Por Gabriel Escalante Fat*
“La mujer artera,
el marido por la delantera”.
Refrán popular español.
En marzo de 2019, a poco más de cien días del inicio de su gobierno, el entonces presidente López Obrador exigió —mediante una carta al rey Felipe VI— que el monarca pidiera perdón a los pueblos nativos de México, por los agravios y violaciones cometidos durante la Conquista, hace cinco siglos.
La idea de esta ridiculez anacrónica, surgió de la comunicadora y autonombrada historiadora, Beatriz Gutiérrez Müller, esposa desde 2006, del exmandatario mexicano.
Este hecho fue el origen de una serie de desencuentros entre España y México, que duró todo el sexenio lopezobradorista, y que tuvo algunos momentos álgidos, entre dos países cuyos gobiernos, desde 1976, habían tenido magníficas relaciones.

Por eso me resulta paradójico, ridículo y hasta cómico, que hoy, la señora Gutiérrez Müller esté a punto de irse a vivir a Madrid, en donde su vástago Jesús Ernesto —producto del matrimonio con AMLO, o mejor dicho, causa de dicho matrimonio— cursará su carrera en la Universidad Complutense, una institución con más de 700 años de existencia, considerada como la más prestigiosa universidad de habla hispana, y una de las más importantes del mundo.
Y por si ser residente legal en España no bastara, con base en la Ley de Memoria Democrática, Beatriz solicitará la nacionalidad española a la que tiene derecho, por el hecho de que su abuelo Agustín Gutiérrez Arias nació, en 1908, en Castilla. Una vez que le concedan ese derecho inatacable, la ex no-primera-dama deberá jurar lealtad al Rey de España, el mismo contra quien azuzó a su marido para que le exigiera disculpas.

Con un océano de por medio, parece que la pareja López-Gutiérrez ha quedado separada de facto. No me imagino al expresidente —quien oficialmente vive en su rancho de Palenque— viajando al país del que se ha expresado de forma tan grosera, para visitar a su esposa y a su hijo. Tampoco me imagino a éstos, dejando los privilegios de su piso en el elegante barrio de La Moraleja, para ir a sufrir el calor y la humedad de la selva chiapaneca, frente a un viejo depresivo y lleno de rencores.
En la historia reciente, las relaciones entre los presidentes mexicanos y sus parejas no han sido sencillas, por decirlo de alguna manera.

Mis primeros recuerdos de una primera dama, son de María Esther Zuno, esposa de Luis Echeverría, quien nos gobernó de 1970 a 1976. La “compañera María Esther”, nunca se supeditó a su poderoso marido, sino que proyectó públicamente estar en una posición paralela a la del presidente. Fue una impulsora del arte y las tradiciones populares mexicanas y, aun en contra de los rígidos protocolos diplomáticos, en ceremonias y cenas de Estado, ella portaba trajes regionales mientras se servían platillos típicos, regados con aguas frescas en lugar de sofisticados vinos.

Impulsó también que en nuestro país se celebrara por todo lo alto, el “Año Internacional de la Mujer”, designado por la ONU para 1975, y consiguió que México fuera la sede de la Primera Conferencia Internacional sobre la Mujer, del 19 de junio al 2 de julio de aquel año.
Al término del mandato de LEA, la señora Zuno tuvo una vida discreta, junto a su esposo, hasta su fallecimiento en 1999.

Algo diferente fue doña Carmen Romano Nolk, esposa de José López Portillo (1976-82). Nacida en un entorno privilegiado, tanto en lo económico como en lo cultural, Carmen Romano heredó un profundo interés por la cultura y las artes, siendo ella misma, concertista de piano.
Cuando López Portillo fue “destapado” candidato presidencial, en septiembre de 1975, éste ya no vivía con su esposa, aunque sostenía una relación muy cordial con ella. De tal manera que la fue a ver y le pidió que —al menos frente al ojo público, por los siguientes 7 años— se comportaran como un matrimonio. “Mumsi”, como José López Portillo la llamaba cariñosamente, aceptó, por lo que, a partir de diciembre de 1976, el matrimonio y sus tres hijos, se mudaron a la residencia oficial de Los Pinos.
La gestión de Carmen Romano se distinguió por un eficaz asistencialismo social, transformando el antiguo INPI en el DIF (Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia), que quedó en manos del Dr. Gilberto Borja Navarrete, quien le daría al organismo una base técnica, moderna y bien estructurada.

