Columna: TURISMO Y TIEMPO LIBRE
Por Rocío Salazar Sánchez*
El tiempo es un recurso no renovable; se le considera tan valioso como el oro. Sin embargo, mientras podemos obtener más oro, ¿podemos obtener más tiempo? El tiempo no se acumula, no se compra ni se regala. Pero sí podemos aprovecharlo, disfrutarlo, compartirlo y entregarlo con amor a quienes realmente lo valoran. Es tan preciado que incluso vale la pena cuestionarnos con quién lo compartimos. Aunque ese podría ser otro tema de conversación, lo esencial aquí es reflexionar en cómo el tiempo puede jugar a nuestro favor. Con todo mi deseo, espero que este artículo contribuya a lograrlo.

En la carrera de Turismo se estudia durante varios años la materia de Tiempo Libre. Es sencilla de comprender, pero difícil de explicar, y aún más complicado es lograr que la gente tome consciencia de su importancia para el bienestar personal.

El turismo surge como una forma organizada y socialmente valorada del uso del tiempo libre, orientada a descanso, ocio, recreación, bienestar, enriquecimiento cultural, contacto con la naturaleza, desarrollo personal.

Por ello, el turismo se considera una expresión social del tiempo libre, con impacto económico, cultural, ambiental y social.

En el ámbito del turismo, el tiempo libre se entiende como aquel que está fuera de toda obligación laboral, social, personal, académica, entre otras. Todos lo tenemos, aunque a veces parezca que no.

Invito a las y los lectores a tomarse un momento para analizar cuánto tiempo libre poseen realmente. ¿Quince minutos? ¿Media hora? ¿Una, dos o más horas? La cantidad no importa: lo esencial es identificarla. Una vez hecho esto, pregúntense: ¿Qué hacen con ese tiempo?, ¿cómo lo emplean?, ¿les favorece o simplemente se escurre entre los dedos como el agua?

Lo ideal es que el tiempo libre se utilice en actividades que generen placer, descanso y desarrollo personal e integral. Actividades que estén verdaderamente ligadas a aquello que disfrutan.

Aquí entra la teoría de la recreación: el tiempo libre es fundamental para el desarrollo humano, porque lo que hacemos en él nos “vuelve a crear”. Nos reconstruye, nos energiza, estimula nuestra creatividad, refuerza nuestra autonomía y nos brinda la libertad de disfrutar la vida. Ser conscientes de ello puede marcar un cambio profundo en nuestra existencia.

El turismo existe en parte para eso: para ofrecer espacios donde las personas puedan descansar tras un año laboral intenso, recuperarse después de un periodo de estrés o enfermedad, o simplemente maravillarse al conocer otros lugares y culturas.

En mis colaboraciones para esta revista deseo resaltar lo que aprendí de Atlacomulco en ese sentido. Sus parques y espacios naturales han sido clave para la convivencia y celebración comunitaria. El lienzo charro, por ejemplo, era un espacio icónico donde se realizaban fiestas tradicionales. Pero también lo es comer una torta de nata junto al kiosco, caminar por los portales, disfrutar los desfiles en la cabecera municipal, participar en las fiestas parroquiales o bailar en las celebraciones populares. Todo ello es un claro ejemplo de cómo las comunidades crean oportunidades para que las familias aprovechen su tiempo libre.

Los invito a reflexionar sobre cómo disfrutan —o no— de ese tiempo libre en su vida cotidiana, y cómo podrían hacerlo de manera más constante. Ese beneficio se reflejará en su salud y bienestar personal y familiar.

También sería valioso considerar cuánto tiempo invertimos hoy en redes sociales o dispositivos tecnológicos sin obtener un beneficio real. ¿Es bueno permitir que el tiempo se vaya así de fácil?

Pensemos en aquello que verdaderamente nos hace sentir bien, completos, renovados. Es un ejercicio de autoconocimiento que con frecuencia dejamos de lado. Conocernos a nosotros mismos es uno de los actos más valiosos para identificar los caminos que nos elevan y aquellos que nos detienen. Esto nos ayuda a elegir mejor lo que es bueno para nosotros.

Si estamos bien, quienes nos rodean también lo estarán: nuestra familia, nuestra comunidad… y, poco a poco, podremos contribuir al bienestar de un país tan hermoso como México.

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