Columna: SEMBRANDO CIENCIA
Por: Dra. en C. Sandra Blas-Yáñez; Dr. en C. Juan Martín Talavera-González.
¿Alguna vez te has preguntado quién hace posible que exista el pulque?
No es solo el tlachiquero, ni la tradición, ni siquiera el maguey por sí solo. Detrás de cada gota de aguamiel se esconde una historia silenciosa que ocurre cuando cae la noche, entre flores y en el aire: la historia de los polinizadores.

Un gigante que florece una sola vez
El maguey pulquero no es una planta cualquiera. Es una especie clave en México, no solo por su profundo valor cultural, sino también por su historia evolutiva. Nuestro país es el centro de origen y diversificación del género Agave, con más de 135 especies, muchas de ellas únicas en el mundo. Durante miles de años, estas plantas han acompañado a las comunidades humanas, ofreciendo alimento, fibras, medicina y bebidas tradicionales como el pulque. Pero hay algo que lo hace aún más extraordinario: el maguey es monocárpico. Esto significa que florece una sola vez en toda su vida. Durante años (a veces entre 8 y 20) acumula energía para un momento decisivo. Cuando finalmente florece, emerge el quiote, una imponente estructura que puede alcanzar varios metros en pocas semanas… y después, la planta muere. Es, literalmente, un “todo o nada”. Toda su existencia está destinada a una sola oportunidad: reproducirse.
El secreto de la diversidad genética

Cuando el maguey florece, ocurre un proceso fundamental: la polinización cruzada. A diferencia de muchos cultivos intensivos, el maguey necesita que el polen viaje de una planta a otra. Este intercambio genera variabilidad genética, que es la base de su supervivencia. ¿Y por qué es tan importante? Porque la diversidad genética permite que las poblaciones se adapten a cambios ambientales, resistan plagas y enfermedades, y mantengan su productividad a largo plazo. Sin polinización cruzada, el maguey pierde su capacidad de evolucionar. Y sin diversidad genética… simplemente no hay futuro. Los verdaderos aliados del maguey

Los principales polinizadores del maguey no siempre se dejan ver. Muchos trabajan en silencio durante la noche: los murciélagos nectarívoros. Especies como Leptonycteris recorren grandes distancias siguiendo la floración de los agaves, llevando consigo el polen de una planta a otra y conectando paisajes enteros. Gracias a su capacidad de vuelo, pueden transportar grandes cantidades de polen entre regiones lejanas. Este proceso no solo permite la reproducción del maguey, también ha moldeado su evolución. La relación entre agaves y murciélagos es tan estrecha que se considera un claro ejemplo de coevolución. Durante el día, otros actores también participan: abejas e insectos polinizadores que, juntos, forman una red invisible que sostiene uno de los sistemas agrobioculturales más importantes de México.
Dato curioso: un viaje que cruza fronteras
Algunos murciélagos polinizadores pueden recorrer hasta 1,200 kilómetros, desde el centro de México hasta el sur de Estados Unidos, siguiendo la floración del maguey. En ese trayecto, transportan polen de planta en planta, conectando genéticamente regiones enteras. Así, cuando un maguey florece en México… su descendencia puede estar viajando cientos de kilómetros gracias al vuelo de un murciélago.
Cuando se rompe el ciclo
Aquí surge uno de los mayores desafíos. En muchos sistemas productivos, el maguey es “capado” antes de florecer para extraer aguamiel, lo que impide que complete su ciclo reproductivo. Además, suele propagarse por hijuelos, es decir, de manera vegetativa. El resultado es preocupante: menor polinización, bajo flujo genético y reducción de la diversidad genética. Es como copiar la misma planta una y otra vez… hasta que cualquier cambio ambiental puede afectar a todas por igual.

Sembrar futuro: lo que podemos hacer
La ciencia y el conocimiento tradicional coinciden en algo esencial: es necesario encontrar un equilibrio entre producción y regeneración. Conservar al maguey y a sus polinizadores implica acciones concretas:
- Permitir que algunos magueyes florezcan
- Proteger los hábitats de los polinizadores
- Reducir el uso de pesticidas
- Promover paisajes agroecológicos
- Integrar saberes tradicionales en políticas públicas
Cuidar a los polinizadores es cuidar la diversidad genética. Y cuidar la diversidad genética es asegurar el futuro del pulque. Porque el pulque no es solo una bebida ancestral: es el resultado de una compleja red de vida que conecta plantas, animales y cultura.

Referencias
- Alfaro Rojas, G., Legaria Solano, J. P., & Rodríguez Pérez, J. E. (2007).
Diversidad genética en poblaciones de agaves pulqueros (Agave spp.) del nororiente del Estado de México. Revista Fitotecnia Mexicana, 30(1), 1–12. - Álvarez-Ríos, G. D., Pacheco-Torres, F., Figueredo-Urbina, C. J., & Casas, A. (2020). Management, morphological and genetic diversity of domesticated agaves in Michoacán, Mexico. Journal of Ethnobiology and Ethnomedicine, 16(3). https://doi.org/10.1186/s13002-020-0353-9
- Gómez-Ruiz, E. P., & Lacher, T. E. (2017).
Modelling the potential geographic distribution of an endangered pollination corridor in Mexico and the United States. Diversity and Distributions, 23, 67–78. https://doi.org/10.1111/ddi.12499



