE LA BANQUETA
Por Gabriel Escalante Fat*
«Quiero estar cierto de que llegará el día
en que este México de los libros
le gane al México de las armas”
Joan Manuel Serrat.
Diciembre 5, 2025.
VAMOS SUBIENDO LA CUESTA.
De “Fiesta”, 1970.
En octubre de 2023, al conocer Barcelona, cumplí con uno de los objetivos que me había propuesto desde 2020, cuando la pandemia me frustró el que sería mi primer viaje a España: conocer la casa en la que nació Joan Manuel Serrat, en el barrio popular del Poble Sec.

Pasadas las 11 de la noche, un despistado taxista ruso que no logró dar con el domicilio, me dejó a dos cuadras del número 95 del Carrer Poeta Cabanyes, en cuya fachada, una austera placa de cerámica da fe del nacimiento del famoso cantautor catalán, el 27 de diciembre de 1943. La primera persona a la que pregunté por la casa del Nano, me dio indicaciones precisas para llegar a la empinada calle, esa que en la Noche de San Juan se sembraba de bombillas, como reza la canción “Fiesta”.
En 2022, Joan Manuel Serrat puso fin a su carrera como intérprete en conciertos, con la gira “El vicio de cantar”, que concluyó el 23 de diciembre en el Palau Sant Jordi de su natal Barcelona. Por esa razón, yo estaba seguro de que nunca más tendría la oportunidad de ver a quien quizás ha sido el cantautor más apreciado por mí. La foto frente a su casa sellaba medio siglo de admiración por el gran artista.
¡QUÉ SUERTE TIENES, COCHINO!
De “Tío Alberto”, 1971.
Sin embargo, el destino a veces te da alguna oportunidad extra y, a finales del año pasado, se supo que la ciudad de Barcelona sería el invitado de honor en la edición 2025 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Desde septiembre, Joan Manuel Serrat se convirtió en uno de los voceros de la delegación barcelonesa, invitando a través de un par de videos, a asistir a la FIL, en la que él estaría presente.

El 6 de octubre, Marisol Schulz, directora de la FIL, anunció dos actividades del Nano en la feria: la conferencia “Mil jóvenes con Serrat”, conducida por Benito Taibo y la entrega del doctorado honoris causa, por parte de la Universidad de Guadalajara.
El 15 de noviembre, con la publicación del programa oficial de la FIL, se supo además que Joan Manuel estaría en la presentación del libro “Y uno se cree”, del escritor mexicano residente en Barcelona Jordi Soler, que trata de cómo —en 2021— él y Serrat se embarcaron en la tarea de escribir una canción “a cuatro manos”, luego de que el catalán releyera la novela “Ese príncipe que fui”, de la autoría de Soler.
Esta vez, el evento que cada año espero con ansia, tenía un atractivo adicional, por la posibilidad que yo tendría de volver a ver a Serrat, a quien vi por última vez en febrero de 2019, cuando asistí por partida doble (en Bellas Artes y en el Teatro Diana de Guadalajara) a conciertos de la gira “Mediterráneo da capo”.
DISCULPE EL SEÑOR,
PERO ESTE ASUNTO VA DE MAL EN PEOR.
VIENEN A MILLONES Y, CURIOSAMENTE,
VIENEN TODOS HACIA AQUÍ.
De: “Disculpe el señor”, 1992.
Ciertamente me preocupaba no poder entrar a “Mil jóvenes con Serrat” —programado para las 4 PM del jueves 4 de diciembre—, puesto que, al menos cronológicamente, estoy lejos de ser joven, además de que en el programa se especificaba claramente “se requiere invitación”. El primer escollo era insalvable, pero para el segundo yo tenía un arma secreta: mi amigo Alejandro Escalante, propietario de la empresa que produjo el pabellón de Barcelona en la FIL, a quien me referí en el artículo pasado. Así que a mi tocayo acudí en busca de una solución que él encontró, no sin cierta dificultad: obtuvo, de otro contacto dentro de la organización de la feria, unos brazaletes de invitado, con los que pudimos franquear el ingreso y meternos hasta las primeras filas del abarrotado auditorio Juan Rulfo, que los organizadores debieron ampliar a última hora, recorriendo las mamparas posteriores, para aumentar el aforo y permitir el ingreso de algunas personas del “público en general”.
Joan Manuel Serrat tuvo, desde su primera visita a México en 1970, una magnífica relación con la familia Taibo, que lo acogió en su casa de Cuernavaca cuando, entre octubre de 1975 y agosto de 1976, debió exiliarse en nuestro país por considerársele enemigo del Estado Español, habiendo sido acusado del delito de injurias al dictador Francisco Franco.

