Columna: DESDE LA BANQUETA
Por Gabriel Escalante Fat*

“Quien no ayuda, estorba”.

Quintiliano,

educador hispanorromano del siglo I.

                Contraviniendo la sana costumbre institucional y ética de los expresidentes de México, quienes el mismo día en que entregan la banda presidencial dejan de participar activamente en política, alejándose de los reflectores y guardando un relativo silencio mediático —con sus puntuales excepciones, desde luego—, el nefasto López Obrador sigue manteniendo una enorme influencia en las decisiones y el estilo de gobernar de su heredera, Claudia Sheinbaum, quien al parecer no sólo llegó con todas, sino con un alacrán posado en su espalda.

                Después de ganar una elección presidencial, el candidato electo solía dejar claro —explícita o tácitamente— que debía su triunfo al partido, al pueblo que salió a votar y, desde luego, a sí mismo. Basado en ese trípode, el presidente electo empezaba a consolidar lo que sería su proyecto de gobierno, desde meses antes de tomar posesión del cargo. Sanas costumbres que no habían sufrido alteración notable, hasta que fue el turno de dejar la presidencia a AMLO, el hombre más ávido de poder que nos ha gobernado en los últimos cien años.
               Sin resignarse a dejar de ser el protagonista de la vida pública en México, López nunca dejó a Sheinbaum disfrutar su triunfo y asumir el control de su propio proyecto. Siempre insinuó que los 36 millones de votos obtenidos por su pupila —cifra sin precedentes— no habían sido obtenidos por la candidata, sino que eran la ratificación de la confianza al “movimiento”, a la 4T, que, desde luego, el creó y encabezaba.

                Y todo habría estado bien si sólo se hubiese tratado de una cuestión de egos y asignación arbitraria de méritos. Pero López fue más allá: decidió acompañar a Claudia a su gira nacional, en la que tradicionalmente el presidente electo agradece a los electores, ratifica su triunfo y le toma el pulso al país. No, en esta ocasión, la señora Sheinbaum llevaba chaperón: al viejo que se despedía, pero que al mismo tiempo ratificaba su condición de líder de este régimen que nos mal gobierna desde 2018.

                Y para atar más de manos a la presienta, López dejó enquistados en el nuevo gobierno a personajes clave, que le reportan a él, sólo a él y a nadie más que a él:
Adán Augusto López
                Adán Augusto López, hasta hace unas semanas líder de la fracción de Morena en el Senado, inmerso en numerosos escándalos que van desde enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, hasta el presunto manejo de un cártel del crimen organizado.  La presidenta no pudo sacarlo de la Cámara Alta hasta que, después de muchos jaloneos, consiguió que renunciara a su cargo como coordinador parlamentario.
Alejandro Gertz Moreno
                Alejandro Gertz Manero, cuestionadísimo fiscal de la República nombrado por AMLO, quien ha obstaculizado acciones legales emprendidas por la Presidencia.  Apenas el 27 de noviembre, Sheinbaum consiguió su renuncia a la Fiscalía, a cambio de la embajada ante el Reino Unido.
Rosa Icela Rodríguez
                Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, ha sido una incondicional de AMLO. Es tradición que el responsable del manejo de la política interna del país sea una persona de absoluta confianza del presidente en turno. Una licenciada en periodismo que durante los últimos cuatro años del sexenio de AMLO fue secretaria de Seguridad Ciudadana, es decir, la responsable de coordinar la estrategia de “abrazos, no balazos”.
«Andy» López Beltrán

                Andy” López Beltrán, hijo de AMLO, quien, aunque no está en el gabinete de la presidenta, fue colocado como una incómoda cuña en el comité directivo de Morena, con vistas a hacerse de una carrera política propia. Representa los ojos, oídos y boca del expresidente.

Zoé Robledo
              Zoé Robledo, ratificado director del IMSS, con mayor protagonismo y poder que el secretario de Salud, David Kershenobich, muy respetado en las comunidades científica y médica y mucho más apegado a la presidenta que el chiapaneco Robledo.
Marx Arriaga Navarro
                Marx Arriaga Navarro, uno de los parásitos más perjudiciales del régimen, responsable el sexenio pasado del diseño de los libros de texto gratuitos, afines a la Nueva Escuela Mexicana, que desdeñan la ciencia, privilegian la ideologización y están plagados de errores.  Este personaje, incondicional de la ex no-primera-dama, mostró su miseria humana al negarse a dejar su oficina después de haber sido destituido. Permaneció cien horas atrincherado, lapso durante el cual firmó la plaza para 105 profesores afines a él, dejando un pesado pasivo laboral a la Dirección a su cargo hasta el pasado 17 de febrero.

