Columna: EL CINÉFILO LATINO
Por: Héctor Alejandro Serrano Ortiz*
En un México donde el cine internacional sigue peleando por cada pantalla, cada festival y cada mirada, ver y apoyar nuestro cine no es un capricho: es una obligación moral y un acto de supervivencia cultural. Porque mientras las plataformas globales nos bombardean con historias ajenas, nuestras propias narrativas corren el riesgo de quedar enterradas bajo otras que, quizás, no nos habrían conmovido de la misma forma.

Y es que apoyar a nuestros cineastas no es sólo “dar like”, o comprar una entrada; es decirles que sus voces importan, que sus grietas son nuestras grietas, que su polvo es el mismo que pisamos todos los días. Porque cuando uno de esos cineastas es de nuestro propio municipio, la cosa se vuelve casi familiar. Porque entonces ya no estamos viendo un filme: estamos mirando nuestro reflejo en la pantalla.

Sequía es un cortometraje escrito y dirigido por el brillante director temascalcinguense José Mauricio Fonseca Torres. Cuenta una historia de venganza, de sangre, de grietas que se abren en la tierra y en el corazón al mismo tiempo; una historia donde el polvo se vuelve testigo mudo, donde el agua prometida nunca llega y donde los muertos caminan más cercanos que los vivos. Es el relato de un pueblo que se seca por dentro mientras el sol implacable pinta sombras eternas sobre adobe y maíz marchito.

Esta será la reseña más personal que yo escriba, justo por esa razón: porque se la debo a mi alma temascalcinguense, a mi respeto profundo por el arte que nace de esta tierra y que, de alguna manera, me ha formado como persona y como artista. No es una crítica distante ni un análisis académico; es una carta abierta desde el corazón de quien camina cada día por las mismas calles, que conoce los mismos maizales, las mismas presas agrietadas y los mismos cielos que Fonseca pintó con luz y polvo. Porque cuando uno de los nuestros logra poner nuestro municipio en la pantalla con esta honestidad, la deuda es personal, la deuda es sagrada.

Fonseca, con Sequía, no ha dirigido un simple cortometraje: ha tallado una pieza de cine mexicano que se instala en la tradición rulfiana y garciamarquiana para luego romperla desde adentro. Lo que aparentemente es una tragedia familiar rural (un padre que busca a su hija, un asesinato por “protección”, un suicidio…) se revela como un tratado filosófico disfrazado de polvo. El guion es una máquina de precisión temporal: comienza donde termina y termina donde comienza, obligándonos a habitar ese extraño limbo en el que también están sus personajes.

Fonseca, como guionista, construye la narración exactamente como Rulfo en Pedro Páramo: el espectador llega a Comala cuando ya todo ha ocurrido. El tiempo no avanza, sino que se pliega; los saltos temporales del presente fantasma de Luis (interpretado genialmente por José Sabino) a la amistad juvenil en la cantina. pasando por el ritual de la presa, generan una “confusión a propósito”, una estrategia existencial. Como en Luvina, el pueblo en Sequía es un lugar donde las cosas ya han ocurrido, el pasado es una mentira a medias, como dice Guillermina: “El pasado es una gran mentira; los sentimientos son inútiles, son puros recuerdos… y los recuerdos son medias verdades”.

Esa atemporalidad visual (días soleados eternos, sombras marcadas, casas de adobe), convierte al espectador en otro fantasma deambulando entre grietas. La cámara no persigue a los personajes: son ellos quienes entran y salen del cuadro, huyendo de su propio destino.

La sequía es la metáfora sobre la cual se construye esta historia. La sed no se sacia con venganza, simplemente la recrudece. Cada grieta en la presa es una grieta en el alma. La sangre de Luis queda regada en la tierra agrietada, como si la sequía tuviera sed de violencia. El agua, elemento puro, sólo aparece vinculada a la madre muerta y en el ritual de la presa (ya que esto ocurre justo antes de la muerte de Citlali). El agua regresa cuando ya no queda nadie para beberla.