Por eso, la persona más apropiada para conducir la conferencia era el periodista y escritor Benito Taibo, amigo cercano del artista.
La ampliación improvisada del auditorio —que ni así pudo dar cabida a todos los que querían entrar—, un insuficiente sistema de sonido y el comportamiento tanto del público dentro de la sala, como de la gente que se quedó afuera al cubrirse el aforo, complicaron el inicio de la plática entre el anfitrión Taibo y el distinguido invitado. El diálogo era ininteligible y Benito tenía que acercarse a Serrat para que éste alcanzase a oír lo que el anfitrión preguntaba. La situación llegó a tal gravedad, que Joan Manuel, sin perder la compostura pero visiblemente molesto, dijo: “Les agradezco mucho a todos, yo he hecho muchos kilómetros para estar aquí y hoy era para mí un día extraordinario, de mucha ilusión, pero es imposible tener un acto de un calado afectivo como tiene éste, con un alboroto como el que hay allí afuera. No es culpa mía, perdonen ustedes, buenas tardes”. Acto seguido, se levantó de su silla y se encaminó hacia la puerta detrás del escenario, seguido por un angustiado Benito, quien intentaba persuadirlo de que se quedara.
Durante poco más de diez angustiantes minutos, en los que ninguno de los asistentes nos atrevimos a dejar nuestro lugar, se solucionaron parcialmente los problemas, cambiando micrófonos, cerrando las puertas entre el área de auditorios y el vestíbulo de la Expo y, sobre todo, suplicando al público —labor admirable de Benito Taibo— que guardara el más absoluto silencio. Una vez conseguido esto y luego de hacer algunas pruebas de audio, Taibo dijo que iba por Serrat, a quien ya acompañaban las más altas autoridades tanto de la FIL, como de la delegación barcelonesa en Guadalajara.
Aliviados, los asistentes vimos regresar a Joan Manuel Serrat y tomar nuevamente su lugar en el estrado. Un poco tenso al principio, pero siempre con la voluntad de comunicarse con su público, el Nano fue entrando en materia.
BT: “¿Qué es para ti el Mediterráneo?”
JMS: “El Mediterráneo es el origen del pensamiento occidental, ha sido un puente entre culturas, pero también ha sido víctima de su belleza y de su riqueza. Ha sido sobre explotado y, al día de hoy, es el mar más contaminado del mundo. Además, ahora es la tumba de miles de migrantes que año con año pierden la vida al cruzarlo en busca de un lugar mejor para vivir. Europa no ha tenido un comportamiento solidario ni generoso. El migrante puede ser pobre, pero no es idiota. El migrante siempre aporta algo positivo donde quiera que vaya”.
BT: “Le preguntaron a Borges para qué servía la poesía. Él respondió con otra pregunta, dijo: ¿para qué sirven los amaneceres? Te pregunto: ¿Para qué sirve cantar?”
JMS: “Cantar es algo que va unido a la humanidad. Desde el inicio de la civilización, la gente canta. Cantar es terapéutico, nos alegra y nos alarga la vida. Todos deberíamos cantar, porque en realidad, nadie canta mal; hay unos que cantan distinto, pero nadie lo hace mal, ni siquiera mi yerno, que no tiene la menor idea de la entonación”.
BT: “¿A quién le cantas?”
JMS: “¿Cómo me preguntas tú esto?
BT: “Lo hago en nombre de los jóvenes que están aquí y que probablemente no conozcan tu obra”.
JMS: “A esos jóvenes, les pido un mínimo esfuerzo. Consíganse un reproductor de sonido y busquen mis interpretaciones en CD, en YouTube, en Spotify. Entérense así a qué le canto y cómo lo hago, y decidan si les gusta o no mi trabajo”.
BT: “Siguiendo con preguntas que pueden interesarles a los jóvenes, ¿qué te gustaría ser de mayor”.
JMS: “Ya lo pensaré… no hay por qué tomar decisiones precipitadas”.
Para este momento, tanto el ponente como el público habíamos olvidado la tensión inicial y el diálogo entre Benito y Joan Manuel fluía con soltura y sentido del humor.
Habló de que no suele escuchar sus grabaciones, porque se fija principalmente en sus errores. Contó que su formación sentimental —en materia de música— vino del bolero, la copla y la zarzuela. Dijo que gusta de la canción de autor, que fue influido por autores italianos y franceses, y destacó a Armando Manzanero como uno de los mejores autores de canciones en español.
Afirmó que él no cree en la vocación nata. Piensa que la vocación se encuentra y se desarrolla con el tiempo. Que la mayoría de las veces, cuando joven, no sabes qué hacer, pero que casi seguramente sabes qué no hacer.
Algún muchacho le preguntó cuál era su método para escribir. Serrat contestó que el único método que él conoció en los más de 60 años que tiene desde que comenzó a componer, ha sido clavar los codos en la mesa, pensar y volcar en el papel tu pensamiento. Pensar y escribir, pensar y escribir. La insistencia es la clave para cualquier creador. Añadió que aunque la vara de la dificultad es muy distinta para cada persona, siempre existe la lucha entre el miedo y la esperanza. De cada uno depende que esta última pueda vencer al primero.
Casi al final de la plática, insistió en que el intercambio de ideas, el debate y la pluralidad, siempre suman. El pensamiento único sólo puede llevar al desastre. A los gobiernos totalitarios les gusta el pensamiento único y les molesta profundamente la disidencia.
Con una ovación de pie, los asistentes despedimos a Joan Manuel Serrat, que mostró una vez más que, a tres años de su retiro, sigue convocando multitudes que queremos escuchar sus palabras, producto de una mente brillante.
ES CAPRICHOSO EL AZAR.
De: “Es caprichoso el azar”, 2002.
Si la conferencia de Serrat causó un caos por el exceso de demanda, la de Richard Gere, programada a las 7:30 de la noche, rozó el desastre. Quienes pretendían ingresar a ver y escuchar al protagonista de “Mujer bonita”, bloquearon completamente el vestíbulo de la Expo y, en consecuencia, impedían el acceso a los otros seis auditorios que comparten, con el “Juan Rulfo”, el Salón Guadalajara.

