Por: Arturo Allende González*

Dedicado a los jóvenes

preparatorianos de ayer,

de hoy y de mañana.

Quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar más de un nivel educativo, solemos recordar a la distancia con beneplácito alguno de los niveles cursados, asociando experiencias vividas, compañeros, maestros, desde luego conocimientos adquiridos, satisfacciones logradas y en particular, momentos de felicidad vividos, que nos hacen calificar como preferido a determinado nivel escolar.
Juegos, canciones, estimación o empatía con determinado maestro o maestra, concursos, competencias deportivas y culturales, festivales, excursiones, participación en la banda de guerra, la escolta, ceremonias cívicas, bailables, tablas rítmicas, viajes de estudio, así como liderazgos estudiantiles, entre otras actividades, forman parte del abanico de acontecimientos que se guardan en la memoria de nuestro tránsito escolar.
Sin duda cada uno de los niveles cursados, forman parte fundamental de la estructura de formación como un todo, por lo que, sin restar importancia a cada una de las partes del rompecabezas educativo, en el presente artículo realizo una particular exaltación al nivel de preparatoria, por representar desde mi punto de vista, el más entrañable de los niveles educativos cursados, desde preescolar hasta posgrado, pasando por primaria, secundaria y licenciatura.
Comparto la tesis del destacado universitario Carlos Domenzáin de la Concha, en cuanto a que “la prepa fue donde nos alimentamos de la universalidad de conocimientos; donde estudiamos tanto física, química y matemáticas, como historia, filosofía y literatura … todas la ciencias y humanidades juntas. En adición fortaleciendo lazos amistosos, llevamos deportes, música, pintura y otras materias optativas”.
Sin dejar de reconocer la existencia de diferencias en la currícula de materias y asignaturas entre las instituciones de nivel medio superior que imparten las diversas modalidades de bachillerato en nuestro país, la columna vertebral de formación de los preparatorianos se sustenta en las ciencias y humanidades listadas en el párrafo anterior, complementadas con diversas asignaturas, que le dan al egresado de este nivel educativo, una sólida e integral formación para transitar a los estudios de licenciatura.
El caudal de conocimientos e información que proporcionan los estudios de preparatoria, les permite a sus egresados elegir con mayor sustento y certeza -dentro del amplio horizonte de posibilidades que brinda la formación integral como bachilleres-, la profesión deseada.
La preparatoria es la etapa en la que brota y/o se fortalece la vocación, entendida en los términos en que la definió el profesor preparatoriano por antonomasia, el maestro emérito de la Escuela Nacional Preparatoria, Plantel No. 4: Vidal Castañeda Nájera, el reconocido y admirado mentor José Muñoz Cota, como la “lealtad a lo que nos gusta y para lo que suponemos -tener- cualidades”.
El maestro Muñoz Cota, quien fuera durante 30 años profesor de preparatoria, apuntaba enfáticamente que “es una maravillosa oportunidad impartir clases en el nivel preparatoria porque son terreno ávido de las experiencias de los más adelantados como maestros, porque es ahí, donde se recolectan todos los detalles del más maravilloso cuadro de la vida de la juventud”.
La preparatoria es sin exageración alguna, el nivel educativo en el que como estudiantes se está ávido “de conocer de todo, aprender de todo y hacer de todo”, de querer transformar no sólo el entorno inmediato, sino el mediato y más allá, de querer comerse el mundo, metafóricamente hablando.
La prepa es el espejo preuniversitario en donde se reflejan los sueños y aspiraciones juveniles, pero también en perspectiva, el rostro de -como lo señala la teoría del desarrollo humano-, lo que se quiere ser y hacer, en síntesis, el futuro proyecto profesional de vida, de ahí lo trascendental de esta etapa de formación.
Además de lo hasta aquí apuntado sobre la importancia del nivel educativo de bachillerato, hay otros aspectos que vale la pena destacar, los cuales son consustanciales a la edad biológica -entre 15 y 18 años- de los alumnos de preparatoria, me refiero a los siguientes:
Inquietud por participar y transformar, los jóvenes se resisten a ser meros espectadores, reclamando ser partícipes del desarrollo de su comunidad escolar, familiar y comunitaria, buscando siempre transformar las condiciones que los rodean para mejorar su entorno.
Rebeldía ante la injusticia, la pobreza, la marginación y la desigualdad social que imperan en su contexto local, estatal y nacional; contra el racismo y la discriminación, el autoritarismo, la violación de los derechos humanos y la impunidad, así como contra las guerras, invasiones y tendencias imperialistas, que recurrentemente están presentes en diversas latitudes del mundo.
Rebeldía ante la política, los partidos políticos, los gobiernos y los regímenes políticos en general, que no responden satisfactoriamente a las necesidades y demandas de sus sociedades, particularmente de los grupos de población más vulnerables; sin soslayar las oportunidades de bienestar y desarrollo que como sector de población tienen y demandan legítimamente; confirmando con ello, que la inconformidad y rebeldía en los jóvenes, son consustanciales a su naturaleza.
Ímpetus por realizar sus sueños y trascender profesionalmente, porque -parafraseando a Richard Bach- sólo los que ven lejos, logran volar alto- y alcanzar las metas que desde una lógica mediática y conformista parecen imposibles.
Romanticismo y sensibilidad por las expresiones del arte: música, danza, pintura, cine y teatro; de manera natural, surge la atracción entre hombre y mujer, se acentúa el gusto por la música de moda, el baile y el arreglo personal; brota la inspiración para componer poesía, canciones o textos emotivos escritos en prosa, incentivando relaciones juveniles de noviazgo.
Otro factor a destacar de la preparatoria, es el hecho de que, en diversos casos, se encuentran en este nivel educativo, no sólo buenos profesores, sino auténticos educadores, consejeros, consultores, guías, Maestros -así, con mayúscula en el más amplio sentido de la palabra-, cuyo consejo y empatía trascienden el tiempo y el espacio del aula escolar.
Por todo lo anterior, es que tributamos desde espacio editorial, nuestra exaltación al nivel educativo de preparatoria.
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