JUSTICIA PARA PATY: UN GRITO CONTRA LA VIOLENCIA EN JOCOTITLÁN
Por De la Redacción
Jocotitlán, Estado de México, 8 de marzo de 2026 – En un país donde la violencia contra las mujeres se ha convertido en una epidemia silenciosa, el caso de Patricia Hernández Espinoza, conocida como Paty, nos sacude una vez más. Esta joven de 32 años, originaria del barrio de Santo Domingo en Jocotitlán, Estado de México, desapareció el 1 de marzo de 2026. Apenas unos días después, el 4 de marzo, su cuerpo fue hallado sin vida en un terreno baldío cerca de la Unidad Deportiva municipal, a escasos metros del centro de la localidad. Lo que comenzó como una alerta de desaparición se transformó en un presunto feminicidio, investigado con perspectiva de género por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM). Pero este no es solo un número en las estadísticas: es una vida arrebatada, una familia destruida y una comunidad que exige respuestas.
Jocotitlán hoy está herido, está indignado y está cansado. El feminicidio de Paty no es solo una noticia más; es un recordatorio brutal de que, en el Estado de México, las mujeres siguen viviendo bajo la sombra del miedo. Según reportes oficiales, Paty fue vista por última vez en su barrio, y aunque su ficha de búsqueda se emitió el 3 de marzo, el hallazgo de su cuerpo llegó un día después, en medio de una oleada de casos similares que han encendido las alarmas en la entidad.
No vamos a aceptar silencio. No vamos a aceptar indiferencia. Como bien lo expresa el manifiesto que circula en redes y comunidades locales: "Y mucho menos vamos a aceptar que este crimen se resuelva con un chivo expiatorio para calmar la presión social". Exigimos una investigación seria, transparente y sin encubrimientos. Queremos las autoridades en las calles, no solo en conferencias de prensa. Queremos que se señale a quien se tenga que señalar, que se construya un inventario de culpables ni fabricando historias para cerrar expedientes. Pero también exigimos algo más: seguridad real para nuestra comunidad. Queremos caminar tranquilas. Queremos volver a casa con vida. Nuestras hijas, hermanas, madres y amigas deben salir seguras.
Paty tenía sueños, tenía familia, tenía amigos, tenía una vida por delante. Su nombre merece respeto, su historia merece justicia real. Que nadie se equivoque: cuando una mujer es asesinada, no solo se traiciona a una víctima, se traiciona a toda una comunidad. Hoy levantamos la voz por Paty. Por su familia. Por todas las mujeres que merecen vivir sin miedo. Jocotitlán no va a olvidar. Jocotitlán no se va a callar. Y Jocotitlán va a exigir justicia hasta que la verdad salga a la luz y los verdaderos responsables paguen por este crimen. Porque la justicia no se negocia. Porque la vida de Paty importa. Y porque ni una más debe faltar.