Columna: PARA LA COMUNIDAD
Por: Fernanda Ileana Cueto Flores*
Hay días en los que la nostalgia llega sin avisar. No toca la puerta, no pide permiso. Simplemente aparece en forma de un olor, una canción, una tarde demasiado tranquila o una risa que, por un segundo, se siente como antes.
Y entonces lo entiendes, la infancia no se fue. Solo se quedó esperando.
Esperando en los lugares donde fuimos felices sin saberlo. En los pasillos de una casa que ya no es la misma. En los juguetes que alguna vez significaron todo. En esas versiones de nosotros que no sabían lo que venía, pero tampoco lo necesitaban.
Porque antes todo era más sencillo. No porque la vida fuera perfecta, sino porque nosotros éramos más ligeros. No cargábamos con dudas constantes ni con silencios incómodos. No analizábamos cada palabra, cada mirada, cada ausencia. Solo vivíamos.
Y qué extraño es darse cuenta de eso ahora.
Que hubo un tiempo en el que reír era automático. En el que el tiempo no corría, se extendía. En el que un día podía sentirse eterno solo porque estaba lleno de pequeñas cosas: ver caricaturas en la mañana, salir a jugar en la tarde, quedarte dormida sin pensar en las cosas por resolver.
No había prisa por crecer. Nadie te explicaba que un día ibas a extrañar justo eso, no pensar más allá del ahora y el aquí.
Tal vez la nostalgia no es tristeza. Tal vez es una forma de amor. Una manera en la que el corazón nos recuerda lo que fuimos, lo que tuvimos, lo que nos hizo sentir en casa. Porque no extrañamos solo los momentos, extrañamos cómo nos sentíamos dentro de ellos.
Extrañamos la tranquilidad de no saber.
Ahora todo es distinto. Las conversaciones pesan más. Las decisiones importan más. Las despedidas duelen más. Y aunque hay cosas nuevas, cosas bonitas, cosas que también valen la pena… hay una parte de nosotros que sigue mirando hacia atrás.
No para quedarnos ahí, sino para reconocernos.
A veces creemos que crecer es dejar atrás todo lo que fuimos. Que madurar significa soltar, cambiar, convertirnos en alguien completamente distinto. Pero no es cierto. No del todo.
Porque esa niña que se emocionaba por cosas simples, que confiaba sin miedo, que encontraba magia en lo cotidiano… sigue ahí.
Solo que ahora está más callada.
La hemos ido apagando poco a poco con la rutina, con las decepciones, con la idea de que ya no toca sentir así. Como si la ternura tuviera fecha de caducidad. Como si la ilusión fuera solo cosa de niños.
Pero no lo es.
La infancia no se va porque crecemos. Se queda esperando a que volvamos a ella, aunque sea en pequeños momentos. En reír sin razón, en cantar sin pensar, en emocionarnos por algo mínimo. En permitirnos sentir sin filtros, sin miedo a vernos “demasiado”.
Se queda en las cosas que aún pueden hacernos sentir vivos, si dejamos de contenernos tanto.
Quizá no podemos regresar en el tiempo. No podemos volver a ser quienes éramos, ni vivir exactamente lo que vivimos. Pero sí podemos hacer algo mucho más importante, no olvidar lo que era y cómo se sentía.
Porque en ese recuerdo hay algo muy valioso. Una brújula emocional. Una forma de saber cuándo estamos demasiado lejos de nosotros mismos.
Cuando todo se siente pesado, cuando la vida se vuelve automática, cuando dejamos de emocionarnos
Tal vez no es que todo esté mal. Tal vez solo estamos desconectados de esa parte que aún cree en lo simple.
Y volver a eso no significa retroceder. Significa equilibrar.
Significa crecer sin perder la capacidad de asombro. Madurar sin endurecernos por completo. Aprender sin dejar de sentir.
Porque al final, no se trata de elegir entre quién fuimos y quién somos ahora. Se trata de aprender a habitar ambas versiones.
De abrazar a esa niña interior que aún vive en nosotros y decirle: “No te olvidé, solo me perdí un poco.”
Y tal vez, en ese momento, algo cambia.
Tal vez la vida vuelve a sentirse un poco más ligera.
Tal vez reír vuelve a ser más fácil.
Tal vez el mundo deja de verse tan gris.
La infancia no se fue.
Solo se quedó esperando a que volviéramos a mirarla.

CONTACTO FB: https://web.facebook.com/profile.php?id=100050476023776
CONTACTO IG: https://www.instagram.com/_fercuueto?igsh=MWExaTd3bWg4azRzag%3D%3D




