Columna: SENTIR TIENE SENTIDO
Por: Susana Martínez Herrera*
Pablito es un niño de 9 años que cursa tercer grado de primaria. Desde hace un año, ha estado teniendo numerosos problemas en la escuela y su madre recibía quejas constantemente (“no se apura”, “no hace caso”, “no trabaja”, “agrede a sus compañeros”, “no trae los materiales” “trae la tarea incompleta”). Actualmente, lleva 2 semanas sin salir al recreo porque no termina los trabajos que le deja el profesor. Lo último que pasó fue que lo dejaron parado en el patio de la escuela porque se estaba “moviendo” durante los honores. Su madre, desesperada por tan “mal comportamiento”, decidió darle una “lección” con el cinturón para que “escarmentara”.

Tras una evaluación psicológica, se determinó que Pablito tiene TDAH. Lo que era considerado por los maestros y la madre de Pablito como una mala conducta, no es otra cosa que la manifestación de una alteración en el modo en que funciona su cerebro. Es decir, Pablito “no puede” controlar lo que le pasa y para que pueda aprender a vivir con esa diferencia necesita atención profesional y mucha ayuda de sus padres y maestros.
En numerosos casos, muchos niños no son diagnosticados oportuna y correctamente de alteraciones que pueden tener. Esto implica que el niño o niña vive una serie de situaciones dolorosas porque nadie sabe lo que tiene y los padres y maestros se empeñan en hacerlos “entrar al aro”; o sea, que actúen igual que la mayoría, considerados normales. Para evitar este tipo de situaciones, es importante conocer el modo en que se manifiesta el TDAH en nuestros hijos.
¿Qué es el TDAH?
El TDAH es una alteración que implica una disminución en la capacidad de centrar la atención, una gran necesidad de moverse e impulsividad. Es conocido como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad y se ha diagnosticado en años recientes. Esto significa que antes no se conocía el trastorno pero siempre ha existido. Así que si tú pensabas que era algo de moda, no lo es; sólo que anteriormente no se tenían los elementos necesarios para poder diagnosticar esta alteración.

Las características principales de estos niños son: se distraen fácilmente, pierden cosas constantemente, tienen dificultad para esperar su turno, hablan muy rápido o muy fuerte (o ambos), suelen mentir, se mueven en exceso, frecuentemente se accidentan y se muestran impulsivos (e incluso agresivos). En la escuela, son denominados como niños inatentos, flojos e irresponsables debido a que tienen una gran dificultad para terminar los trabajos escolares, olvidan anotar las tareas o lo hacen de modo incompleto, no cumplen con todos los materiales requeridos y “parece” que no les interesan las clases. El diagnóstico es excesivo y erróneo Lamentablemente, en los últimos años, se ha abusado de este término y se aplica para cualquier niño que muestre algunas de las características nombradas en las líneas anteriores. Es importante tener presente que no todos los niños que evidencian un comportamiento similar a la hiperactividad y al déficit de atención tienen TDAH. Muchas veces sólo se trata de alteraciones en el hogar que producen inestabilidad en los niños. Las características para diagnosticar son sólo una pequeña guía para orientar la evaluación en el menor, no son una lista para “palomear” y determinar que el niño tiene TDAH. El diagnóstico debe ser realizado por un psicólogo clínico. ¿Por qué surge el TDAH?

A la fecha, no se han determinado causas precisas del TDAH. Lo que se sabe es que existe una alteración en el lóbulo frontal (parte delantera del cerebro) y un déficit en la producción de dopamina (la dopamina es una sustancia que regula el movimiento). La alteración en el lóbulo frontal es lo que provoca la impulsividad. El déficit o carencia de dopamina es lo que ocasiona que no se pueda controlar “voluntariamente” el movimiento. Además de lo anterior, el cerebro no tiene la capacidad de focalizar la atención. Es decir, la atención está puesta en “todo” y en “nada” a la vez. Para entender esto, imagina que está encendida una pantalla y se muestra una película (como sólo es una pantalla puedes centrarte en lo que ocurre ahí); ahora imagina que hay 20 pantallas encendidas y que todas tienen películas interesantes para ti ¿A cuál le pones atención? ¡Exacto! A todas y a ninguna. Esto es lo que ocurre en el cerebro de este tipo de personas. ¿Medicar o no medicar?

La medicación sólo se determina para casos muy específicos, la mayoría de los casos de TDAH puede ser atendida en psicoterapia. Es importantísimo reconocer que el TDAH no es una enfermedad en sí, es una diferencia en el modo en que funciona el cerebro. Las personas con TDAH no están “descompuestas”, son personas con un potencial enorme para alcanzar numerosos logros; sin embargo, el desconocimiento de esta diferencia ocasiona alteraciones adicionales en los TDAH.
¿Qué pasa si no se atiende el TDAH?
Un mal diagnóstico o la carencia de éste pueden generar consecuencias muy dañinas y dolorosas para los niños que presentan TDAH. Como son niños que no entran en la “norma de comportamiento”, constantemente son evidenciados, rechazados y bombardeados con descalificativos, “contigo siempre lo mismo”, “ay ya sabemos, tú nunca lo haces”, “no sales por flojo”, “aprende de tus compañeros, ellos sí hacen las cosas bien”, “ya me tienes harta”. Esto ocasiona que los niños con TDAH crezcan con una muy baja autoestima y que busquen “fugas” para aliviar el malestar que sienten por no ser “normales”. Este tipo de fugas puede ser una adicción u otro tipo de conducta autodestructiva.

Un niño con TDAH que no es atendido tiene más probabilidades de fracasar en lo escolar y de tener relaciones personales conflictivas. El TDAH puede “desparecer” en la adolescencia o bien permanecer durante toda la vida, por tal motivo, es sumamente importante que si reconoces signos de esta alteración en tu hijo busques ayuda. Y si te reconoces como un adulto con TDAH, aún hay mucho por hacer.
Puntos clave a considerar:
- Diversidad de síntomas: El TDAH no se ve igual en todos; algunos niños pueden ser predominantemente inatentos (parecen estar «en las nubes»), mientras que otros son más hiperactivos o impulsivos.
- Fortalezas visuales: Muchos niños con TDAH tienen una gran capacidad para el pensamiento visual, la creatividad y la resolución innovadora de problemas.
- Apoyos útiles: El uso de apoyos visuales (como agendas con pictogramas o relojes de arena) es fundamental para ayudarles a organizar su tiempo y tareas.

El contenido visual es una de las herramientas más potentes para explicar el TDAH, ya que ayuda a derribar estigmas y a entender que el cerebro de estos niños simplemente funciona de una manera diferente, no defectuosa.
Te sugiero enfocarte en estos tres puntos que suelen ser muy reveladores:
- La «ceguera del tiempo«: A los niños con TDAH les cuesta mucho medir cuánto duran las tareas. Usar imágenes de cronómetros visuales ayuda a explicar esto.
- El iceberg del TDAH: Lo que se ve es la inquietud o el olvido, pero «bajo el agua» hay problemas de regulación emocional y funciones ejecutivas.
- Foco en fortalezas: No olvides incluir imágenes que muestren su creatividad, hiperenfoque en temas que les apasionan y su resiliencia.

*Psicóloga Clínica
*CONTACTO FB: https://web.facebook.com/susy.martinezherrera