Yo tenía la intención de asistir a una plática llamada “Los grandes cronistas del futbol”, a cargo del caricaturista Trino Camacho, el escritor Jorge F. Hernández y el periodista deportivo Roberto Guerrero Ayala, que tendría lugar en el auditorio 6, mismo en el que a continuación estaría una conferencia presentada por el diario El País, titulada “Barcelona y América: tres orillas y miles de historias”, que además del tema, despertaba mi interés porque uno de los participantes era el escritor Jordi Soler, autor del libro “Y uno se cree”, que sería presentado al día siguiente, junto a Joan Manuel Serrat.

Mi idea, además de escuchar acerca de un tema interesante, era el de abordar a Soler para que me firmara “Y uno se cree”, además de “Los rojos de ultramar”, primera novela de este escritor que leyó Joan Manuel Serrat y que representó el inicio de la amistad entre ellos. Quería adelantarme, previendo que el viernes, Jordi Soler estaría agobiado por la multitud que atraería Serrat.

Valiéndome de un gafete prestado que me acreditaba como miembro del pabellón de Barcelona y haciendo uso de alguna de las argucias que he ido aprendiendo en estos 65 años de vida, conseguí que me abrieran paso y que una guardia de seguridad me acompañara hasta el auditorio 6, al que entré con 20 minutos de retraso, para encontrarme un público de menos de 15 personas, ante quienes Trino y Hernández (Guerrero no asistió), platicaban en petit comité.
LAS MANOS DEL SUEÑO
SIEMPRE TRAEN UN SUEÑO
DE LA MANO.
De: “Sombras de la China”, 1998.
Poco antes de las 8, llegó Jordi Soler, quien también se encontró con una sala casi vacía. Caminé a su encuentro y le dije que, aprovechando el momento, me hiciera favor de firmarme un ejemplar del libro que presentaría al día siguiente. Luego, le dije que para hacerme con una copia de “Los rojos de ultramar” —inaccesible en papel y en digital— debí descargar un PDF pirata, imprimirlo y encuadernarlo yo mismo, y se lo acerqué para que estampara su firma. Lo miró con curiosidad y procedió a firmarlo.