                Pero el estorbo del expresidente no se concreta a los funcionarios que dejó insertados en la administración claudista. También afectan sus escasas, pero muy difundidas intervenciones en medios, como su presencia en las urnas durante la elección del Poder Judicial del Acordeón y el lanzamiento de su más reciente libro “Grandeza”, atestado de falsedades históricas a conveniencia de su particular forma de pensar. No cabe duda que su “escritor fantasma” —quizá Pedro Salmerón— obedece al patrón, aunque eso signifique mentir descaradamente.

                Y la mosca en el mojón: hace pocos días, ante la ejecución extrajudicial de “El Mencho, el criminal más buscado del mundo y muy probablemente el más sanguinario de nuestro país, la jefa del ejecutivo se vio en una disyuntiva muy compleja. Después de casi 24 horas de silencio presidencial, tuvo que salir, junto al secretario de la Defensa y al titular de la Secretaría de Seguridad, a dar los pormenores del operativo contra Nemesio Oseguera, en mi opinión, la acción más contundente en contra de la delincuencia en los últimos siete años y tres meses.

                La presidenta declaró que la estrategia de seguridad se mantiene sin cambios, basada en atender las causas y cero impunidad. Afirmó que se busca la paz y no la guerra, diferenciándose de políticas anteriores y asegurando que las fuerzas federales actuaron dentro de la ley. Y remató, como no podía faltar, con una referencia al expresidente que, según la 4T es el culpable de todas nuestras angustias y todos nuestros quebrantos: “La estrategia no se va a calderonizar, ¡Nunca, imagínense, qué diría: Dios nos libre!”

                Sin embargo, el secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla, desde ese mismo pódium, dijo, al referirse al mismo operativo: “El resultado ha sido producto de una estrategia que se implementó a partir del primero de octubre”, refiriéndose, indudablemente a la fecha en que la nueva administración entró en funciones.

                Por último, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana y víctima de un atentado ordenado hace siete años por el hoy delincuente muerto, al dar el saldo preliminar de sangre del operativo —8 militares, 25 elementos de la Guardia Nacional, un custodio, un elemento de la FGEJ, una civil y 34 delincuentes fallecidos— concluyó: “México cuenta con instituciones sólidas y un Estado que actúa con determinación”.

                Sin dejar mi postura crítica hacia un régimen cuyo objetivo primordial es perpetuarse en el poder, reconozco que este operativo podría ser el parteaguas que diera principio a una etapa de combate frontal al crimen organizado, que ha llevado desgracia e incertidumbre a millones de familias mexicanas.

                Quiero ver ese actuar con determinación del Estado.

                Quiero que Claudia Sheinbaum se quite de una vez por todas el estorbo que le impide gobernar de acuerdo a sus propias ideas y convicción y que nos demuestre que una mujer puede ser tanto o más capaz que un hombre en la conducción de un país.

EL FUNERAL

                El colofón al operativo del domingo 22, en esta ciudad en la que vivo hace 26 años, da para algunas reflexiones.
                Me dice una persona de mucha confianza, que el domingo 1 de marzo, los propietarios de la Funeraria La Paz (situada en una colonia de clase media, al oriente de Guadalajara) fueron avisados telefónicamente que el domingo llegaría el cadáver de una “persona muy importante”, para ser velado en ese establecimiento.  Horas después, un grupo armado “tomó” la funeraria, desconectó los teléfonos de la misma y confiscó provisionalmente los celulares de todo el personal, poniéndolos bajo sus órdenes.

                El área fue rodeada por vehículos de la Guardia Nacional y del Ejército, sumando, según estimaciones, hasta 100 efectivos.
                Cientos de personas con cubrebocas y lentes oscuros se hicieron presentes, mientras numerosas ofrendas florales (se habla de cientos) iban llegando, sin cintillo que las identificara, en las siguientes horas.
                El lunes 2 de marzo, un aparatoso convoy de carroza, vehículos de alta gama y del ejército, cruzó la ciudad de oriente a poniente, hasta el cementerio Recinto de La Paz, en Zapopan, a un kilómetro de la Base Aérea Militar, en donde un féretro de bronce enchapado en oro (Batesville Promethean Coffin), cuyo precio es de alrededor de 700,000 pesos, fue sepultado al ritmo de música de banda que incluyó narcocorridos y otras canciones populares.

                Se dice que la presencia de militares y guardias nacionales fue para proteger a la población civil en caso de algún hecho violento alrededor del funeral, y les creo.

                Pero ¿Esa era la mejor forma de cerrar el mayor logro anti crimen bajo el régimen de la 4T?

                ¿No tendría que avergonzarnos, tanto al Estado como a la ciudadanía, permitir en nuestras narices un homenaje como el que se da a un héroe o a un ídolo, dedicado a un personaje que ha sumido en el luto a millares de personas?

                ¿No habría sido pertinente —y hasta necesario— un homenaje a los guardias y militares caídos en acción, con la presencia de la presidenta de la República?

               En este aspecto, el Estado Mexicano quedó muy chiquito.


Guadalajara, Jalisco, marzo 04, 2026.

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