Columna: COLABORADOR INVITADO
Por Alejandra Castillo*
A los padres y madres de familia que saben —aunque no lo digan— que su hijo no “trabaja”, que su hijo está armado, que su hijo cobra por intimidar, que su hijo vive de la violencia:

Esto también es con ustedes.

Porque no empezó ayer. Empezó el día que llegó con dinero que no pudo explicar… y no preguntaron. El día que cambió de amigos… y no investigaron. El día que dejó la escuela… y no insistieron. El día que llegó con un celular nuevo, con tenis caros, con una moto, con un carro… y ustedes prefirieron el beneficio a la verdad.

Empezó cuando lo toleraron. Cuando lo justificaron. Cuando dijeron: “al menos ayuda en la casa”. Cuando el miedo o la comodidad les ganó… y lo aplaudieron en silencio.

Ese dinero no es un “apoyo”. No es un “trabajo”. No es una “oportunidad”.

Es dinero manchado con: -el secuestro de alguien que no regresó, -la extorsión de un negocio que cerró, -el asesinato de un inocente que iba camino a su casa, -la bala perdida que dejó a un niño sin padre, -la farmacia quemada donde alguien necesitaba medicina, -la tienda incendiada donde trabajaba una madre para pagar la escuela de sus hijos.

Cada peso que entra por esa puerta sale de la sangre de otra familia.

México no se pudre solo por quienes jalan el gatillo. Se pudre también por quienes:

- voltean la cara,
- aceptan el sobre,
- disfrutan la despensa,
- presumen el carro,
- callan cuando saben.

Ustedes vieron las señales. Ustedes supieron cuándo dejó de ser “un muchacho travieso” para convertirse en alguien que hace daño. Y, aun así, lo permitieron.

Hoy todavía pueden hacer lo correcto.

Denunciar no es traicionar: es dejar de ser cómplice. Entregarlo no es dejar de amarlo: es intentar salvar lo que queda de su vida y la de otros.

Porque mientras lo protegen a él, están desprotegiendo a todos los demás: a los vecinos, a los trabajadores, a los niños que juegan en la calle, a las familias que solo quieren vivir en paz.

El silencio también mata. La tolerancia también dispara. La aceptación también incendia.

Y cada día que callan, el país, los estados y los municipios, pagan el precio.

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