Columna: CON LETRA DE LEY
Por: Rubén Alejandro Domínguez Bernal*
La trampa del futuro

Durante años se ha repetido una frase que, aunque bien intencionada, encierra una trampa generacional, “Los jóvenes son el futuro del país” la afirmación parece elogiosa, sin embargo, al situar a la juventud exclusivamente en el futuro, se le excluye del presente, y en política, quien no está en el presente, no decide.

En México, a la juventud nunca se le ha negado la palabra, lo que históricamente se le ha negado es el momento. El momento de incidir, de decidir, de construir políticas públicas desde la responsabilidad y no desde la expectativa.

¿Edad o principios?

El debate suele plantearse en términos de edad y experiencia, se afirma que gobernar requiere tiempo, madurez y trayectorias consolidadas, que la juventud debe esperar su turno, pero la historia política y social demuestra que los grandes cambios no han sido exclusivos de generaciones veteranas. Han sido impulsados, cuestionados y acelerados por jóvenes que decidieron participar.

Reducir el papel de la juventud a una aspiración futura equivale a debilitar la democracia presente. La participación política no es un privilegio que se adquiere con los años, es un derecho que se ejerce con preparación y convicción.

Una generación consciente

La juventud contemporánea enfrenta un escenario particularmente complejo, estudia y trabaja al mismo tiempo, emprende en contextos adversos, sostiene familias, se informa y se organiza.

No se trata de una generación incapaz o indiferente; Se trata de una generación consciente de las condiciones que la rodean y de la necesidad de intervenir en ellas, la pregunta entonces no es si los jóvenes deben participar, sino qué ocurre cuando no lo hacen.

El espacio que no se ocupa, se cede

En política, el espacio que no se ocupa se cede; y cuando se cede, otros determinan prioridades, agendas y decisiones que impactarán directamente en el rumbo colectivo. La participación juvenil no puede reducirse a una cuota generacional.

No se trata de sustituir generaciones, sino de compartir responsabilidades; el acceso a espacios públicos debe estar respaldado por preparación, ética y compromiso, no por moda ni por discurso simbólico.

Democracia y ética pública

La verdadera transformación política no depende de la edad de quienes gobiernan, sino de la calidad moral con la que ejercen el poder, la ética pública es el factor decisivo.

Una democracia no se fortalece por rejuvenecer sus rostros, sino por renovar sus principios. En este contexto, vale recordar la célebre reflexión de John F. Kennedy:

No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país.”

La juventud no es promesa, es presente

La juventud mexicana no enfrenta una utopía. Enfrenta una responsabilidad, si el futuro ha de construirse, no puede edificarse desde la espera, sino desde la participación informada, crítica y ética.

La democracia no es un espectáculo que se observa desde la distancia; Es una tarea que se ejerce, y en esa tarea, la juventud no es promesa, es presente.

No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país.”

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*Abogado miembro de la firma jurídica Incógnita Legal 📖

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