Le pregunté si había estado en “Mil jóvenes con Serrat” y al responderme que no, le conté acerca del incidente con el audio y el barullo que, por fortuna, había tenido un buen desenlace. Y en esas estábamos cuando, por la puerta del público, entraron Joan Manuel Serrat y su esposa, Candela Tiffón, seguidos por la comisaria del pabellón barcelonés.
—Mira, hablando de Joan Manuel —le dije.
El cantautor se acercó a nosotros, me adelanté un poco y lo saludé.
—Maestro, esperé cincuenta años para poder estrechar tu mano. Mucho gusto, soy Gabriel.
Serrat me respondió con amabilidad. En ese momento, Jordi Soler tomó “Los rojos de ultramar” de mis manos y se lo mostró a Joan Manuel.
—Mira la copia que se imprimió Gabriel —le dijo.
—Era imposible de comprar —me justifiqué— y yo tenía mucho interés en conocer el libro que te había llevado a querer conocer a Jordi —añadí.

Escritor y autor revisaron el libro, encontrando un pequeño logotipo que reza: “Colección socialismo y libertad, libro 139”, con la ilustración de un guerrillero embozado con un pañuelo que tiene la forma de Sudamérica. Le dieron una rápida hojeada y concluyeron que estaba completo. Se rieron con la leyenda que puse en la contraportada: “Edición pirata, personal, para uso de Gabriel Escalante Fat. Texto descargado de https://elsudamericano.wordpress.com. Portada tomada de amazon.com.mx. Febrero, 2025”.
Mientras, poco a poco, llegaban algunas personas del público, así como el moderador de la conferencia y las dos escritoras que, junto con Jordi Soler, tratarían el tema, yo aproveché para platicar con Joan Manuel. Le conté que, siendo adolescente, en Atlacomulco, mi amigo Juan Adolfo Cornejo —hijo de españoles— había descubierto, estacionado en el rancho del ingeniero Galindo Ochoa, padre de María Elena Galindo, el camper “La Gordita”, en el que Serrat había recorrido casi todo México durante los diez meses de su exilio. Él me contó que con su grupo siguieron usando ese camper cada vez que venían a México, hasta que, de camino hacia Acapulco, atropellaron dos burros que se les atravesaron en la carretera a la altura de Iguala. Después del accidente, el vehículo ya no pudo ser reparado adecuadamente, y terminó convertido en chatarra en un estacionamiento de Televisa San Ángel. https://revistadinteres.com.mx/2025/02/21/el-dia-en-que-serrat-no-canto-en-el-teatro-de-mi-pueblo/

Fueron quizá tres, cinco o siete minutos los que tuve la inesperada oportunidad de platicar con mi más admirado compositor y cantante, quien iba completamente relajado, como si pudiera olvidar su fama, su trascendencia y su papel como principal figura de la FIL 2025.
Después, debimos tomar nuestros lugares entre el público. Yo me había sentado en primera fila, justo frente a los ponentes, pero Candela había elegido un lugar un poco más discreto, a unas diez sillas de mi lugar, y Joan Manuel se fue a sentar junto a ella.
Durante la conferencia, a cuentagotas, siguió llegando algo de público. Quizá llegamos a ser unos cuarenta asistentes, en un auditorio preparado para 200. Al final, me despedí de Serrat, aunque no me fue posible platicar más, porque pronto fue abordado por varias personas que le requerían autógrafos en el primer papel que se encontraban. Me tomé un par de fotos con Jordi Soler y, antes de abandonar la sala, fui a despedirme de Candela Tiffón, me presenté y le dije: “Hace dos años, al conocer Barcelona, me tomé una foto en la casa del Poble Sec. Nunca pensé que poco después, tendría la oportunidad de compartir unos minutos con Joan, fue muy emocionante”. Ella me agradeció con una sonrisa.
Al salir de la Expo, resonaban en mi cabeza los versos de Serrat que dicen:
“De vez en cuando la vida…
…toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz, como un niño
cuando sale de la escuela…”

Podría narrar aquí que al día siguiente, viernes 5, Serrat recibió las llaves de la Ciudad de Guadalajara de manos de la alcaldesa. Más tarde, le fue conferido el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Guadalajara y, por la noche, acompañó a Jordi Soler en la presentación del ya mencionado libro, en un evento mucho mejor controlado y terso que el de la tarde del jueves.

Vi por streaming los dos primeros y asistí a la presentación, en lugar privilegiado, producto de dos horas de fila afuera del auditorio Juan Rulfo. En los tres eventos brilló Joan Manuel Serrat, pero nada se podrá comparar a la emoción que sentí, en esos pocos minutos, alrededor de las ocho de la noche del jueves 4 de diciembre de 2025.
“De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño tan escurridizo,
que hay que andarlo de puntitas
por no romper el hechizo…
…de vez en cuando, la vida”.
Guadalajara, Jalisco, diciembre 10, 2025.

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