La señora Romano también creó el FONAPAS (Fondo Nacional para Actividades Sociales), cuya finalidad era la de ampliar el acceso a la cultura, la educación y las artes en todo el territorio nacional. Bajo la dirección de Alfredo Elías Ayub y con un enorme presupuesto, producto de los decomisos de contrabando que ejecutaban las aduanas mexicanas, dejó importantes obras de infraestructura en el país, y un esquema que sería adaptado por algunos gobiernos estatales, para sus Institutos de Cultura locales, en años subsecuentes. La vida del FONAPAS fue efímera, pues fue disuelto en 1983 y sus funciones, absorbidas por CONACULTA, INBA y gobiernos estatales.
Otra creación trascendente de la señora Romano, fue la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, cuyo director fundador fue el maestro Fernando Lozano. Paralelamente, se construyó, sobre el edificio del cine/teatro IMÁN Pirámide, la sala de conciertos Ollin Yoliztli, sede, hasta la actualidad, de tan prestigiosa agrupación musical.
Carmen Romano fue muy criticada por sus lujos excesivos, que incluían todo un séquito a su alrededor y la transportación de un piano de cola en las giras presidenciales. Sin embargo, al término del mandato de López Portillo, la señora Romano tuvo una vida de bajo perfil hasta su fallecimiento en mayo del año 2000.

Paloma Cordero de De La Madrid fue la primera esposa de un candidato presidencial que se declaró católica practicante, desde que lo hiciera María Izaguirre de Ruiz Cortines, en 1952.
Madre de cinco hijos, proyectó siempre una imagen discreta, en contraste con sus dos predecesoras. Esto no le impidió participar activamente, tanto en el DIF (institución a la que le agregó importantes programas de beneficio social) como en actividades protocolarias al lado de su esposo, o individualmente.

Después de los sismos de 1985, pasado el pasmo en el que quedó el Gobierno Federal las primeras 48 horas, la primera dama tuvo un papel primordial al recibir a personalidades extranjeras que vinieron a México a solidarizarse con el país, entre las que destacaron la señora Nancy Reagan y la reina Sofía de España. De igual manera, su constante presencia en albergues y hospitales, fue de gran ayuda moral para los miles de damnificados que dejó el terremoto.

La señora Cordero falleció a los 83 años de edad, en 2020, ocho años después de la muerte del expresidente De la Madrid, sin haberse visto involucrada, nunca, en escándalos familiares o de corrupción.

23 años (de 1972 a 1995) duró el matrimonio de Cecilia Ocelli y Carlos Salinas de Gortari, quien fuera presidente entre 1988 y 1994, con quien procreó tres hijos.
Junto al torbellino que, como presidente, fue su esposo, el papel de Cecilia Ocelli durante el sexenio salinista, fue mesurado, propio de una mujer que tenía a su cargo la educación de tres adolescentes privilegiados, y la responsabilidad de presidir las labores de voluntariado que tradicionalmente se asignan a una primera dama, centrándose en combatir las adicciones en niños y adolescentes, así como apoyar a los adultos mayores.

En un esfuerzo combinado con la iniciativa privada, Ocelli impulsó la creación de Papalote Museo del Niño, en el Bosque de Chapultepec, referente de los museos interactivos de México, de cuyo patronato siguió formando parte muchos años después de que Salinas de Gortari dejara el poder.
Cecilia Ocelli tuvo la sabiduría para mantenerse al margen de los negocios turbios asociados a los familiares y amigos de su marido, de quien se divorció en 1995, menos de un año después de haber terminado el polémico sexenio.