No hay redención. Joel mata creyendo proteger a Citlali y termina abrazando su cadáver. Luis muere gritando a medias “¡Es mi…! (¡hija!, me imagino, sería la conclusión)”, y se lleva a la niña al otro lado. La venganza no cierra nada; abre más grietas. Irene resume la cosmovisión del pueblo: “En ese páramo nada se pudre. La tierra chupa todo y lo hace agua”. Pero el agua es la vida misma. Fonseca filma la violencia con distancia precisa: tres disparos secos, sangre entre grietas y hormigas… El absurdo queda desnudo en detalles de todos los días: frijoles secos que nadie puede comer, chile con gusanos, flores marchitas que Citlali corta para un ritual inútil.

La cultura de nuestro municipio no es simple fachada; es el tejido mismo del guion. Guillermina, la abuela chamán que habla con los muertos, es el reflejo vivo de nuestras creencias más antiguas. La música tradicional que suena en el corto no es una banda sonora simplona: es el pulso de nuestras calles. Los grillos, el viento, los perros que ladran en la noche, el silbido de los maizales… son los sonidos que nos criaron, los mismos que yo escucho cuando salgo a caminar al anochecer.

El matriarcado que mueve el eje también es puro Temascalcingo. Aquí las mujeres siempre han sostenido todo: las casas, las tradiciones, la memoria… Los hombres de Sequía prolongan esa misma sequía con revólver y rencor, pero las mujeres cargan el peso invisible, se peinan frente al espejo mientras siguen hablando con los espíritus. Citlali, con su blusa blanca bordada de colores, es la inocencia que el polvo termina tragándose. Esa niña (mi alumna, la pequeña Andrea Lezama) no es aquí actriz cualquiera: es el rostro de nuestras hijas, de nuestras sobrinas, de la generación que todavía juega soñando con el fin de la sequía.

Por otro lado, lo que más me conmueve y duele, es que Sequía es un acto de amor y de duelo por nuestro municipio. Llegamos tarde a todas las pláticas, como en Pedro Páramo, porque en Temascalcingo tenemos la mala costumbre de llegar demasiado tarde a nuestra propia historia. El pueblo fantasma del cortometraje es una metáfora del Temascalcingo que vemos cuando la sequía se alarga demasiado, cuando las familias se fracturan por rencores antiguos que ya nadie sabe de dónde vinieron. La venganza no da agua, nos dice Sequía, y en nuestro pueblo lo sabemos en carne propia.

Temascalcingo es tierra de artistas. Para mí siempre lo ha sido. Velasco lo fue. Mauricio lo es. Yo me considero un artista, los artesanos son artistas, los actores, el teatro, la música. Temascalcingo es una cuna de arte. Aquí, donde nuestro valle se abre como un lienzo, el arte no es un “hobby”: es una forma de supervivencia. José María Velasco pintó estos mismos cielos despejados y estas mismas sombras para que el mundo entendiera la grandeza de nuestro paisaje. Hoy, Mauricio Fonseca, un hijo de esta tierra, toma esa misma luz y la convierte en cine. Sequía, para mí, no es sólo un cortometraje, es la continuación natural de ese mismo legado. Es Temascalcingo contándose a sí mismo.

Por eso esta reseña no es distante ni académica. Es de vecino a vecino, de artista a artista. Temascalcingo ya no necesita que el mundo lo descubra: nosotros mismos nos estamos reconociendo. Y Sequía es la prueba viva de que aquí, entre presas y maizales, sigue naciendo arte que trasciende fronteras, festivales y tiempos. Un cortometraje grandioso, sí. Pero, sobre todo, nuestro. Un retrato honesto de quiénes somos cuando la sequía nos come por dentro. Imperdible para cualquiera, pero para los nuestros… es espejo, orgullo y deuda de alma.

Al final, cuando Guillermina mira a la nada, entiendo el milagro y la tragedia: el agua regresó, pero sólo para los muertos. Y nosotros, vivos, seguimos aquí, en el lienzo de Velasco que ahora respira y sangra. Gracias, Mauricio, por esta carta filmada a nuestro pueblo, por recordarnos que, aunque la sequía amenace, aquí seguimos creando, resistiendo y soñando con lluvia. Esta reseña te la debía, paisano. Y se la debo también a cada uno de los que caminamos estas tierras con el alma agrietada pero llena de arte.

Ver el cortometraje online: https://tv.apple.com/es/movie/sequia/umc.cmc.3l0zdfdlumkcecbnwd3ys06rp?l=ca
https://www.primevideo.com/-/es/detail/Sequia/0GPHDIEA0CUVND0MAT3WXS0E25
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