Por Antonio Corral Castañeda*
Cuando en octubre de 1914 la Convención de Aguascalientes nombró como presidente de México a Eulalio Gutiérrez, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón se refugiaron en el puerto de Veracruz, dejando el resguardo de la ciudad de México a cargo del Gral. Lucio Blanco. Pero cuando Francisco Villa y Emiliano Zapata estaban por entrar en la capital en respaldo del nuevo presidente (el 6 de diciembre de 1914 hicieron su entrada triunfal a la ciudad capital con más de 50 mil hombres), se dice que Lucio Blanco decidió evitar enfrentarlos, por lo que abandonó la ciudad y salió huyendo con su ejército, según se narra por el rumbo de los municipios de Villa del Carbón, San Bartolo Morelos y Atlacomulco.

Existen documentos que comprueban la versión de que, en los primeros días de ese mes de diciembre de 1914, las fuerzas del Gral. Lucio Blanco pernoctaron en ámbito del municipio de Atlacomulco, instalándose en la propia cabecera y en las comunidades de Santiago Acutzilapan y San José del Tunal. Durante los días que estuvieron pasando por este lugar destruyeron cuatro farolas para petróleo del alumbrado público y toda la línea telefónica, saqueando así mismo las escuelas de los mencionados lugares, que fue donde se acuartelaron las fuerzas militares al mando del mencionado Gral. Lucio Blanco.

No se conoce con precisión cuánto tiempo permanecieron aquí, aunque es de suponerse que se trató de una noche. El caso es que una vez las tropas abandonaron el municipio, al otro día, el 7 de diciembre de 1914, asistieron a los locales de las escuelas ocupadas los señores Maximiliano Huitrón Velasco y Silvano J. Sánchez Colín, regidor responsable de dirigir la instrucción pública y secretario del ayuntamiento, respectivamente, quienes en compañía de los maestros directores hicieron un recuento de los daños causados y levantaron las actas correspondientes (en ese año era presidente municipal el C. Manuel A. Vélez Díaz).

En la Escuela Oficial para Niños de la cabecera municipal de Atlacomulco, cuyo director era el Profesor Manuel Gil Arellano, se encontró que sin hacer uso de la llave se introdujo al salón la gente de tropa, dejando el piso lleno de estiércol y restos de zacate. Rompieron seis cristales y destruyeron ocho banquillos, cuatro mesa-bancos, una ventana y un tripié de pizarrón, mismos que fueron quemados. De igual manera, se extravió una gran parte de los útiles y del material de enseñanza del plantel. Una esfera terrestre, un reloj despertador, una brújula, la mayor parte de los libros de la biblioteca del profesor y un estuche de matemáticas.
En el salón de la Escuela Oficial para Niñas, también de esta cabecera municipal, bajo el cargo de la profesora María Alvarado, al presenciar el estado en que quedó el referido salón se encontró todo el mobiliario en un completo desorden. Se rompieron cuatro vidrios y cinco pupitres, habiendo desaparecido una parte de los libros de texto y del material de enseñanza, un reloj despertador, una cadena métrica y dos timbres.

Por lo que respecta a la escuela de Santiago Acutzilapan, de la cual era director el Profr. Porfirio García, se encontró que el plantel fue ocupado como cuartel, habiendo sido destruidos los útiles escolares, parte del mobiliario y los libros de texto, despareciendo igualmente las bibliotecas de los profesores. Se extraviaron también los libros de registro de los años de 1909 a 1911; los libros de inventario de 1901, 1905, 1907, 1909, 1910 y 1911; los libros de visita de inspección correspondientes a los años 1909 y 1910, y las actas de exámenes de los años de 1903, 1905, 1906, 1909 y 1913.
Cabe aquí una reflexión: ¿Con qué finalidad destruían los libros y el mobiliario? ¿Para qué querían o les servía una esfera terrestre, un estuche de matemáticas, unos timbres o unos libros de registro? Esto en el entendido de que eran soldados rasos federales (apodados los “Pelones” por su peculiar corte de pelo), reclutados generalmente a través de la leva, que ni siquiera sabían leer y escribir. ¿Sabrían que a los únicos que les hacían daño era a los niños?

Relacionado con este acontecimiento, se ha dicho, sin que en lo personal haya encontrado constancias, que en el portal “Venustiano Carranza” se imprimieron unos billetes que más adelante circularon entre los revolucionarios del norte.
De igual modo, se menciona que cuando la gente del Gral. Lucio Blanco ocupaba la cabecera, algunas personas que formaban parte del ayuntamiento venían llegando de atender un asunto en El Oro, entre ellos Don Maximino Montiel Olmos. Que cuando se percataron de que los soldados se estaban llevando los caballos, todos corrieron a esconderlos. Que solamente Don Maximino Montiel Olmos caminó lentamente por las calle saludando a los elementos de la tropa, llegó a su casa y guardó su caballo, siendo así el único que se salvó de que se lo quitaran.
*Facebook del autor: https://web.facebook.com/profile.php?id=100080479155102
Libro: ATLACOMULCO SUS FIESTAS, TRADICIONES, COSTUMBRES Y ANÉCDOTAS de Antonio Corral C.