En 2010, la escritora Rosa María Valles lanzó el libro: “Cecilia Ocelli, el encanto de la discreción”, en el que la ex primera dama habla, con mesura, de su vida personal y del importante período que le tocó vivir como esposa del presidente de México, de cuya labor, declara Ocelli, se siente orgullosa, y muy satisfecha de haber compartido más de dos décadas junto a Carlos Salinas de Gortari.

En círculos políticos se ha afirmado siempre que Ernesto Zedillo nunca se preparó para ser Presidente de la República, cargo al que accedió fortuitamente a raíz del magnicidio que segó la vida de Luis Donaldo Colosio. Considero que menos preparada aun para ser primera dama, estaba su esposa Nilda Patricia Velasco, economista egresada del IPN, casada con Zedillo desde los 19 años de edad, cuando ambos eran estudiantes universitarios.

Fue la primera esposa de un presidente en no encabezar el DIF ni ningún otro organismo asistencial. Su papel se concretó en acompañar a su esposo en viajes y actos oficiales. Tampoco tuvo una oficina de representación en Los Pinos, ni manejó una agenda propia. Por esa actitud reservada, se esparcieron rumores de problemas de alcoholismo, muy probablemente falsos. De igual manera, se habló de que su padre y hermanos, “incómodos”, estuvieron vinculados en actividades ilegales, lo que tampoco tuvo una sola evidencia sólida.
De manera totalmente oportunista, el abogado César Gutiérrez Priego, —hijo del general Gutiérrez Rebollo, sentenciado por sus vínculos con la delincuencia organizada— ex candidato a Ministro de la SCJN, difundió recientemente unos audios en los que, decía, se probaba que no sólo los hermanos, sino la propia señora Velasco, tenían relación con el Cártel de Colima. Esto lo hizo Gutiérrez para ganarse el favor de la presidenta Sheinbaum, luego de que Ernesto Zedillo expresara opiniones negativas acerca del desempeño del actual régimen.

En la actualidad, el matrimonio Zedillo vive, a 25 años de haber dejado Los Pinos, en New Haven, Connecticut, donde el ex presidente sigue trabajando en la universidad de Yale.
En el próximo artículo, hablaré de las primeras damas de este siglo.
ÁRBOL VENGATIVO
Hace dos semanas, escribí sobre la —a mi juicio— precipitada y errónea decisión de la alcaldesa de Cuauhtémoc, en la CDMX, de retirar del Parque Tabacalera las estatuas de Fidel Castro y el Che Guevara, desatando una polémica innecesaria y dándole a los partidarios de la 4T, argumentos para atacar a la funcionaria. (https://revistadinteres.com.mx/2025/07/25/de-estatuas-fobias-e-ignorancia/).

¡Pero miren ustedes lo que son las casualidades! Karma, dirán otros. Justicia divina, sentenciarán los creyentes: Apenas 9 días después de que la “perversa” Alessandra Rojo de la Vega enviara a una bodega los bronces de los revolucionarios, una tormenta provocó que, la madrugada del 25 de julio, un árbol cayera sobre la estatua de Felipe Calderón Hinojosa, que hasta ese día había estado en la Calzada de los Presidentes, de la antigua residencia oficial de Los Pinos, donde compartía espacio con las efigies de otros 13 ex mandatarios, desde Lázaro Cárdenas hasta Enrique Peña Nieto.

El árbol, destructor pero muy consciente, se preocupó por no dañar el seto que rodea el pedestal, ni las lámparas que iluminaban la estatua por las noches. Es más, ni siquiera pudo encontrarse el tocón que debió haber quedado plantado al caerse el árbol. Un “estatuicidio” perfecto, perpetrado por una tormenta oportunísima y un árbol delincuente, que no dejó la mínima huella.

Y allí dejaron, por varios días, cubierta con un plástico negro, la efigie de quien ha sido uno de los mejores presidentes mexicanos de la era moderna.
El cinismo y la estupidez, combinados con el servilismo de algún lamebotas que, al no poder enfrentar con argumentos a Calderón, desquitó su frustración contra un pedazo de bronce sobre un pedestal de mármol. Y de paso, atentó contra el patrimonio cultural de la nación.
¡Así estamos!
Guadalajara, Jalisco, 6 de agosto de 2025.

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